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Magdalena y la jueza de corazones

16 marzo, 2014

Hace unas semanas dediqué una columna a discutir la idea de que, en una democracia, el pueblo, o más exactamente, la mayoría, tenga automáticamente la razón. En buena lógica lo que tiene la mayoría es el poder. La razón puede tenerla la minoría y seguirá siendo una democracia. Lo bueno de las convenciones es que nos ahorran el esfuerzo de pensar, claro que también es lo malo.

Un día se me ocurrió defender a un diputado del PP de una agresión, afortunadamente simbólica, de un ciudadano mediático. No compartía la posición del diputado del PP, pero no podía permanecer indiferente al ataque, injusto y falto de respeto, que le había hecho aquel ciudadano. Me encontré que una persona me reprochó públicamente que, siendo diputado, me hubiera atrevido a criticar a un ciudadano de a pie. Extraña convención, pensé, que permite que un ciudadano insulte a una persona que ha sido votada libremente por miles de personas, y que otra no pueda reprochar educadamente al agresor sus malos modos, por la única razón de haber sido también votada por miles de personas.

Lo mismo ocurre con las actuaciones judiciales. Resulta que se ha establecido la convención de que no se pueden criticar. No ya las sentencias, sino cualquier actuación de un juez. No es el caso de las acciones del gobierno o las leyes del Parlamento, da igual si han sido aprobadas por un voto de diferencia o por amplio consenso; se entiende que debemos acatarlas, pero se entiende también que pueden ser criticadas legítimamente, por muy democrático que sea su origen.

Es verdad que, en apoyo a esa convención, hay algunas razones doctrinales para proteger a la justicia de la crítica democrática, pero ese privilegio debería hacerla más vigilante de su propio poder. Especialmente cuando las decisiones judiciales afectan a poderes democráticos. Es más, en buena lógica democrática, las cosas deberían ser más bien al contrario. Procesar a un representante de los ciudadanos tiene consecuencias no solo para su persona, sino para la colectividad. Conozco más de un caso en el que el Tribunal Supremo ha absuelto, con todos los pronunciamientos favorables, a representantes políticos que fueron condenados en instancias judiciales provinciales o autonómicas. Con sus sentencias, a veces con una imputación que no llegó a acusación, esas instancias no solo cambiaron dramáticamente las vidas de esas personas, sino que alteraron injustamente el destino democrático de las comunidades en las que tales personas ejercían su liderazgo. ¿Prevaricaron esos jueces?

Está demostrado científicamente que al igual que los profesores calificamos los exámenes de forma diferente antes y después de comer, también las comidas, pero no solo las comidas, influyen en las sentencias de los jueces. El Consejo General del Poder Judicial debería estar atento a los hábitos alimenticios, pero no solo alimenticios, de algunos jueces que, como la reina de corazones de Alicia en el País de las Maravillas, sentencian, no ya antes de haber comido, sino antes de haber juzgado.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 16 de marzo de 2014

One Comment
  1. 17 marzo, 2014 23:36

    Si bien es cierto que el respeto hacia las demás personas es parte del juego democrático, no por ello deja de ser más cierto que quien gana con un programa electoral lleno de mentiras y con compromisos para incumplir como:
    1.- recortes fuera de programa
    2.- políticas que empobrecen a la gente corriente.
    3.- políticas para tutelar a las mujeres en sus derechos.
    4.- políticas con criterios para que la educación se convierta en un privilegio.
    5.- políticas con criterios para que la sanidad se convierta en un privilegio
    6.- políticas con criterios para que las pensiones se recorten.
    7.- políticas con criterios para recortar la atención a personas con minusvalías
    8.- políticas con criterios para recortar las becas.
    9.- mensajes que tratan a todas personas paradas como vagas o maleantes.
    10.- políticas con criterios para que el IRPF salgan perjudicadas la gente corriente.
    11.- políticas que gastan miles de millones para reflotar a la banca con el dinero de la ciudadanía.
    12.- políticas que incrementan el IVA que perjudica a las personas con menos ingresos.
    13.-políticas con criterios para que ningún banquero pueda ingresar en prisión, ya que caso de suceder se abre expediente al juez que se atreve a realizarlo. Ej.- caso Blesa
    14.- políticas con criterios que recortan drásticamente los derechos de expresión de la ciudadanía
    14.- políticas que prohíben los escraches, cuando es la expresión de la manifestación para defender los derechos.
    Y un largo etc.,
    Entonces termina sucediendo que mientras la gente corriente se empobrece, pierde sus derechos y libertades, l@s representantes de la cámara de diputad@s y del senado del Gobierno del PP se dedican a legislar recortando los derechos y libertades de la ciudadanía, simple y llanamente porque sus votos se lo permiten
    Estimado José Andrés respetar a quien no te respeta es admitir que toda la sangría social que hace el PP, desde que gobierna, tiene la complacencia de la ciudadanía, entonces entraríamos en la falacia de un pseudo Estado Social y de Derecho, en oposición a lo consagrado por la Constitución es española.

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