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La patria de la democracia

3 marzo, 2013

Leo en la prensa de estos días que un general en la reserva se ha planteado qué debería hacer el Ejército en caso de que se produjera la secesión de Cataluña. Me imagino que el hombre debe estar pasando un mal trago viendo como sus palabras se independizan de la intención con la que las dijo. Los matices, las cláusulas condicionales lógicas de su afirmación, el contexto del discurso, se evaporan en los titulares de las primeras páginas de los periódicos que lo retratan como un golpista.

Me ha tocado escribir muchos discursos políticos y decir alguno. Tuve que aprender, a veces con dolor, que cualquier frase que pueda volverse peligrosa al ser descontextualizada es mejor quitarla, por mucho valor que uno le dé. La mayor parte de la gente no tiene mucho tiempo para dedicarlo a informarse de las noticias políticas, todo debe resumirse en un titular de periódico o en una frase en un telediario. No sé cómo funcionaría un modelo de democracia directa en una sociedad compleja como la nuestra, pero incluso la democracia representativa que tengo la inmensa fortuna de poder conocer por dentro está muy condicionada por la economía de la atención. Tanto que, en algunas ocasiones, en los parlamentos se toma la decisión de votar en un sentido o en otro para evitar que los límites que impone la comunicación de masas trasladen una información que confunda completamente al electorado sobre la posición de tu grupo político.

Y lo cierto es que si el general dijo textualmente «La patria es anterior y más importante que la democracia. El patriotismo es un sentimiento y la Constitución no es más que una ley», tenía una probabilidad cercana a uno de que los medios de comunicación le titularan su intervención por ahí y que, por tanto, apareciera como un golpista. Sobre todo porque para muchas personas todavía está vivo el recuerdo de un Ejército más nacionalista que patriota.

Me explicaré utilizando una cita del espléndido libro de Maurizio Viroli titulado Por amor a la patria: «para los patriotas, el valor principal es la república y la forma de vida libre que ésta permite; para los nacionalistas, los valores primordiales son la unidad espiritual y cultural del pueblo». Entiéndase que Viroli se refiere con el término república a la comunidad política, no a la forma de Jefatura del Estado. No es justo ligar al Ejército de hoy con el del pasado, pero bien le vendría a algunos militares leer el libro de Viroli, aunque también a algunos de sus antípodas.

Los socialistas hemos creído que nuestro internacionalismo, tan lúcido y racional, nos pone por encima de esa pasión por la tierra de la que nacen el patriotismo y el nacionalismo como dos sentimientos completamente distintos; pero lo cierto es que cada vez que se ha incendiado esa pasión nos hemos dividido, como se dividieron los socialistas franceses y los alemanes a comienzos del siglo XX. Por favor, ya que no parece que seamos capaces de evitar la pasión, evitemos la pasión equivocada.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 3 de Marzo de 2013

One Comment
  1. 4 marzo, 2013 0:20

    La pasión es bonita cuando no es viral. Auinque no nos permita pensar tranquilamente, nos hace sentirnos vivos.Es peor la ignorancia, el consentimiento, el dejar hacer. Esto último lo estamos sufriendo y bien. Prefiero decir me he equivocado, al si yo hubiera hecho. Cada estoy más contento de pertenecer a Europa.

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