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La corrupción nubla sus ojos

10 febrero, 2013

Estos son días malos para los militantes, simpatizantes y votantes del PP, aunque no solo para ellos. Uno pone la televisión y ve que, incluso hasta en los canales más a la derecha, los tertulianos no hacen otra cosa que hablar sobre la corrupción en el PP, negándola en muchos casos, pero a gritos y muy excitados. Como diría Lakoff, en estos momentos la política en España está enmarcada en la corrupción y no es fácil salirse de ese marco, y menos aún salir dando gritos y haciendo grandes aspavientos.

En general los regímenes corruptos se caracterizan por no tener casos de corrupción. Es precisamente en los sistemas que no son corruptos en los que aparecen los casos de corrupción. Estos días se ha escrito mucho sobre lo violento que sería para el presidente Rajoy reunirse con la canciller Merkel, pero seguro que pocos recordaban que la canciller alemana llegó a la presidencia de su partido por el atajo de un escándalo de financiación ilegal que afectaba a Helmut Kohl, el predecesor de Merkel en el liderazgo de la derecha alemana, y a Wolfgang Schäuble, el actual ministro de finanzas de Merkel. Un escándalo que Merkel prometió investigar y no investigó.

He visto a nacionalistas catalanes y vascos afirmar en el Congreso que la corrupción es cosa de españoles. Una vez escuché decir al presidente Aznar que el PP es incompatible con la corrupción. No es verdad, en todas las naciones, partidos, iglesias, empresas, en todas las instituciones humanas puede aparecer la corrupción. El PP no es incompatible con la corrupción, pero la inmensa mayoría de los miembros del PP son personas honestas que trabajan en pos de su idea del bien para nuestra sociedad. Veo a muchos de ellos sufrir estos días en el Congreso y comprendo bien lo que sienten, porque también a los socialistas nos ha pasado en ocasiones lo mismo. La acusación de corrupción generalizada es generalmente otra forma de corrupción. La crítica a la corrupción se ha usado muchas veces como un atajo para llegar al poder.

En democracia, la política no debería medrar ni con la corrupción ni contra ella; sin duda debe ocuparse de la misma, pero para dejarla cuanto antes en manos de la justicia. Dice Daniel Innerarity que lo opuesto a las malas políticas no es la moral, sino las buenas políticas. Da la sensación de que unas docenas de corruptos les están robando la atención política y social a seis millones de parados, de que la corrupción nubla la vista a parte de la sociedad española. Mucha gente anda por ahí vendiendo moral, cuando lo que más necesitamos son buenas políticas. Lo que de verdad diferencia a los partidos son las políticas, lo que requiere inteligencia, esfuerzo y paciencia, pues los resultados suelen producirse a medio plazo. Establecer las diferencias en la mayor honestidad del propio partido, como hizo Aznar, y ahora hace UPyD, por ejemplo, es un camino más corto para llegar al poder, pero no sirve para mejorar la vida de la gente, ni siquiera para combatir la corrupción.

Publicado en SUR el 10 de febrero de 2013

One Comment
  1. Payaso! permalink
    16 febrero, 2013 7:49

    Muchas gracias por hablar de Yunquera y no olvidarte nunca de tus orígenes, que son los de muchos otros. Sé que es duro defender los valores de la democracia y del socialismo en un tiempo difícil para tantas personas, pero sé que no vas a rendirte y te animo y felicito por ello. Algunos aprovechan el sufrimiento de la gente para insultar a los representantes democráticos y para ello se amparan en el anonimato. El que no da la cara no merece ser tomado en consideración.

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