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Escrache y cencerradas

24 marzo, 2013

Es curioso cómo se asocian las ideas. Al ver la noticias del escrache a algunos diputados me ha venido a la memoria una tradición, afortunadamente desaparecida, de nuestros pueblos. Las cencerradas. Una costumbre que ya conocía antes de leer el libro de Julian Pitt-Rivers sobre Grazalema. La costumbre de la cencerrada, con diversos nombres, estuvo extendida por casi toda España y en otras partes del mundo. Las cencerradas eran un mecanismo de control social. Cuando se producía un matrimonio o una unión que transgredía determinadas costumbres: un hombre mayor con una chica joven, viudos, separados, personas que vivían juntas sin estar casadas, la gente se iba a las casas de los recién casados y pasaba la noche en su puerta armando ruido, haciendo cánticos burlescos y ofensivos, humillándolos. Herían a las personas, eso sí, amparándose en la defensa de la moral. El sadismo es cobarde, necesita siempre una excusa elevada. Todavía a comienzos de los ochenta hubo alguna cencerrada en mi pueblo. Luego fueron barridas por el viento de la tolerancia que sopló con nuestra democracia.

Recuerdo con amargura una de las últimas cencerradas. Se la hicieron a un vecino de mi abuela que hacía años había quedado viudo. Él y su mujer, Diego y María, que no tenían hijos, me acogieron muchas veces en su casa, me dieron meriendas, cariño y me enseñaron a leer. Recuerdo que había una foto de su boda encima de la mesa de ala de su casa y que, años después, pude comprobar que bajo aquella foto había, oculta, otra. Una foto con una orla con los colores de la República con un jovencísimo Diego vestido con el uniforme de soldado de artillería. Muchos años después de enviudar, Diego juntó su soledad con otra mujer que también estaba sola, y hubo algunas personas que decidieron censurarlo y, de camino, pasar un buen rato de diversión a costa de dos seres humanos. Treinta y seis años de democracia han demostrado que todos nosotros, incluidos los que participaron en la cencerrada, éramos mejores que aquello.

He leído el relato que hace el diputado González Pons sobre el miedo que pasaron su mujer y sus hijos mientras un grupo de personas que protestan contra los desahucios les gritaban y golpeaban la puerta de su casa. Como en las antiguas cencerradas, quienes hacían eso lo hacían en nombre de una causa moral superior, en este caso en nombre de otro miedo, de otro dolor, el miedo y el dolor de las personas desahuciadas. Cuanto mayor es el daño o la indignidad que se hace, más alta hay que buscar la fuente de legitimidad. Siempre es así. Bien lo saben quienes han expulsado a decenas de miles de familias de sus hogares.

He coincidido con el señor González Pons durante dos legislaturas en el Congreso. He votado lo contrario que él la mayor parte de las veces. Sin embargo, en esto estoy con él y con su familia, y no estoy con quienes creen que es una buena idea socializar o repartir el dolor y la vergüenza.

El dolor no nos va a hacer mejores. Sacará lo peor de nosotros, eso sí, en nombre de las causas más nobles.

Publicado en SUR el 24 de marzo de 2013

9 comentarios
  1. 24 marzo, 2013 12:53

    Lamento en esta ocasión no estar de acuerdo contigo, mientras que la violencia física no esté presente, entiendo que el escrache el totalmente válido. Cuando los políticos no escucháis ni con 1.500.000 de votos, algo hay que hacer, ¿es que no has visto como se saca a los desahuciados de sus casas?, algunos, con los pies por delante y sabes a lo que me refiero.

    Un saludo.

  2. Jose permalink
    24 marzo, 2013 19:15

    Me recuerda la lectura del articulo, a la figura del cobrador del frac ¿ es tolerable su institucionalizacion ?

    • Ana permalink
      26 marzo, 2013 19:33

      José: la espontaneidad no se institucionaliza, se ejerce.

  3. Ana permalink
    24 marzo, 2013 19:59

    Esta vez no comparto, José Andrés. No sale lo peor de nosotros. O quizás sí: lo peor de nosotros en este momento es la Impotencia y eso está empezando a salir por los poros. Unas veces con acierto otras con poca elegancia. Y no es como nos dicen los periodistas, los benditos periodistas, que hay líneas rojas que no se deben cruzar. Estas líneas apenas son rosadas. No dejemos que la indignación cruce las rojas.

  4. baltasar permalink
    25 marzo, 2013 2:50

    “Si Garcilaso volviera,
    yo sería su escudero;
    que buen caballero era”.
    R. Alberti

  5. PAH permalink
    25 marzo, 2013 4:17

    ¡Bienvenidos a El Burgo!
    Un río limpio como pocos, multitud de arroyos que lo alimentan, montes con espesos bosques de encinas, pinsapos y pinos, calles anchas y rectas, amplias plazas ajardinadas, olivares, campos de cereales, huertas, gastronomía, artesanía y fiestas son las cartas de presentación de este pueblo, que por su emplazamiento estratégico ha sido habitado desde los constructores de hachas líticas hasta hoy, pasando por celtas, cartaginenses, romanos, visigodos y árabes.

    http://www.elburgo.es/

  6. luis alonso permalink
    28 marzo, 2013 14:35

    ¿Has visto en el cine o en la tele esas filas de gente con sus pancartas dando vueltas alrededor dela Casa Blanca, protestando por esto o aquello ante la residencia del Presidente? Pues eso también es ‘escrache’, señor mío, y además de un derecho legítimo e irrenunciable para los estadounidenses, es legal. No hay violencia en el escrache, salvo que consideremos violencia la denuncia o el abucheo. La violencia es a una familia a la fuerza de su casa porque no puede seguir pagando la hipoteca al banco. Y cómplice de esa violencia son los que, pudiendo hacerlo, no votan para impedirlo.

  7. 30 marzo, 2013 19:49

    Ayer tuvimos a Solana en la Universidad hablando de muchísimas cosas, y nos contó que cuando estaban intentando aprobar la reforma universitaria que reducía la duración de los títulos, los estudiantes tiraron piedras y huevos a su casa durante varios días. La hemeroteca lo confirma

    http://elpais.com/diario/1989/05/12/espana/610927219_850215.html

    Su comentario fue “hombre, yo creo en otra Universidad, tres huevos no me van a parar”. El defensor del pueblo se ofreció a mediar. No se habló de “escrache” ni se comparó a los estudiantes de biología con etarras. Y en ese caso hubo agresiones violentas.

Los comentarios están cerrados.

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