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Entrevista para la revista El Siglo

15 octubre, 2013

 El martes 1 de octubre, Luis Eduardo Siles me hizo la siguiente entrevista  para la revista EL Siglo.

—Qué perfil debe tener el PSOE después de la Conferencia Política?

—Yo creo que el PSOE, la izquierda en general y la política deben reconocer que los problemas complejos tienen soluciones complejas. Que las ideas cuesta producirlas: tiempo y recursos. Y lo que me gustaría del PSOE es que confíe más en sí mismo. Que confíe en lo que es. Que no se arrugue al primer contratiempo. Que en lugar de pedir perdón, pida justicia. Prefiero ser juzgado a ser perdonado sin un juicio justo. Y en la justicia también quiero tener derecho a la defensa. El PSOE tiene que defender lo que ha hecho. A veces les digo a los compañeros: “¿Qué te parece si antes de rendirnos intentamos defendernos dos o tres minutos en combate?”. Antes de afirmar: “No vimos venir la crisis”, tú dices: “Voy a mirar las previsiones de marzo de 2008 de los principales economistas de nuestro país”. Entonces compruebas que no preveían la crisis. No la veían venir. Para nada. ¿Han salido ellos, los representantes de la ciencia económica, a pedir perdón a la ciudadanía, a decir nos equivocamos? Nooo… Han dejado que se lo trague una persona, que es el culpable de todo: José Luis Rodríguez Zapatero. Y si lees a algún Premio Nobel de Economía, te dice: nadie lo vio venir. Nadie. Y tú te saltas todo eso e insistes: “Perdón, perdón, perdón, que no lo vi venir”. Pues quizás los socialistas estamos confundiendo a los ciudadanos porque a partir de pedir tanto ‘perdón, yo soy el culpable, lo siento, lo siento’, hemos dejado finalmente la economía en manos de unos tipos que son habilísimos para el negocio pero absolutamente negados para la economía. Tenemos una derecha en el poder muy buena para sus negocios pero que no resulta una buena gestora de la economía.

—Entonces, ¿está siendo injusto el propio PSOE con Zapatero?

—Mire, creo que en el fondo y en la superficie, a Zapatero se le quiere mucho en el PSOE. Cuando en alguna ocasión lo acompaño o coincido con él, veo actitudes muy cariñosas hacia Zapatero, de mucho afecto y de empatía hacia él. El problema es que nos falta coraje intelectual para decir: “Un momento, ¿de qué se nos acusa? Discutamos un rato”. “No, es que ustedes los socialistas no pincharon la burbuja”. Eso es una metáfora. Porque, ¿en qué consiste realmente pinchar una burbuja en términos económicos? ¿Cómo se pincha? ¿Cuándo? ¿Y quién estaba pidiendo en aquel momento pinchar la burbuja? Porque nadie planteó una solución. No la conocemos. Hay un problema cognitivo. Ahora parece que todo el mundo vio venir la crisis. Menos Zapatero. Yo creo que una cosa que debería hacer el PSOE es defenderse. Pedir una revisión del juicio. Porque la condena ya está. La estamos cumpliendo día a día. Y por desgracia la condena nos ha pillado a todos. A los socialistas y a 46 millones de ciudadanos que viven la Noche de la Marmota del 20-N de 2011. Y aquí en el Congreso todos los días es 20-N y todos los días tiene mayoría absoluta el PP durante cuatro años. Los socialistas tenemos que pedir una revisión del juicio.

—¿Está Rubalcaba deszapaterizando el PSOE?

—Si por zapaterismo se entiende el republicanismo cívico y el socialismo de los ciudadanos, ya entre los equipos de Zapatero hubo alguna incomprensión; pero si por zapaterismo se entienden las políticas de Zapatero, entonces el zapaterismo lo hicieron muchos compañeros que nunca fueron zapateristas. Las vigas maestras de los gobiernos de Zapatero fueron miembros de los Gobiernos de Felipe González. Zapatero cogobernó con Felipe González, aunque no sé si Felipe González fue consciente de ello.

