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El primero de la promoción

26 enero, 2014

No hay persona informada que no haya escuchado o leído la tesis de que los partidos tienen un sistema de selección negativa de sus dirigentes. Es decir, que son los peores los que llegan arriba, mientras que los mejores se quedan abajo. En realidad, si uno sigue la línea de puntos del razonamiento, cabría concluir que los mejores no se quedan abajo, sino fuera de los partidos, criticando su funcionamiento. Porque, desde el punto de vista de estas personas, entrar en un partido ya es una forma de empeorar. Y así nos va, con los mejores de nuestra sociedad trabajando de médicos, profesores, o de tertulianos en medios de comunicación, mientras que las más altas magistraturas del Estado están en manos de gente totalmente inadecuada.

Hace casi un cuarto de siglo, un amigo, el primero de su promoción, que ahora es profesor de Economía en Harvard, me contó que un catedrático de su Facultad le dijo que Felipe González no era el primero de su promoción. Creo que aquel catedrático solo pretendía desanimar a mi amigo de su vocación política: solo quería hacerle ver que, efectivamente, en política ser el primero de la promoción no es garantía de llegar a nada. Sin embargo, hay gente que cree, de verdad, que si en lugar de Adolfo Suárez, Felipe González o Rodríguez Zapatero, hubiéramos tenido a los números uno la Facultad de Económicas no habríamos tenido las crisis de los ochenta, comienzos de los noventa y la actual.

Viene esto a cuento de las informaciones que hemos conocido estos días sobre los empresarios más ricos de 2013. Resulta que en tercer lugar mundial, y en el primer lugar entre los europeos, está el dueño de Inditex. Sorprendentemente no se trata, como esperarían algunos, de un catedrático de economía, sino de un señor que se puso a trabajar en una tienda a los catorce años. Por cierto que, el más rico de la lista, el fundador de Microsoft, tampoco fue el primero de su promoción, sino que abandonó los estudios antes de acabar. Sin embargo, nunca he escuchado decir, en serio, que son los peores empresarios los que triunfan. Y en algunos casos sería tan justo decirlo de los empresarios como de los políticos.

Lo cierto es que no hay oposiciones para empresario como no las hay para político, porque los dos se enfrentan a una realidad siempre nueva, para la que no hay un temario preestablecido del que te puedas examinar. Te preparas la economía y te toca el nacionalismo. Nunca se sabe. Al menos, nunca se sabe todo.

Sin duda el conocimiento experto es bueno tanto en la economía como en la política, pero ya vemos que no es una garantía de éxito. Quizá, y en ocasiones, detrás de la denuncia de que son los peores los que llegan a la cúspide de la política, se esconda también la justificación de una ambición política fracasada, o no reconocida, de algunos que ni siquiera consiguieron ser el primero de su promoción. Están verdes, dijo la zorra.

Publicado en el diario SUR el 26 de enero de 2014

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