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Más cerca de Finlandia

8 diciembre, 2013

Esta semana se ha hecho público el Informe PISA. Una magnífica oportunidad para hablar mal de nosotros que algunos no podían dejar pasar. Por supuesto que lo hacen con la mejor intención. Cuando titulan: «España a la cola», «España estancada», lo hacen para espolearnos, no para desanimarnos. Y si decimos que en equidad estamos bien, entonces titularán: «Iguales en mediocridad», para que quede bien claro lo malo de lo bueno, no sea que nos vengamos arriba y vayamos a creer en nosotros mismos. Seguro que sin ningún fundamento, pero siempre he creído que hay una relación entre el recuerdo de que España fue un imperio y la condición de cenizo de cualquier compatriota. En cuanto se le pone la mirada de Felipe II, yo me digo, «la hemos fastidiado». Y es que comparado con el brillo del Imperio, cualquier conquista, cualquier logro de la sociedad española, parece una fruslería.

Si uno dice que en 1977, el 75% de los jóvenes con edades comprendidas entre los 26 y los 30 años solo tenían estudios primarios o menos, y que ahora esa cifra es del 8%, debería ser un motivo de satisfacción por lo conseguido por nuestro sistema educativo, y también de estímulo; pero comparado con las posesiones de Cuba y Filipinas, a algunos les sabe a poco. Si uno dice que en 1977, en la misma franja de edad, el porcentaje de titulados universitarios era del 8% y que ahora es del 24%, cualquiera diría que, en pocas décadas, nos hemos convertido en otro país. Sin embargo, para algunos, ese otro país en el que nos hemos convertido, es una profunda decepción, porque a eso de las diez de la noche se pone el sol en verano. Y en tiempos de Felipe II, no se ponía ni en invierno. Nada consuela a estos compatriotas que tuvieron la desgracia de nacer cuatrocientos años tarde.

En este informe PISA, España está en matemáticas a la altura de Italia, un poco por encima de Suecia o Estados Unidos, y un poco por debajo de Francia o Gran Bretaña. Estamos en el pelotón de la media de la OCDE. Mi amigo y condiscípulo José Saturnino Martínez suele decir, comentando los resultados de PISA, que si la media de la OCDE fuera 180 centímetros, los españoles mediríamos 179. Es un poco exagerado acusarnos de enanismo por un centímetro. Claro que ese centímetro de menos, para la España Imperial, es una afrenta insoportable, que no puede enjugar ningún mérito realizado en los últimos treinta años por nuestro sistema educativo.

Cuando Finlandia era el faro educativo mundial, Julio Carabaña, mi maestro, y de José Saturnino Martínez, decía que ni los propios finlandeses estaban muy seguros de las razones de su éxito. Siguen teniendo un resultado envidiable, pero desde 2009 a 2012, los finlandeses han caído 22 puntos en matemáticas. Y nosotros hemos subido uno. En eso estamos más cerca. Pero en lo que de verdad se han acercado a nosotros es en cómo explican algunos finlandeses el descenso que han sufrido. La verdad es que esos finlandeses merecerían ser españoles, imperiales, claro.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 8 de diciembre de 2013

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