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A los que no distinguen

23 septiembre, 2012

Todos tenemos algún amigo al que vemos muy de tarde en tarde, pero con el que podemos retomar la conversación como si nos hubiéramos visto ayer mismo. A mí me ocurre también con algunos libros. Pasas tantas horas con ellos, leyéndolos, subrayándolos, tomando notas, que terminas trabando con esos libros una relación de amistad que permanece viva muchos años después de que los dejaras en una caja o en una estantería.

Este verano me encontré uno de esos libros: Liberalismo y fascismo, dos formas de dominio burgués, de Reinhard Kühnl. Lo había dejado en casa de mis padres, en Yunquera, otro verano de hace muchos años, y allí me seguía esperando en una vieja estantería de madera. Nos lo había hecho leer, Juan Trias, mi profesor de Historia de las Ideas y de las Formas Políticas, para el tercer trimestre de la asignatura. En su primera página estaba mi firma y una fecha, 3 de mayo de 1979. Kühnl, decía la contraportada, era «prácticamente el único filósofo político marxista de orientación revolucionaria que ha podido trabajar ininterrumpidamente en la República Federal Alemana». Qué pena que Merkel, formada en la Alemania del Este, se perdiera las clases de Kühnl; como decía Tony Judt, lo peor del comunismo es lo que venía después: Putin y Merkel.

Busqué entre sus páginas, subrayadas con lápiz rojo, un par de ideas que me habían acompañado desde hacía treinta y tres años, y las encontré. Hablando del fascismo en Italia, Kühnl se hacía la siguiente pregunta: «¿Y con qué motivo la democracia burguesa iba a defender las instituciones y las organizaciones socialistas contra la violencia terrorista de los fascistas si los mismos socialistas seguían proclamando tercamente que su objetivo principal era justamente la destrucción de la propia democracia burguesa?».

Refiriéndose a la Alemania de los años 70, en la que la izquierda se debatía entre la resignación de la cultura underground y el LSD, por un lado, y la aventura de Meinhof y el ejército rojo, por otro, Kühnl decía: «La política de la resignación consolida el dominio existente derivando hacia esferas que carecen de importancia política. Y la política de la aventura revolucionaria lo consolida en tanto en cuanto le proporciona pretextos para desacreditar a toda la izquierda».

Una vez más una crisis del capitalismo conlleva un ataque a la democracia representativa, y mientras cierta izquierda rodea los parlamentos, cierta derecha los vacía. Cuando leí este libro yo tenía diecinueve años, y ya empezaba a crecer el desencanto con una democracia impotente ante una crisis económica. Dos años más tarde viviríamos el golpe de Estado del 23F, y se nos pasó el desencanto.

Cuando veo las vallas en la entrada del Congreso, o escucho a los que no diferencian entre el liberalismo y el fascismo, me acuerdo de aquel libro de mi juventud y me digo: hoy alimentan la aventura, después alimentarán la resignación del «todos son iguales», el resultado siempre es el mismo, la consolidación del «dominio existente».

Publicado en SUR el 23 de septiembre de 2012

One Comment
  1. jose maria martinez-cava permalink
    23 septiembre, 2012 17:56

    Lo has bordado, pero como hacemos llegar el mensaje con losmedos encontra. Aquí se ha repetido, despues del dictador, siguen los hijos y familiares de sus colaboradores directos, la oligarquía, está presente y propaga lo de todos son iguales, para sus fines. La pena es que les da resultados. Que tiene que pasar en nuestro país, aquí no pasa nada al parecer. En China los estudiantes de Hong Kong protesttan y consiguen qu el gobiern o comunsta no les obligue a estudiar la asignatura de “ciudadaní”. En Portugal nuesros vecinos se echan a la calle y el Gobierno anula la bajada salarial impuesta por decreto. En España no pasa nada, con la está cayendo.Es muy triste.

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