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Azares, libros y estocadas

8 septiembre, 2013

La vida es un azar increíble. Al menos desde la perspectiva de alguien no creyente. Que de la combinación casual de materia inerte surgiera la materia viva es una carambola tan grande que cuesta creerlo. Que de aquella combinación inicial, y después de millones de años, nacieran, por ejemplo, Michelle Pfeiffer y Daniel Day-Lewis, y que juntos protagonizaran la película de Martin Scorsese La edad de la inocencia basada en la novela homónima de Edith Wharton, es el fruto de tal cantidad de casualidades que produce vértigo.

También fue casual la forma en que me enteré de que Edith Wharton había visitado nuestro país en los años veinte del siglo pasado y que, en dos ocasiones, hizo el Camino de Santiago. Visitaba, con una delegación del la Comisión de Cultura del Congreso, el museo de arqueología subacuática de Cartagena. De camino decidimos acercarnos dando un paseo al espléndido teatro romano de esa ciudad; hablando de los hijos salió, no por casualidad, el tema de la educación. Conté que en una ocasión mi hijo y yo nos perdimos en un bosque y que mientras tratábamos de encontrar el camino mi hijo, que entonces acababa de cumplir trece años me dijo: «¿por qué no me cuentas la historia del siglo XX a través de las películas que he visto?». Así que empecé con Novecento, y de ahí pasé al Doctor Zhivago, y de ahí creo que a la primera película de la serie Indiana Jones, y así traté de ordenarle el siglo XX con las películas que él había visto, que por cierto eran bastantes, hasta que casi sin darnos cuenta encontramos la salida del bosque.

Y hablando de cine, y de películas que descubrir a los hijos, salió a relucir La edad de la inocencia. Una diputada gallega, Marta González, me contó la historia de la visita de Edith Wharton a Santiago y que ella, siendo Secretaria General de Igualdad de la Xunta de Galicia, había impulsado la publicación de un libro que recogía la edición facsímil del cuaderno de viajes de la autora norteamericana. Creo que me vio tan sorprendido e interesado que no tuvo más remedio que aparecer en el siguiente pleno con el libro y regalármelo. Una verdadera joya.

Todo regalo debe ser correspondido con otro regalo. Así que le regalé una novela excepcional que acababa de leer por aquellos días, El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. Y por un azar de la vida juntamos a la aristocracia neoyorkina de finales del XIX, con un médico colombiano asesinado por los paramilitares en 1987. Hay quien desearía que los políticos de distintos partidos nos dedicáramos todo el tiempo a intercambiar estocadas, para parecernos mejor al cuadro; pero, a veces, además de estocadas, intercambiamos libros. Mientras pensaba qué escribir para la columna de hoy mi mujer me preguntó dónde estaba El olvido que seremos y al buscarlo apareció Back to Compostela, Pensé que la feliz casualidad debía contarse y quizá algún lector o lectora se anime a leerlos si no la ha hecho ya.

Publicado en el diario SUR el 8 de septiembre de 2013

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