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Otro de becas

30 junio, 2013

Decía Hannah Arendt que el que tiene una ideología ya no tiene que pensar, pues le basta con deducir el mundo como desarrollo lógico de su ideología. En Los orígenes del totalitarismo, Arendt ponía algunos ejemplos de pensamiento ideológico que serían bastante exagerados para lo que queremos ilustrar en esta columna, pero que siempre concluían en «un paso lógico» que llevaba al desastre. Hace unos meses me encontré con un amigo, profesor de economía, en un acto de Economistas frente a la crisis. En un momento dado me dijo que estaba convencido de que la medida del euro por receta ayudaría a disminuir el gasto farmacéutico, porque la gente se reprimiría de comprar medicinas con tal de no pagar el euro. Cuando le dije: «pero la gente no es la que hace la receta, son los médicos, son ellos los que te dicen qué debes tomar, ¿estás sugiriendo que le cobremos el euro al médico?», me miró sorprendido, porque no había pensado en el mundo real. No es una persona de derechas, él solo es un economista «lógico». Mi amigo había visto la alacena de su madre llena de medicinas, y con eso y una buena dosis de «racionalidad económica» se había ahorrado enterarse de cómo habían llegado aquellas medicinas a la alacena de su madre. A pesar de tenerlo tan cerca, mi amigo había supuesto el mundo en lugar de asomarse para ver cómo es.

En el Ministerio de Educación les está pasando lo mismo. Se han empeñado en exigirle mejores resultados a los becarios, cuando los becarios ya tienen mejores resultados que la media. Claro que eso es la realidad, y donde esté la ideología que se quite la realidad. ¿Cómo es el mundo que imagina la cúpula del Ministerio de Educación? En resumidas cuentas se trata de un mundo habitado por estudiantes vagos e irresponsables y por contribuyentes generosos e ingenuos, y de ahí al decreto de becas solo hay «un paso lógico». Un decreto que nos receta una buena dosis de moralidad y de racionalidad económica. La racionalidad económica se resume en una idea muy sencilla: si ayudas con tu dinero a uno que saca un seis tu inversión es menos segura que si ayudas a uno que saca un nueve, luego aseguremos la inversión y elevemos las notas exigibles para dar las becas. Su moralidad también se resume en una idea muy sencilla: trabaja más niño pobre si quieres escapar al destino de tus padres y ser como nosotros. ¿Quién se va a oponer a eso? se dijeron en el Ministerio.

Para su sorpresa se les está oponiendo la mayoría de la sociedad española. Probablemente porque, si bien casi nadie niega que hay estudiantes vagos e inversiones no del todo seguras, somos muchos más los que pensamos que si construimos todas nuestras instituciones como si solo existieran ese tipo de personas nos estaremos haciendo un gran daño colectivo. Nuestro modelo educativo ha servido, por ejemplo, para que la proporción de personas entre 25 a 34 años que tienen estudios superiores haya pasado del 22% en 1991 al 39% en 2010. No creo que reducir las becas y subir el coste de las tasas de matrícula sirva para mejorar esa proporción.

Publicado en SUR el 30 de junio de 2013

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