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Brillo y contraste

7 abril, 2013

Conforme pasan los años la crisis va desdibujando los perfiles y los colores de nuestra sociedad, poco a poco todo se funde en el negro del desánimo y de la rabia. Hace unos días leí en Twitter: «un catedrático es condenado a pagar 5.000 euros por plagiar la tesis de una alumna. ¡Qué país!». Me pareció un buen ejemplo de lo que nos está pasando, de los varios miles de catedráticos de nuestro país, la acción de uno solo le vale a la persona que escribió el tuit para describir no ya al colectivo de catedráticos, sino al país entero. Si aparecen dos o tres casos más, es fácil imaginar la cacería moral que se desatará sobre nuestra Universidad.

Creo que una forma razonable de combatir esta oscuridad añadida que nos trae la crisis es empeñarnos en señalar las diferencias, en buscar el brillo y el contraste que nos permitan distinguir los perfiles, que nos curen la ceguera que nos paraliza de miedo o desidia. Por eso me gustaría llamar la atención del amable lector o lectora de estas líneas sobre una interesante coincidencia que ha tenido lugar esta semana.

Me refiero a la coincidencia temporal de la comparecencia del presidente Griñán en el Parlamento Andaluz con la del presidente Rajoy ante el Comité Nacional de su partido. En ambos casos tenían que dar cuenta de sendos asuntos de corrupción. Hasta ahí la coincidencia. Ante las novedades judiciales sobre los EREs, el presidente Griñán compareció a petición propia en el Parlamento Andaluz en el primer pleno que se celebró. Por el contrario, lejos de comparecer en el Congreso para explicar el caso Bárcenas, el presidente Rajoy solo aparece ante la opinión pública a través de una pantalla de plasma.

Uno, Griñán, se expuso, en sede parlamentaria, a las críticas de la oposición. El otro, Rajoy, se expuso, en la sede de su partido, al fuego graneado de las salvas de aplausos de sus correligionarios. Es posible que haya quienes no vean la diferencia, pero la hay. He visto a lo largo de mi vida parlamentaria subir a la tribuna a presidentes y ministros, y en ocasiones me ha tocado polemizar con alguno de ellos. Hay una verdad en el momento del debate parlamentario como la hay en pocas cosas de la vida, de allí sales entero o roto, digno o dejando el rastro de tu deshonra, o de tu torpeza, en el diario de sesiones, para siempre.

Vi a Griñán subir a la tribuna con el gesto grave del que sabe que realiza un acto que tiene consecuencias para él y para todos, un acto en el que se juega su destino, pero también un acto que rompe la continuidad de las cosas, que establece un antes y un después. No es la primera vez que lo hace, y no será la última. Lo de Rajoy no fue un acto, sino una actuación, a más señas una actuación para la tele. No se acercó a los afilados pitones de la verdad, no arriesgó, no se jugó nada. No es la primera vez que lo hace, y tampoco será la última. No son iguales y, como diría Serrat, lo escribo «para que se sepa».

Publicado en el diario SUR el 7 de abril de 2013.

One Comment
  1. Josu Goñi permalink
    8 abril, 2013 0:54

    Ha llegado un momento, en que nada es trascendental si los medios deciden que no lo sea, ni tiene importancia hasta que quieran o no que la tenga, si eres el dueño de la tele, puedes poner de presidente a Jack el destripador, sin problemas, como el violador de niñas dueño en Italia de medio país, es una realidad…

Los comentarios están cerrados.

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