Skip to content

Alejandro Magno tomando un cafecito.

31 marzo, 2013

A estas alturas todos estamos convencidos de que el rescate de Chipre no ha sido lo que se dice ejemplar. Más bien parece un conjunto de improvisaciones y rectificaciones, no menos improvisadas, que dibujan un cuadro final bastante chapucero y, además, inacabado. Ante la crisis chipriota los argumentos se distribuyen en un amplio abanico. Unos se preguntan las razones que nos obligan precisamente a nosotros a ayudar a un país que él solito se metió en una burbuja financiera. Otros aducen que más vale ayudar a los chipriotas antes de que sus problemas se contagien a otros países, incluido el nuestro. Otros pensamos que siempre es mejor ser solidarios. En todo caso, a la dificultad de ponernos de acuerdo en qué debemos hacer, hay que añadir la dificultad de ponernos de acuerdo en cómo hacerlo. Sin embargo todo esto no es más que una parte del problema, concretamente la del principio, porque no tenemos una idea siquiera aproximada de cuáles serán las consecuencias de nuestras decisiones actuales.

Normalmente, ante un panorama así, una reacción bastante común es pegar un golpe en la mesa y gritar: “todos fuera”. Ahí, justo ahí, se produce el clímax en la conversación con los familiares y los amigos. “Todos fuera, eso, ¡que se vayan todos de una vez!”. Aprovechando el silencio que se crea en ese momento, el orador coge el café o la caña y bebe un sorbo. Cuentan que cuando Alejandro Magno se vio ante el famoso nudo gordiano que según la profecía abría las puertas de Asia a quien fuera capaz de desatarlo, en lugar de perder el tiempo con el nudo, lo cortó de un tajo con su espada. Lo que ocurre es que nuestros héroes de tertulia, después de haber descalificado a “todos” de un tajo, en lugar de conquistar Asia, derivan la conversación hacia el fútbol o la moral. Y es que los nudos gordianos son muy retorcidos, sobre todo los de carácter económico. Así que, para no defraudar a la parroquia, nuestros Alejandros cortan otras cosas más asequibles a su espada analítica. Con su indignación disimulan su trampa.

En mitad de todo este lío la presidenta de la Comisión de Economía del Parlamento Europeo, Sharon Bowles, afirmaba algo sensato: “En Europa no estamos cortos de talento individual, pero está claro que los mecanismos institucionales no terminan de funcionar”. Frente a lo que se dice, los europeos del presente, ni somos más tontos ni somos más inmorales que los del pasado. Lo que ocurre es que los del pasado pusieron en marcha unos mecanismos que desataron una complejidad social y económica que resulta ingobernable con las instituciones que ellos crearon para gobernarla. Así que hay que cambiarlas, pero claro, ¿en que dirección y de qué modo? Y este es el punto en el que alguien no resiste el vértigo y exclama: “se tiene que ir todos”. Y mientras nuestro héroe se bebe satisfecho un sorbo de café o de cerveza, recreándose en su contundencia moral, es posible que Asia nos termine de conquistar y acabemos teniendo los mismos derechos que un chino.

Publicado en El Correo y SUR el 31 de marzo de 2013

2 comentarios
  1. 31 marzo, 2013 11:59

    Hay un dicho que reza, “no quieras para tu projimo lo que no quieres para ti”, o algo así, esto es aplicable a lo de chipre, porque nuestros gobernantes, por calificarlos de alguna forma han estado tambiende acuerdo con la chapuza de Chipre, de hecho votaron a favor de la medidida en el Consejo Europeo, per lo mas grave es que nuestros amigos tambien lo estan, digase el comisario europeo para asuntos economicos nuestro entrañable amigo Joaquin, con amigos como este, no necesita enemigos

  2. 31 marzo, 2013 12:02

    totalmente de acuerdo

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: