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Felices y documentados

28 julio, 2013

Tengo una buena amiga, compañera en las tareas docentes, que nos contaba que un hermano suyo, bastante apasionado, solía decir cuando le pedían que se calmara en mitad de una discusión: «¡pero cómo queréis que me tranquilice con toda la información que tengo!». La frase del hermano de mi amiga es el reverso de aquel maravilloso título de un espléndido libro de García Márquez: Cuando yo era feliz e indocumentado.

Hace unos días, el Centro de Investigaciones Sociológicas publicó su barómetro del mes de junio. Preguntaba en esta ocasión por la felicidad. En sí no es una rareza de sociólogos. Cuando recibimos información de grandes desgracias, le hayan ocurrido a alguien cercano o nos enteremos por los titulares de los periódicos, nos hacemos ese tipo de preguntas o se las hacemos a otros. «¿Realmente esta vida que llevo, o que llevas, nos hace felices?». Lo raro es la manera en que hacemos la pregunta los sociólogos. Por ejemplo, este es el enunciado de la pregunta del CIS: «En términos generales, ¿en qué medida se considera Ud. una persona feliz o infeliz? Por favor, use una escala de 0 a 10 en la que 0 significa que se considera completamente infeliz” y 10 que se considera “completamente feliz”». Imagine el perspicaz lector o lectora a las personas más dispares, desde una catedrática de matemáticas hasta un jubilado sin estudios, sometiéndose a la métrica del sociólogo y diciéndole a la entrevistadora o entrevistador: «ponga un seis».

En fin, hagamos abstracción de los berenjenales metodológicos en los que nos perdemos los sociólogos, y veamos qué ocurre con las respuestas. Lo primero es comparar cómo estamos ahora con cómo estábamos antes de que comenzara la crisis. Así nos haremos una idea de cómo funciona la escala que usamos. En la tercera oleada de la Encuesta Social Europea, realizada entre octubre de 2006 y marzo de 2007, cuando todavía atábamos a los perros con longaniza, la media de felicidad de la sociedad española era de 7,6. Un notable. ¿Cuál es la media de felicidad en junio de 2013? Le sugiero al lector o lectora que haga la prueba con la víctima que tenga más a mano y le pregunte a ver qué dice. Si en la prosperidad la felicidad media era de un 7,6; en la crisis es del 7,2. Así que cuatro décimas son la diferencia entre la cima y la sima.

Pues bien, si analizamos el grado de felicidad de la población española por nivel de estudios terminados, veremos que el grado de felicidad declarada crece conforme crece el nivel de estudios del entrevistado. De manera que las personas sin ningún tipo de estudios declaran, como media, una felicidad del 6,9, en tanto que, en el extremo opuesto, las personas con estudios superiores son las que declaran un nivel más alto de felicidad, un 7,5. Seis décimas de diferencia entre los que tienen más estudios y los que tienen menos, más que la distancia que provoca una crisis.

No sé si la felicidad estará bien medida así; pero, por si las moscas, yo invertiría en educación.

Publicado en el diario SUR el 28 de julio de 2013

One Comment
  1. ANTONIO permalink
    30 julio, 2013 13:22

    Aún sabiendo que no es garantia de felicidad, la educación es lo primero. Como decián los abuelos: “el saber no ocupa sitio”.
    Un abrazo hermano.

Los comentarios están cerrados.

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