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Silencio transparente

2 junio, 2013

El jueves pasado el pleno del Congreso de los Diputados debatió el «Proyecto de ley de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno». Se notaba que era un debate importante porque a las nueve de la mañana había bastante vida en el Hemiciclo. Corrillos de diputados y diputadas charlaban animadamente oponiendo esa suave resistencia a comenzar la tarea tan común en cualquier grupo humano medianamente numeroso. Finalmente el Presidente Posada nos fue animando amablemente a que ocupáramos los escaños. Me senté al lado de mi compañero y diputado por Las Palmas, Sebastián Franquis, y empezamos a seguir con atención la intervención de la Vicepresidenta del Gobierno Soraya Saénz de Santamaría.

Al proyecto se habían presentado ocho enmiendas a la totalidad pidiendo su devolución al Gobierno. Obviamente todos los grupos sabían que esas enmiendas no prosperarían, dada la mayoría absoluta favorable al Gobierno; pero las enmiendas de devolución tienen también una función expresiva: dejar muy claro que el proyecto no gusta nada a los enmendantes.

La Vicepresidenta hizo una buena intervención. Reconoció la utilidad del largo proceso de comparecencias de expertos en la Comisión Constitucional y abrió puertas a cambios importantes en la tramitación de la ley para recoger las aportaciones de los expertos y de los grupos parlamentarios. Me gustó mucho que citara a Plutarco: «¿Quién gobernará a los gobernantes?», y más aún la respuesta que dio Píndaro cinco o seis siglos antes: «la ley, rey de todos, mortales e inmortales». Una ley democrática, diríamos nosotros, una ley que nos proteja de la voluntad caprichosa de cualquier amo, mortal o inmortal.

Casi todos los portavoces alabaron el talante que mostró la vicepresidenta, sin dejar por ello de insistir en los defectos y carencias de una ley sobre la que hay grandes expectativas. La nacionalista canaria Ana Oramas dijo algo que provocó el aplauso solitario y sonoro del socialista Manuel Pezzi: que si el Gobierno tiene de verdad voluntad de transparencia empiece por contestar adecuadamente las preguntas de los diputados. Fue un momento divertido, porque aquel aplauso de Pezzi, que muchos compartíamos, nacía de uno de esos sentimientos tan verdaderos y poderosos que son capaces de atravesar los límites partidarios.

No exclusivamente por razones partidarias y de amistad la intervención de Meritxell Batet, la ponente socialista, fue la que más me gustó. Más allá del estilo riguroso y sólido que caracteriza sus discursos, sus palabras estaban preñadas de una rara esperanza, esa que un día se hace realidad. Evitó exagerar las expectativas o el rechazo, apostó por avances concretos, por mejoras tangibles. Y, sin embargo, dejó una idea general que no debiera quedarse solo en el Diario de Sesiones, la necesidad de una «transparencia de la transparencia»: «la publicación de las resoluciones que deniegan el acceso a una información y las razones que fundamenten dicha denegación». Hacer transparente el silencio.

Publicado en el Diario SUR el 2 de Junio de 2013

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