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Sobre las propiedades intelectuales del autobús

1 septiembre, 2013

Hace unos meses me encontré en el metro de Madrid con una estudiante de la primera promoción a la que di clase como profesor de universidad. Habían pasado cerca de treinta años. Le pregunté por su vida, por su carrera profesional, y ella me enseñó, orgullosa, una foto de su hija. De pronto me dijo: «yo sé que tú has sido diputado, pero ahora ¿dónde estás?», riéndome le respondí: «ahora estoy en el metro, como tú, y sigo siendo diputado».

Con bastante frecuencia se escuchan voces que dicen que los políticos tienen que pisar más la calle, que tienen que viajar en metro o en autobús, que tienen que estar más cerca de la gente para enterarse de verdad de lo que pasa. Son palabras que dicen lo mismo la gente de a pie que los máximos líderes, palabras que se dicen para la política y para las más diversas instituciones. Por ejemplo, hace unos días leí que hasta el Papa Francisco había dicho en Brasil «que me perdonen los obispos, pero la Iglesia tiene que salir a la calle». Antes que el Papa, los líderes políticos y los tertulianos vieran la importancia de pisar la calle, los griegos inventaron el mito de Anteo, un gigante que solo tenía fuerza mientras pisaba el suelo.

Conste que estoy muy de acuerdo con la idea de pisar la calle y todo eso. De hecho yo suelo usarla con frecuencia, la calle y la idea. Los que salimos del mundo rural para llegar a un barrio saturado de gente, sin zonas verdes ni equipamientos; los que somos hijos de la clase obrera; los que solemos usar el transporte público, tenemos, por fuerza, que defender el valor de nuestra experiencia vital. Ahora bien, tampoco hay que exagerar sobre las virtudes morales y pedagógicas de la pobreza. Que tu calle tenga aceras pequeñas y que el edificio de enfrente te tape el paisaje, y hasta la luz del día, te pone de muy mala idea, pero no te convierte en un experto urbanista. En el mejor de los casos te hace más consciente de los problemas, pero no suele ayudarte a encontrar las mejores soluciones.

La izquierda siempre tuvo un importante componente intelectual que se ha degradado bastante debido a una visión romántica y, paradójicamente, intelectualizada de la pobreza. Sentado en la biblioteca del Museo Británico, Marx nunca hubiera imaginado que, en el futuro, alguno de sus seguidores lo hubiera sacado de allí a empujones para reeducarlo en un campo de trabajo con objeto de mejorar algunos aspectos de su obra. Como buen usuario del transporte público, ya sé lo que da de sí en términos cognitivos, por eso cuando debo abordar un problema social de calado no me doy tres vueltas más en el autobús a ver si lo soluciono, sino que busco artículos, libros e informes solventes sobre el asunto. Viajar en transporte público es una solución para los problemas de movilidad, pero no ayuda a argumentar contra la política de becas del gobierno. Que, por cierto, no ha presentado ningún informe solvente para sostenerla, se ve que en los salones de las élites sociales tampoco abundan las lecturas.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 1 de septiembre de 2013

2 comentarios
  1. 1 septiembre, 2013 16:50

    No estoy ni muy en desacuerdo ni tan de acuerdo con tus palabras. Mira: hace unos días llevé a uno de mis nietos de 2 años a pasear en autobús. En realidad como no conduzco, la alternativa era taxi o autobús: para él era toda una experiencia compartir un viaje con desconocidos, para mí algo habitual. Pensaba en lo fascinante de ese viaje para él! Lo rutinario para mí. Desde luego, si no lo subo yo, sus padres no lo harán. Es la época del compartir lo menos posible. Mucha Red. Muchos amigos en FC. Pero la vida está en casa y seguimos sin conocer a los vecinos. Pero voy a otro tema: el estar en la calle, compartir la pobreza (o no) que hay en el metro y en el bus, no es romántico ni intelectual, es enriquecedor. Es estar en la realidad: es escuchar conversaciones en directo, sin filtrar, es enterarse(¿ porqué no?) de lo que pasa con las Becas, con el trabajo, con las hipotecas, y repito: sin filtrar. Pero, hay que salir a la calle, de verdad. No por recomendaciones de un manual. Hay que salir con interés de escuchar y aprender el discurso cotidiano. Ahí encontraremos más claves que en las fotitos y discursos de la Dictatorial Red.

  2. 2 septiembre, 2013 9:26

    Por supuesto que los pobres, hasta tenemos menos conocimiento, la pobreza es una de las razones. Pero al igual que hay una educación que no viene de los estudios, existe un concimiento, que nos permite gracias a la experiencia y vivencias, poder pensar, decidir y hasta proponer cambios, por lo menos igual de provechosos que los propuestos por la clase política, cua ndo lo que proponemos(los pobres), lo hacemos con buena voluntad y en interés de solucionar, y no siguiendo ideas generadas desde el interés, no general, sino del general o del capital. Es curioso que expresidentes y exministros varios, acaben de consejeros en compañías soispechosas de recibir favores de los gobiernos de turno.Telefónica, todas las eléctricas , petroleras y com pañías de gas entre otras. Hablando en los medios de transporte, ise conoce el pensamiento ciudadano, se expresan sin ningún pudor exponiendo su parecer y sus ideas. de manera expontanea, de ahí el dicho que los políticos deben `pisar la calle, puedo asegurar que les sería de gran provecho para sus decisiones.

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