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Clint Eastwood y su guión

2 septiembre, 2012

Contaba la prensa del viernes la actuación del mítico Clint Eastwood en la convención republicana. Al parecer el genial actor organizó su intervención en torno a un imposible diálogo con una silla vacía en la que estaría sentado un invisible presidente Obama. La idea de un presidente que está desaparecido no nos resulta extraña por estos pagos, aunque las comparaciones son odiosas, y el mismísimo Plutarco volvería a morirse del susto si nos viera emparejar a los presidentes Obama y Rajoy.

Imagino que, viendo la intervención de Eastwood, a más de uno se le pasará por la cabeza el contraste entre una sociedad como la americana, en la que un actor puede ser celebrado por su genialidad profesional sin que uno comparta sus ideales políticos; y una parte relevante de la sociedad española, en la que basta con que no comparta los ideales políticos de un determinado actor para que abomine no ya de la calidad profesional del mismo, sino del cine español en su totalidad. La toma de posición del mundo de la cultura contra la Guerra de Irak ha dado pié en nuestro país a algo que podríamos llamar una verdadera venganza, que ha culminado en la subida de trece puntos de IVA, después de organizar una minuciosa demolición del prestigio de los artistas y creadores culturales en general, y de sus organizaciones profesionales en particular. No son los únicos, lo mismo ha ocurrido con los sindicatos, los funcionarios, los mineros o los representantes elegidos por los ciudadanos. Nuestros cicutas no discriminan, dicho sea en su favor.

Así que volviendo al discurso de Clint Eastwood, y sin dejar de admirar al actor, no puedo dejar de considerar críticamente su mensaje político. Una de las cosas que me llamó la atención es que piensa que no es una buena idea elegir a un abogado como presidente, y que es mucho mejor elegir a un empresario de éxito. Abogados, como empresarios, los hay de todos los pelajes. También dijo que los políticos son los empleados de los ciudadanos y que como tales hay que tratarlos. Respecto a esto último la filosofía política está dividida, una parte de la doctrina interpreta que nuestros representantes son recaderos que han de limitarse a cumplir órdenes concretas y a los que hay que vigilar para que no nos sisen; y otra parte de la doctrina sostiene que los representantes políticos serían más bien como fiduciarios, esas personas a las que le encargamos que, en el caso en que lleguemos a faltar, administren nuestro patrimonio según su leal saber y entender hasta que nuestros hijos se hagan mayores.

Está claro que Clint Eastwood, y todos los que opinan como él, cuando hablan de los políticos como empleados, están pensando en el primer modelo, el del recadero al que hay que atar corto. Lo curioso es que piensen que para cumplir esa función de recadero lo mejor es un empresario. Habrá que concluir que, aunque el actor sea excelente, algo falla en el guión.

Publicado en SUR y El Correo el 2 de septiembre de 2012

2 comentarios
  1. 2 septiembre, 2012 12:19

    Cabe la posibilidad de que el bueno de Clint necesite financiar su próxima película, Eso si que, con semejantes productores, se vaya olvidando de “Los puentes de Madison” y rescate el Magnum 44 de “Harry el Sucio” . Con respecto a buena parte de la dirigencia política española cabe enmarcarlos en el papel de “recaderos”, pero no nuestros…

  2. jose maria martinez-cava permalink
    2 septiembre, 2012 17:22

    Hay películas cargadas de primeras estrellas, pero como el guión es malo, las mismas son infumables. No andas muy descuidado, yo pienso que los políticos no sois recaderos, pero si deben ceñirse al guión, anunciado, y si es imposible su seguimiento, explicarlo, Lo contrario da lugar, hablando en términos teatrales, a que cuando el guión es muy malo, o no se respeta, los actores se lían de meter morfcillas y sale lo que sale, esto es lo que estamos sufriendo. La morcilla es un producto hecho a base de sangre, que más similitud quieres.

Los comentarios están cerrados.

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