—¿Tiene que abordar el PSOE una reformulación de su proyecto político en la conferencia?

—Sí, yo he insistido permanentemente en que la izquierda necesita repensar su proyecto político. La izquierda, primero, tiene que pensar la política en términos republicanos, en términos de construir una estructura de poder que sea respetuosa con la libertad de los ciudadanos. Tenemos que ganarle la partida a la derecha en la libertad. Nuestro terreno de juego es la libertad. Porque la batalla de la educación, de la sanidad pública, todo eso, la tenemos ganada al PP. Pero la libertad que defiende la izquierda es más robusta y más exigente que la defendida por la derecha. Y esa idea de una política republicana, que exige virtud cívica, valores cívicos, requiere algo muy importante, que es la valentía. La virtud primordial de la política es la valentía. Te la tienes que jugar. La política exige asumir un riesgo. No sólo basta con que tengamos una estructura democrática. Al final, tienes que arriesgar. Siempre. Y arriesgar a caerle mal al que manda, a no conseguir los votos de la asamblea. Arriesgarte a perder. Las respuestas ni son sencillas ni son fáciles. Y tienen coste. A veces un coste personal altísimo. A mí me gusta una sociedad de hombres y mujeres libres. Que no dependan de nadie. ¿Y cómo construimos esa sociedad? Pues con la socialdemocracia.

 —¿Dónde han quedado las ideas de Philip Pettit, el filósofo político en el que se inspiró Zapatero y que llegó a escribir un libro titulado Examen a Zapatero?

—Esto entra de lleno en el debate sobre la Conferencia Política. Hay un documento que irá a esa conferencia en que se menciona que resultó muy importante para nosotros como renovación el republicanismo cívico y el socialismo de los ciudadanos en la época de Zapatero. Y creo que por desgracia hubo mucha gente que frívolamente no quiso enterarse de lo que suponía Pettit. Pero por frivolidad. Y lo aparcaron, lo enfriaron. Pero lo que dice Pettit está vigente. Da una respuesta muy seria a un problema que tiene la izquierda. Que consiste en explicar quiénes somos políticamente. La izquierda no ha tenido una idea del Estado. Ha tenido una idea de la economía. Nunca nos hemos dedicado a pensar cómo organizar la política, el Estado. Y se nos nota. Hay una cosa muy importante: ¿en torno a qué valor político organizamos el poder? Y Pettit dice: en torno a la libertad. Hay mucha gente en la izquierda que se confunde y dice: la izquierda es la igualdad. Pero igualdad de qué. Pierre Rosanvallon, filósofo político francés, tiene un libro muy interesante titulado La sociedad de los iguales, que aborda en profundidad el asunto de las igualdades. La igualdad de oportunidades, en el fondo, lo que discute es la distribución de las recompensas, pero no la diferencia justa de las recompensas. Pettit plantea que la libertad consiste en no estar sometido al capricho de ningún amo. Y eso debe ocurrir en todos los poderes, no sólo en el poder político. Que por cierto es el más democrático y el más civilizado que hay en este momento en el escenario. Hay otros poderes que no son civilizados, sino salvajes. El poder del dinero es un poder salvaje. Y los medios de comunicación son un poder menos civilizado que el político, mucho más descontrolado, donde cabe más el capricho. La prensa no sólo es una libertad. Es también un poder.

—¿Debe fijar la Conferencia Política con claridad un calendario de primarias?

—La verdad es que no lo he pensado. No he pensado en nada práctico desde el punto de vista orgánico desde que acabó el Congreso Federal celebrado en Sevilla, que perdí. Desde entonces me he concentrado en la vida parlamentaria. Hay compañeros que deben estar pensado en ese tema. Yo no lo he pensado.

 —Usted acompañó a Carme Chacón en la rueda de prensa de despedida antes de que se marchara a Estados Unidos. ¿Qué le parece la decisión de Carme Chacón?

