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Vuelve, don Quijote

4 mayo, 2014

No hace mucho leí una entrevista a un experto internacional en educación en la que afirma que “España tiene mucha población sobrecualificada”. Con todo el respeto, creo que el mencionado experto, en mi modesta opinión, no está sobrecualificado. Sinceramente no me parece muy inteligente afirmar que nos sobra inteligencia.

En todo caso, podríamos preguntarnos si nuestras cualificaciones están adaptadas a las demandas de los empresarios, aunque también cabría preguntarse si tenemos unos empresarios adaptados a las cualificaciones de la población española. ¿Sobran ingenieros o faltan empresas tecnológicas? Hace unos días los responsables en España de una conocida empresa tecnológica coreana me contaron que su empresa tiene setenta mil ingenieros. ¿Se imagina el amable lector o lectora de esta columna qué sería tener en España una empresa de setenta mil ingenieros? Corea y España son los países que más han mejorado en educación en los últimos decenios, pero aquí, por lo visto, hay quien piensa que ya nos sobran ingenieros. Y eso por la simple razón de que nuestros empresarios, o nuestros financieros, no son capaces de emprender o financiar una empresa tecnológica capaz de dar empleo a setenta mil ingenieros. Y si nuestro sistema productivo, es decir, si nuestros empresarios no quieren emplear inteligencia, piensan algunos, que para qué vamos a cultivarla. No se me ocurre un razonamiento más cruel y más torpe, pero por si ya no tuviéramos suficiente con nuestra propia torpeza, la importamos en forma de consejos de expertos internacionales.

Una de las empresas tecnológicas más importantes del mundo salió adelante porque en el verano de 1998 un empresario y tecnólogo, Andy Bechtolsheim, les prestó a cien mil dólares a dos estudiantes de doctorado, Sergey Brin y Larry Page, que estaban tratando de poner en marcha un buscador llamado Google. Probablemente aquí un par de ingenieros hubieran conseguido ese dinero para comprarse un piso, pero nadie les hubiera prestado ochenta o noventa mil euros para hacer Google. No es que los fundadores de Google consiguieran el dinero a la primera, en ningún sitio atan los perros con longanizas, pero lo consiguieron. Y en eso estriba la diferencia.

No me quiero sumar con esta reflexión al pesimismo y la desesperanza tan en boga en estos tiempos, sino precisamente lo contrario. Pensar que los españoles tenemos alguna tara intelectual o moral me parece moral e intelectualmente intolerable. Esa no puede ser la explicación de nuestros problemas. Sin embargo uno tiene la impresión de que demasiadas veces vamos con el piloto automático. Que aceptamos con demasiada frecuencia ideas dañinas sólo porque son antiguas, sin pararnos a examinarlas.

Y la idea de que sobran personas con cualificación en nuestro país, de que hay demasiados universitarios, es una de ellas. Y otra de esas ideas dañinas es que debemos educar a nuestros hijos en función de los sectores en los que decidan invertir determinadas personas y no en función de sus talentos y vocación. Vuelve, don Quijote, y dinos como al Caballero del Verde Gabán. (*)

Publicado en el Diario SUR el 4 de mayo de 2014

(*)Recuerdo aquí lo que le dice Don Quijote a Don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán, cuando se queja amargamente de que su hijo quiere ser poeta:

“–Los hijos, señor, son pedazos de las entrañas de sus padres, y así, se han de querer, o buenos o malos que sean, como se quieren las almas que nos dan vida; a los padres toca el encaminarlos desde pequeños por los pasos de la virtud, de la buena crianza y de las buenas y cristianas costumbres, para que cuando grandes sean báculo de la vejez de sus padres y gloria de su posteridad; y en lo de forzarles que estudien esta o aquella ciencia no lo tengo por acertado, aunque el persuadirles no será dañoso; y cuando no se ha de estudiar para pane lucrando, siendo tan venturoso el estudiante que le dio el cielo padres que se lo dejen, sería yo de parecer que le dejen seguir aquella ciencia a que más le vieren inclinado; y, aunque la de la poesía es menos útil que deleitable, no es de aquellas que suelen deshonrar a quien las posee”.

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