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Estampas del #25A

5 mayo, 2013

El pasado 25 de abril teníamos reunión de la Comisión de Educación del Congreso. Era el día previsto por la plataforma En Pié para llevar a cabo el asedio al Parlamento. A mi llegada, la tranquilidad en los alrededores de la Carrera de San Jerónimo contrastaba con las expectación que habían creado los medios de comunicación y las redes sociales. Si la gente hace cola días antes de un concierto de un grupo de adolescentes, tanta normalidad debió encoger el ánimo de los organizadores de una convocatoria que pretendía ser el detonante de un cambio de régimen.

Mi tarea esa mañana era formular al Secretario General de Universidades sendas preguntas registradas hacía un año. Un año había tardado el gobierno en enviar a alguien a contestar dos preguntas orales sobre su política de becas. Salí de aquella comisión con la misma decepción que me dejaron las respuestas del gobierno a una batería de preguntas escritas sobre el mismo tema. Salí también con la determinación de insistir en el asunto. La democracia parlamentaria es, a veces, insoportablemente lenta.

Entre tanto, en las alertas de correo fui recibiendo la información de los datos de la EPA, seis millones doscientos mil parados. El vértigo de las cifras del paro parece llamar a otros modos de hacer política, más rápidos. La propuesta de los organizadores del #25A se ofrecía como la solución más veloz, casi instantánea. La teoría decía que bastaba con que esa tarde acudieran cientos de miles, millones de españoles, a rodear el Congreso, para que colapsara el sistema y se acabara la legislatura, dimitiera el gobierno y renunciara el rey. Espontáneamente, el pueblo, sin intermediación de ningún tipo, se haría cargo de la situación y resolvería con rapidez y eficacia las necesidades de trabajo y justicia de la sociedad española. Cuando salí del Congreso, a eso de las tres de la tarde, los alrededores seguían igual de vacíos que cuando entré.

Los medios de comunicación contaban que, esa mañana, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología un grupo de jóvenes, que pretendían bloquear el acceso al edificio, había tenido un serio altercado con la policía. Al parecer sus compañeros habían ido a protestar al rectorado de la Complutense.

Al caer la tarde salí a correr por la Ciudad Universitaria, y cuando me acercaba al Paraninfo empecé a divisar una multitud de jóvenes, al día siguiente la prensa diría que eran más de cinco mil. Pensé «¿no dijeron que se habían concentrado en el rectorado?». Al llegar hasta ellos me di cuenta de mi error, aquello no era una protesta, sino un macrobotellón en celebración de «San Cemento» patrono no oficial de los arquitectos. Por la noche las noticias sobre el asedio al Congreso decían que apenas se habían concentrado mil personas en Neptuno. Los propios organizadores reconocían su fracaso. Unos cuantos violentos dieron la puntilla a la movilización. Por mi parte he registrado una proposición para que el gobierno ponga en marcha un sistema de indicadores de la igualdad de oportunidades educativas en España.

Publicado en el diario SUR el 5 de mayo de 2013

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