—Sí, sí, estuve allí, yo soy muy amigo de Carme. La apoyé en el Congreso de Sevilla y siento un gran afecto y admiración política hacia ella. Considero que a los políticos se les está pidiendo dos cosas: competencia y honestidad. Y creo que Carme, con su marcha, trata de satisfacer ambas circunstancias. Competencia: se ha ido a una universidad norteamericana para aprender y enseñar. Y la honestidad tiene que ver con el desprendimiento. Carme tenía un escaño asegurado para dos años más de legislatura y no ha tenido ningún problema en dejarlo, por sólo un año de contrato, y luego volverá, y ya no tendrá su escaño. Lo ha perdido. Lo ha cambiado por un año fuera, de trabajo. En alguien que tiene vocación política me parece una apuesta ejemplar. Ha hecho muy bien. Ella es una mujer con una gran proyección y me parece que a una persona con esa proyección le viene muy bien en este momento de su vida, si se le presenta una oportunidad de estas características, aprovecharla. Será bueno para ella, pero será bueno también para nuestro país tener, en el futuro, políticos como ella. Estoy convencido, insisto, en que ha hecho muy bien.

 —Hay en los post escritos por usted en su blog frases llamativas como ésta: “Hoy la corrupción sirve para ocultar las malas políticas”.

—Lo contrario de la mala política no es la moral, sino la buena política. La moral debiera ser exigible con malas y buenas políticas. La decencia, la moral y la honestidad son exigibles al que hace malas políticas y al que hace buenas políticas, una exigencia general para cualquier ideología. Y yo creo que el problema que tenemos no es un problema de moral, sino de malas políticas. Si las cosas van mal es porque tenemos malos políticos, no porque haya sinvergüenzas.

 —En un artículo sobre la comparecencia parlamentaria del uno de agosto del presidente del Gobierno para explicar el caso Bárcenas escribe usted: “Rajoy bebió la cicuta con estilo”.

—Yo soy muy respetuoso con mis adversarios políticos, lo que no quiere decir que no sea duro con ellos. En ese mismo artículo, colgado en el blog, sostengo que Rajoy ya no puede seguir al frente del Gobierno. Que está derrotado. Que cuanto más prolongue su marcha, más daño hará a la democracia, a su partido, a sí mismo y a su propio honor político. Pero reconozco que en aquel debate, el hombre, aquel trago, que era un trago muy difícil, lo bebió parlamentariamente con dignidad. Y como parlamentario reconozco cuando alguien lo hace bien. Era el pleno de Bárcenas. Ahí Rajoy bebió la cicuta. Vino al Congreso, que no quería, pero vino, y tuvo que tragarse las consecuencias de sus propios hechos.

 —Pettit también escribió que “el republicanismo no es incompatible con la Monarquía”. ¿Cómo valora el estado de la Monarquía en España?

—La Monarquía fue fruto de un pacto. Unos españoles, en el pacto de convivencia que rubricamos en 1978, establecieron: el país debe tener una Jefatura del Estado monárquica constitucional. Nosotros, los socialistas, pusimos otras condiciones. Por ejemplo: que hubiera partidos políticos, sindicatos y libertad de prensa. Cada uno de los que firmó el pacto puso sobre la mesa sus condiciones. Y la Monarquía es consecuencia de aquel pacto. Yo, como socialista, soy republicano. En el sentido de Pettit y en el otro. Pero como hice un pacto con otros españoles, me atengo al pacto y lo cumplo. Me gustaría que los otros también cumplieran su parte. Pero observo que llevan mucho tiempo torpedeándolo. El PP se ha sentido muy poco ligado a aquel pacto, porque lo rubricamos con la UCD. El PP muchas veces parece un partido que hace oposición al Gobierno y otras veces que hace oposición al sistema. Nunca se sintió del todo conforme con aquel pacto porque no fueron protagonistas en su firma. Y se les nota. Se nota al PP que son un partido de oposición, incluso cuando están en el Gobierno. ¿De oposición a qué? Al sistema. 

EL Siglo nº 1034. 7–13 de octubre de 2013

http://www.elsiglodeuropa.es/siglo/historico/2013/1034/1034pol_TorresMora.pdf

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