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Los ladrones del parque

27 enero, 2013

En la campaña electoral de las municipales de 2007 los socialistas malagueños, encabezados por Marisa Bustinduy, llevábamos en nuestro programa hacer un gran parque en los terrenos de Repsol. Yo me tomé aquello como un asunto personal y si alguien quiere conocer mis razones nada más tiene que asomarse al paisaje de la calle Alagón de nuestra capital. La cuestión es que cuando más seguro estaba del valor de nuestra propuesta, una persona me dijo: «un parque es algo peligroso, porque en los parques roban». Vi clara la trampa: «para que no nos roben en el parque, nos van a robar el parque».

Con la política pasa igual que con los parques. Hay quien para justificar que no paga sus impuestos dice que no está dispuesto a pagarle a los políticos, olvidando que básicamente los impuestos costean la sanidad, la educación y la seguridad de todos. Con la coartada de acabar con los ladrones en la política, hay personas interesadas en acabar con otras cosas.

Todo apunta a que el extesorero del PP se ha llevado a Suiza, por lo menos, 22 millones de euros obtenidos de manera corrupta. Y aunque la corrupción debe ser combatida de manera implacable e incesante no me extenderé dando más lanzadas a este hombre, que las tiene bien merecidas, sino que dirigiré mi atención a un asunto más grave aún. Porque si es grave que se dedicara a robarnos la cartera, más grave es que haya personas en su partido, y fuera de su partido, dispuestas a quitarnos algo más importante que unos cuantos millones de euros. Personas que aprovechan la crisis y el auge de la antipolítica para debilitar la representación democrática en los parlamentos autonómicos. Personas dispuestas a disminuir el número de concejales y así bajar el caudal de una fuente de participación y formación política esencial para nuestra democracia. Un negocio en el que algunos ya estaban antes de que unos exministros de Franco fundaran Alianza Popular.

Es un negocio particularmente deshonesto tratar de usar a los corruptos, por muchos que sean y muy reprobables que sean sus comportamientos, para adjetivar todo nuestro sistema político. Un sistema político en el que la fiscalía y la prensa pueden denunciar con éxito hasta al mismísimo tesorero del partido que gobierna, igual ahora que hace veinte años, o al yerno del rey, o a los presidentes de las comunidades valenciana y balear.

Hace unos días el mundo asistió a la inauguración del segundo mandato del presidente Obama. Nadie se acuerda ya del nombre del gobernador de Illinois que, hace cuatro años, fue destituido y condenado por tratar de vender el escaño de Obama en el Senado de los Estados Unidos, que no es una corrupción cualquiera. Sin embargo los americanos celebraron el lunes pasado la fiesta de la democracia más antigua del planeta. Se ve que allí, como aquí, hay quienes saben distinguir entre la corrupción en el sistema y la corrupción del sistema; y seguro que también hay, como aquí, quienes quieren tirar al niño con el agua sucia.

Publicado en SUR el 27 de enero de 2013

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