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Cita, al fin.

4 agosto, 2013

El jueves los diputados volvimos a sesionar en el Senado. El pleno comenzó a las nueve de la mañana. A esa hora el sol ya está alto. Caminé buscando la sombra por las calles Princesa, Quintana y Ferraz, hasta llegar a la Plaza de España. Allí los árboles que hay frente al monumento a Cervantes daban una confortable sombra que protegía a los paseantes, casi todos turistas, prácticamente hasta la altura del Senado, mi destino. Una larga fila de periodistas hacía cola en la entrada nueva, así que rodeé el edificio para entrar por la Plaza de la Marina Española. Las furgonetas de los medios, con sus antenas, las de la policía, con sus luces, junto con la mezcla de asesores, personal de seguridad, periodistas, cámaras, fotógrafos, conductores, parlamentarios y curiosos, eran las señales visibles de un día de emociones fuertes.

Hay personas que consideran de mal tono mezclar las emociones con la política, a las que los aplausos y las interrupciones les parecen una frivolidad; pero, si al presidente no se le va el pleno de las manos, también esas interrupciones tienen su valor y muestran el temple y el ingenio del orador que está en el uso de la palabra. Nunca olvidaré que en una ocasión los diputados del PP no dejaban de interrumpir al líder de la oposición, que entonces era José Luis Rodríguez Zapatero, con objeto de desestabilizarlo y que perdiera el hilo de su discurso. La presidenta Rudi paró el discurso del socialista y le pidió a la bancada del PP que callaran. Al recuperar la palabra, Rodríguez Zapatero le dijo a la señora Rudi: «déjelos que hablen aquí, señora presidenta, ya que no pueden hacerlo en los órganos de su partido». Después de aquello, los diputados del PP se estuvieron callados un rato largo.

El pleno del jueves pasado fue, con todo, bastante respetuoso, sobre todo si se tiene en cuenta el asunto que se debatía. Naturalmente cada grupo aplaudió a su representante, y estuvo atento a los posibles errores y debilidades de los contrarios. Y hubo de todo, aplausos e interrupciones, razones y emociones, rabia y risas. La política no puede ser muy distinta de la vida, y nadie se juega su futuro personal y colectivo sin que se le haga un nudo en la garganta, el estómago o el corazón. Era un pleno muy difícil para todos, pero sobre todo para el PP. Después de resistirse cuanto pudo, el jueves, por fin el presidente Rajoy acudió a la cita que tanto había tratado de evitar. He de reconocer que Rajoy, erguido y sereno, bebió la cicuta con estilo.

Ahora la cuestión es cuánto tiempo tardará en dejar la presidencia. El PP es un partido grande y, aunque su herida es mortal en democracia, tardará en caer. Junto a esa cuestión, y ligada a ella, hay otra: ¿qué se llevará el presidente Rajoy por delante en su caída? Cuanto más tarde, más cosas importantes se llevará por delante: primero su honor personal y político; después, el poder de su partido; más tarde, la imagen de nuestro país; y, finalmente, la conciencia moral de nuestra democracia.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 4 de agosto de 2013

2 comentarios
  1. 4 agosto, 2013 9:09

    Como siempre Jose Andres tu comentario rebosa tranquilidad , sabiduria, e independencia. Es un placer leerte.

  2. 5 agosto, 2013 18:11

    Tienes toda la razón, que se llevar´`a por delante, antes de irse, seguro que se irá. La democracia no es el fuerte del PP ni de sus dirigentes, son herederos directos del franquismo, actuan y piensan como tales, esto es en dictadura, solo ver como actuan. Es m uy triste que España y los españoles tengamos que sufrir las tropelías ded este gobierno. Son maestros de la mentira y la tergiversación.

Los comentarios están cerrados.

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