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Justicia y verdad

21 abril, 2013

Cuando queremos investigar las jerarquías sociales y las desigualdades, los sociólogos usamos las llamadas escalas de prestigio profesional. El pasado mes de febrero el CIS incluyó en su barómetro una de estas escalas. Se les pedía a los entrevistados que valoraran del 0 al 100 cada una de las siguientes profesiones: maestro/a de educación infantil, abogado/a, albañil, arquitecto/a, profesor/a de primaria, fontanero/a, juez/a, profesor/a de secundaria, médico/a, profesor de formación profesional, escritor/a, periodista, policía local, profesor/a universitario, camarero/a y barrendero/a.

Le invito a la amable lectora o lector de estas líneas a hacerse las mismas preguntas que yo les haría a mis estudiantes de Estructura Social de España, antes de mostrarles los resultados de la encuesta. Por ejemplo, ¿somos más bien igualitarios o desigualitarios a la hora de clasificar las profesiones? ¿Qué distancia esperarían que las personas entrevistadas por el CIS establezcan entre la profesión mejor valorada y la peor valorada?, teniendo en cuenta que la máxima distancia en la escala que usa el CIS sería de 100 puntos.

Los entrevistados, que son una muestra representativa de toda la población española, clasificaban las dieciséis ocupaciones en un abanico en el que la puntuación mínima eran 59,01 puntos y la máxima eran 81,58. Apenas 22 puntos de distancia, de los 100 posibles, entre la profesión menos valorada y la más valorada no parece un abanico muy abierto. Uno podría concluir que somos bastante igualitaristas y no nos gusta reconocer muchas diferencias de prestigio entre nosotros.

Seguidamente el CIS hacía esta otra pregunta: ¿si tuviera que recomendarle dos de estas profesiones u oficios a su hijo o hija, cuál le recomendaría? Aquí las diferencias se agrandan, la menos recomendada no llega al 1%, y la más recomendada sobrepasa el 46%. Exactamente la más recomendada para los propios hijos es preferida 57 veces más que la menos recomendada.

La diferencia entre ambas respuestas puede interpretarse de manera cínica o de manera más amable. Soy partidario de lo segundo. Queremos una sociedad que trate con mayor igualdad a todos, pero sabemos que la sociedad actual es bastante desigual y no queremos que nuestros propio hijos la sufran. Precisamente, por paradójico, es bastante humano todo.

Lo curioso de esta encuesta es que la profesión menos valorada por la sociedad española es la de juez o jueza, seguida por la de periodista. Deberíamos preguntarnos por qué las profesiones encargadas de proveernos de justicia y verdad son precisamente de las menos valoradas en la España actual. Aunque si uno escucha las declaraciones del director de un importante medio de comunicación afirmando que Eduardo Madina, diputado socialista, demócrata a carta cabal y capaz de jugarse la vida frente a los terroristas por un ideal de convivencia en libertad, está más cerca de ETA que del PP, entonces se comprenden algunas valoraciones. Seguramente muy injustas si las generalizamos.

Publicado en el diario SUR el 21 de abril de 2013

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