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Rituales democráticos

25 mayo, 2014

Se acabó la campaña de las elecciones europeas. Hoy es día de votaciones, recuentos y análisis. Después de treinta y siete años de democracia los rituales deberían producirnos cierta tranquilidad: las imágenes de los candidatos yendo a votar a primera hora, las cifras de participación, las especulaciones sobre quién dará la cara según hayan sido los resultados para unos u otros partidos, las reacciones de los militantes y simpatizantes, los gritos de alegría de los que han sacado un escaño inesperado y la decepción de los que han sacado algunos menos de los que esperaban, las explicaciones de los líderes, las tertulias televisivas con la colorida infografía de los resultados. Esos son algunos de los rituales que encontraremos a lo largo del día de hoy, rituales de la democracia.

También encontraremos, no obstante, a comentaristas y creadores de opinión que se quejen amargamente de esa repetición, que aborrezcan esos rituales. Es lo que se lleva, hay mercado para su triste mercancía. Parece como si estar cabreado fuera lo ético y estético, como si mirar el mundo con cierta comprensión, y no con un absoluto rechazo, fuera vulgar o ingenuo. Ciertas élites no están todavía hartas de estar hartas. Necesitan hartarse más. Y seguirán arrugando la nariz ante la vida, despreciando esto y aquello, a éste y aquél, hasta que la gente se harte. Entonces, cuando la gente se harte de estar harta, esas élites cambiaran su rollo, y alabaran todo lo que ahora desprecian. Pero no porque hayan vuelto a la cordura, sino porque toca.

Me gustaría invitar al amable lector o lectora de esta columna a no esperar; a apreciar con afecto e ironía, con comprensión y distancia crítica, los rituales políticos y democráticos de estos días de elecciones. Los que somos de campo fuimos educados en una cultura del tiempo circular y de la repetición, dos cualidades que no están reñidas con el cambio, la evolución y el progreso.

A lo largo de estas tres décadas y media de democracia, en el ciclo repetitivo de las legislaturas, fueron apareciendo hospitales, centros de salud, universidades, pensiones y subsidios, infraestructuras culturales y de transporte, y el país avanzó ante la mirada insatisfecha de los satisfechos. A pesar del hastío de esas élites que tanto reciben y solo dan quejas, a pesar de su constante invitación a la decepción y al desánimo, lo cierto es que nuestro mundo habrá cambiado a partir de esta noche. Mañana por la mañana, cuando salgamos a trabajar apenas sentiremos nada, pero poco a poco, conforme pasen los días, los meses y los años, recibiremos impactos en nuestras vidas cuyo origen estuvo en este último domingo de mayo de 2014. Nuestro voto, o nuestra abstención, serán nuestra modesta pero inevitable aportación a ese cambio. Porque uno puede abstenerse de votar, pero no puede evitar influir con su abstención en el resultado electoral, de igual modo que uno no puede abstenerse de influir con su vida personal en la historia de todos. Haber nacido es lo que tiene.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 25 de mayo de 2014

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