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Militancia independiente

24 noviembre, 2013

El pasado viernes compareció, ante la Comisión de Nombramientos del Congreso de los Diputados, Álvaro Cuesta; abogado, militante socialista y buen amigo. Álvaro tiene una voz poderosa, que siempre ha puesto al servicio de los más vulnerables. Si uno cierra los ojos y lo escucha puede imaginarlo en una asamblea en el ágora ateniense, eso sí, defendiendo las posiciones del partido de Pericles. Durante muchos años Álvaro Cuesta ha sido diputado y, como diputado, ponente en decenas de leyes, portavoz en la Comisión de Justicia y Presidente de la misma. El viernes comparecía en calidad de candidato a vocal del Consejo General del Poder Judicial. Bajé a oírlo: la misma voz, la misma pasión política, y una misión algo distinta a las que protagonizó tantas veces en esa misma sala, la sala Constitucional del Congreso.

Digo algo distinta, porque también en esta ocasión su misión consiste en defender los intereses generales y en hacerlo en nombre del pueblo. ¿Cuáles son los intereses del pueblo en lo que respecta al Consejo General del Poder Judicial? Fundamentalmente el tener una justicia que no pueda ser capturada por ningún interés particular. El CGPJ no es un órgano judicial, no juzga ni emite sentencias; sencillamente gobierna a los jueces.

Hace 28 años, en 1985, los diputados discutían la ley del poder judicial, uno de los más brillantes, Juan María Bandrés, defendía la elección de los consejeros del CGPJ por el Parlamento, pues todos los poderes en una democracia deben emanar del pueblo. Y salvo elección directa, es el Parlamento el que está legitimado para elegir los órganos de gobierno de los poderes ejecutivo y judicial.

“¿De quién le pueden venir influencias a un juez? Pues le pueden venir del propio Consejo General del Poder Judicial o de alguno de sus miembros; le pueden venir, lo que es más frecuente, del Ejecutivo,(…); le pueden venir del Legislativo (…); le puede venir la influencia de una potencia extranjera (…); le puede venir de un poder fáctico; Ie puede venir de la Iglesia, por ejemplo; le puede venir también esa influencia de sus amigos, de sus compañeros de Partido político, si lo tiene -aunque ya sabemos que los jueces, en principio, no pueden pertenecer a Partidos políticos-, pero los jueces, lógicamente, tienen ideologías, como tantas veces hemos explicado; le puede venir la influencia de sus vecinos, de sus familiares, de sus amigos, de personas con las que tenga vínculos afectivos. Podría seguir la escala todavía (…)”.

Bandrés, que era un hombre de izquierdas, no hacía, en su lista, ninguna referencia explícita al poder económico, ni al poder mediático. Dos poderes que han crecido enormemente en los últimos treinta años. Dos poderes que no emanan del pueblo, y que, en tanto que poderes, se mueven en el ángulo ciego de la democracia.

Al terminar su comparecencia, Álvaro Cuesta dijo algo así como: “no es a la injerencia del Parlamento a lo que más debe temer el Poder Judicial, sino a la de otros poderes no democráticos”.

Me alegré de que un hombre que durante tanto tiempo representó a los ciudadanos forme parte del órgano que protege la independencia de los jueces. Álvaro dijo algo más, dijo que defendería la independencia de los jueces como siempre lo ha hecho: militantemente.

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