Skip to content

Soldado con escoba

17 noviembre, 2013

Recién llegados al campamento nos formaron y nos fueron asignando tareas. A los que les dijeron que tenían servicio de policía se alegraron. Se veían con sus cascos blancos, paseando por los bares de soldados, luciendo el uniforme ante las chicas. De los muchos años de internado, conocía bien la otra acepción del término policía. Intuí que los militares les tenían reservado a aquellos émulos de Richar Gere una sorpresa filológica y una decepción sociológica. En efecto, el trabajo que les había caído no era el de policías, sino el de basureros. Un trabajo muy digno, naturalmente, pero con un uniforme menos bonito y lejos de las miradas de las chicas. Así que cuando los vimos con las escobas, los mismos que los vieron ir con envidia se rieron con ganas al descubrir que en castellano policía significa también limpieza.

Me acordé de esta anécdota el pasado martes yendo al Congreso de los Diputados. Al salir del metro me encontré con una señora que trabaja en los servicios técnicos de la Cámara. Y mientras caminábamos desde Sol hasta la Carrera de San Jerónimo, comentamos el lamentable estado de las calles después de varios días de huelga en el servicio de limpieza. La mujer comentó: «dicen que van a pedirle al Ejército que limpie todo esto». Y sin darme tiempo a decir nada, añadió: «claro, que eso no va a ayudar a los trabajadores de la limpieza a que tratan de defender sus empleos y sus salarios, porque esta es la forma de presión más fuerte que tienen».

Asentí. Y pensé en la asimetría entre las formas de presión de los barrenderos y las de los dueños o los ejecutivos de las empresas cuando defienden sus intereses ante el poder político democrático. Las élites económicas presionan con una amable sonrisa, sentadas en un buen restaurante, preguntándote por la familia, como si fueran tus amigos de siempre. Como si. Pero si no cedes, si no transiges, si no te pliegas, entonces llenan tu nombre y tu honra de basura.

Un día compras el periódico y te encuentras un mensaje en la portada, un mensaje a dos o tres columnas dirigido a ti personalmente. No hace falta que la basura sea tuya, ni siquiera es necesario que sea basura, basta con que lo parezca. Y en la noche de la desconfianza hacia los poderes democráticos todo parece basura. Da igual que sea la denuncia tramposa de tu adversario ante la justicia, que una imputación mal fundada que acaba en nada, o que sean unas palabras metidas entre comillas, pero sacadas de contexto. Da igual. El cinismo, de propios y extraños, esparcirá toda esa miseria como el viento distribuye la basura por la ciudad. Y entonces, leyendo el periódico y los insultos de algunos espontáneos que comentan las noticias, reconoces la presión del que vino a tu despacho con amables palabras y documentos, con gráficos a todo color, que explicaban cuántos trabajos iban a crear y cuánto dinero se iba a ahorrar el erario público. Ellos tienen el palo, por si no comprendes sus gráficos, pero no es el palo de una escoba.

Publicado en el diario SUR el 17 de noviembre de 2013

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: