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De urnas y terapias

13 julio, 2014

Dicho en términos formales, hoy doscientos mil afiliados del PSOE están llamados a las urnas para dar su parecer sobre quién deberá ser elegido secretario general por los delegados que acudan al próximo congreso extraordinario. En términos reales, quien salga elegido hoy será el secretario general dentro de dos semanas. Quien se ha presentado alguna vez a una elección sabe bien lo que significa el día de las urnas. Así que uno no puede dejar de pensar en los candidatos, en sus familias, en sus equipos, en todos los que los han apoyado, desde la firma de un aval hasta el activismo más comprometido. Hoy es el día de la espera y la esperanza; el día de la alegría o la tristeza al final de la jornada. Y todo eso depende de la suma de miles de decisiones individuales y libres. Porque, a pesar de todo lo que se diga de nuestras democracias, pocas acciones en nuestra vida personal o social son tan libres como el voto en urna. Ciertamente llegamos a la urna, como llegamos a todas las decisiones de la vida, condicionados por poderes asimétricos, por informaciones insuficientes o sesgadas, por mil elementos, pero, a diferencia de las restantes decisiones, el voto secreto nos permite un reducto de libertad que no es fácil encontrar en ningún otro espacio de la vida. Y eso casi siempre hace impredecible el resultado y, a los más concernidos, les permite ironizar sobre la fiesta de la democracia. Así que, los candidatos socialistas y las personas que los rodean y trabajan con ellos, tendrán hoy un día largo y extraño, uno de esos días que uno recuerda a lo largo de su vida en sus detalles más nimios, detalles muchas veces banales, sin sentido, pero que se quedan adheridos a la memoria para siempre.

Forma parte de la tradición de la izquierda decir que lo importante son los programas, y que los liderazgos son lo secundario. Sin embargo a lo largo del tiempo he aprendido que los liderazgos, que las personas, importan mucho en la política. De igual modo que, siendo la ley igual y los hechos los mismos, la sentencia varía bastante según sea el juez que juzgue los hechos y administre la ley. Con todo, pertenezco a la tradición de la izquierda, y creo que el liderazgo es un vector, como la jeringuilla que transporta el medicamento de su cápsula al cuerpo del paciente. Sin jeringuilla el medicamento no sirve, pero el medicamento es esencial.

Hace poco leí, a prisa, el titular de un periódico de los más importantes del país. Decía que, a pesar de sus indiscutibles cualidades, Alfredo Pérez Rubalcaba se va porque no ha sido capaz de poner orden en el PSOE. Me pareció muy injusto, porque el PSOE es un partido ordenado, responsable y disciplinado como el que más. Quizá lo importante, tanto como las cualidades del líder, sea acertar en la terapia. Pese a la opinión apresurada de quienes escribieron el titular al que hacía mención más arriba, lo que el PSOE necesita no es un liderazgo que lo meta en vereda, sino el liderazgo que lo devuelva al camino de la esperanza para sí mismo y para España.

Publicado en el Diario SUR el 13 de julio de 2014

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