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Cambiazos

10 agosto, 2014

Estos días leí que el líder de Esquerra Republicana de Cataluña, Oriol Junqueras, ha afirmado que el caso de la familia Pujol es fruto del autonomismo. Estoy seguro de que muchos centralistas pensarán lo mismo. No estuvo afortunado el señor Junqueras. Es verdad que, cuando se está en la primera fila de la política o de las tertulias, hay que tener una explicación para todo y en todo momento, aunque no es obligatorio que sea siempre la misma. Cuando los enemigos del Estado Autonómico critican el gasto que supone, pocas veces reparan en el ahorro que reporta a cierto sector de la sociedad: el ahorro de tener que pensar. Si las arcas del Estado tienen déficit, sostienen algunas personas: la culpa es de las autonomías. Si algunos miembros de la familia Pujol se corrompen, para esas mismas personas u otras distintas, la culpa es de las autonomías. Si “los jóvenes responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros”, como dicen que decía Sócrates, la culpa será, cómo no, del Estado Autonómico, retroactivamente, claro está. Ahora bien, ¿es un ahorro no tener que pensar en buscar una explicación a todos esos fenómenos? Pues, si lo es, y para algunos lo es, también ese ahorro debería computar en las balanzas fiscales. Seguro que se equilibraban bastante.

Decía Sánchez Ferlosio que vendrán años más malos y nos harán más ciegos. Y parece que la cosa es así. Lo peor de la crisis no es el daño material, que es insoportable para demasiadas personas, sino el daño moral que le está haciendo a nuestra sociedad. Hay personas para las que la indignación convalida cualquier razonamiento, por falso que sea. Nuestra democracia padece un cierto déficit cognitivo, debido al cual se suele aceptar cualquier explicación siempre que involucre a alguno de los sospechosos habituales, sea la mal llamada clase política, el Estado de las Autonomías, los independentistas, la casta, el déficit fiscal, o lo que sea. Lo importante es que esa explicación, ya que no puede darnos la satisfacción que da la verdad, nos de al menos el sucedáneo de satisfacción que da la agresión a lo que tememos o desconocemos. Y ahora resulta que, para el señor Junqueras, la corrupción de Pujol se va a deber a las ligaduras institucionales de Cataluña con el resto de España.

Habitualmente nos pasamos el tiempo dando el cambiazo en los debates. Convertimos los problemas económicos y políticos en problemas morales. Por ejemplo, la crisis se reduce a una estafa, y eso nos ahorra tener que pensar soluciones económicas a un problema económico, de modo que bastaría con poner buenas personas al frente de los asuntos económicos para que fluyera la prosperidad y el empleo. También, al contrario, convertimos los problemas morales en problemas políticos, y si alguien oculta una fortuna en Suiza la culpa es del Estado Autonómico o de la casta, y no de esa persona, que resulta ser poco menos que una víctima. En la larga noche del cabreo generalizado de la sociedad española, casi todos los razonamientos son pardos. Y así nos va.

Publicado en el Diario SUR el 10 de agosto de 2014

One Comment
  1. 10 agosto, 2014 13:44

    va en aumento creciente mi necesidad proyectual de una “playlist” tuya de apoyo a modo de “readings” cada vez que doy rematada tus reflexiones dominicales… con una referencia prescrita por artículo creo que sería suficiente: para esta ocasión habría que recomendar alguna introducción al estudio comparativo de las secantes y las tangentes como figura de perpetrar la ideomorfología de un núcleo difuso… (conviertes la didáctica en un mix gozoso entre el buceo, el skate y el surf aunque lo presentes de campo a través!, gracias)

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