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Fe en la ciencia y democracia

23 junio, 2013

Asistimos hoy en nuestro país a una nueva batalla de una vieja guerra. La disputa la cuenta Platón en el Protágoras. A Sócrates le llama la atención la diferencia en el comportamiento de la asamblea ateniense según se discuta sobre la construcción de barcos y edificios, o del gobierno de la ciudad. En el primer caso, cuando un ciudadano lego en ingeniería naval o en arquitectura se atreve a dar su opinión, la asamblea se ríe de él y no toma en consideración sus palabras. En el segundo caso, cuando se trata del gobierno de la ciudad, la asamblea escucha a todos por igual, sean expertos o legos, ricos o pobres, viejos o jóvenes. A Sócrates le responde Protágoras, un demócrata e íntimo amigo de Pericles. Y le responde con un mito: Zeus dotó a todos los hombres con la virtud política, pues si no hubiera sido así la humanidad, enfrentada y dispersa, hubiera desaparecido. Es evidente que la tensión entre Sócrates y Protágoras se mantiene viva veinticinco siglos después, aunque no siempre encarnada por personajes tan ilustres.

«¿Por qué tiene que valer lo mismo mi voto que el de la mujer que limpia mi despacho?», le escuché decir una vez a un catedrático de universidad. «Exactamente por la misma razón que para ser elegido rector da igual que seas catedrático de latín que de matemáticas», le respondí. Aquél catedrático nunca llegó a rector porque, frente a los que decía Protágoras, él no tenía virtud política. Zeus se había olvidado de él en el reparto.

Lo cierto es que no resulta fácil admitir de manera intuitiva un sistema político, como es la democracia, en el que los no expertos gobiernan a los expertos. En 2011 el Centro de Investigaciones Sociológicas realizó una encuesta sobre «Preferencias sobre los procesos de toma de decisiones políticas». En esa encuesta se preguntaba a los entrevistados su grado de acuerdo con la siguiente afirmación «nuestra vida política funcionaría mejor si fueran personas expertas independientes quienes tomaran las decisiones y no los/as políticos/as o la gente». El 58% de los entrevistados declaraban estar de acuerdo o muy de acuerdo con la frase, y un 22% declaraban estar en contra o muy en contra. Gana Sócrates a Protágoras por dos y medio a uno.

En esa misma encuesta se presentaba una escala del 0 al 10 a los entrevistados para ver hasta qué punto eran partidarios de que fueran los ciudadanos quienes tomasen directamente las decisiones, el valor 0 de la escala, o fueran los políticos, el valor 10. Los resultados mostraban que si se trataba de decidir sobre el aborto la apuesta era por más democracia directa, un 3,7, que si se trataba de decidir sobre la economía, un 5,6.

No deja de ser curioso que, en mitad de una crisis provocada por la desregulación de la economía, que se ha liberado del control político para quedar en manos de los expertos, estén ganando la partida precisamente los que proponen acabar con la democracia para poner el gobierno de en manos de los expertos. No hay nada menos científico que la fe en la ciencia.

Publicado en los diarios SUR y El Correo, el 23 de junio de 2013

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