Skip to content

La vida de Merkel

27 octubre, 2013

Siempre he pensado que el espionaje está sobrevalorado. Los Estados y las organizaciones se gastan una ingente cantidad de recursos en espiarse entre sí y dentro de sí; cuando, si tuvieran un poco de paciencia, se podrían enterar de todo sin tanto esfuerzo. Tarde o temprano la gente lo cuenta todo; y si alguien no cuenta algo, se lo lleva a la tumba, por más espías que le pongan. Pero esto último ocurre muy pocas veces, lo normal es que te enteres enseguida de todo lo que te interesa y sobre todo de lo que no te interesa.

Normalmente cuando alguien espía a alguien es porque ya sabe lo que está haciendo. Recuerdo el caso del espionaje entre los dos bandos del Partido Popular en la Comunidad de Madrid. Es evidente que si se espiaban entre ellos era precisamente porque se conocían muy bien, no porque no supieran lo que estaban haciendo. Han pasado unos años, pero ya vamos sabiendo qué es lo que sabían ellos y por qué se espiaban. Y, si estamos vivos, como solía decir mi abuela, terminaremos por saberlo todo.

La canciller Merkel vivió los primeros treinta y cinco años de su vida en la extinta República Democrática Alemana (RDA). De hecho vivió allí hasta la caída del muro de Berlín. En aquél país la policía política, la STASI, estaba compuesta por cien mil agentes, además de contar con doscientos mil informantes. La soberbia película de Florian Henckel von Donnersmarck, «La vida de los otros» cuenta cómo funcionaba aquél sistema. Con la caída del muro, aparecieron los informes de la STASI sobre las personas que fueron vigiladas y sobre sus actividades opositoras. Para muchos aquellos informes fueron un elemento de orgullo, como antes lo habían sido de persecución. De la canciller Merkel no apareció ningún informe. Más bien lo que sabemos es que estuvo afiliada a las juventudes comunistas de aquél país y que no debió dar ningún problema al régimen.

Lo que no hizo la STASI, lo han hecho los servicios norteamericanos. Y eso es inquietante, porque si bien no parece que fuera peligrosa para el sistema comunista, da la impresión de que los guardianes del mundo libre sí la encuentran digna de vigilancia. Creo que tienen razón, hay que vigilarla de cerca; pero no hay que ponerle micrófonos ocultos, ella lo cuenta todo delante de las alcachofas de los medios de comunicación. No oculta su falta de formación económica, sus prejuicios xenófobos, su nacionalismo alemán, su fundamentalismo neoliberal. Lo hace con la misma candidez con la que militaba en las juventudes comunistas. Ella es así.

Por cierto, que el personaje que en la película de Donnersmarck hace de espía, descubre, mientras vigila la vida de los disidentes a la dictadura de Honecker, todas las miserias del régimen para el que trabaja. Espero que el presidente Obama esté descubriendo las de su sistema de inteligencia, porque no merece la pena el coste que está pagando para saber lo que ya sabemos todos los europeos de la señora Merkel.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 27 de octubre de 2013

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: