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Golpe a golpe

22 julio, 2012

En el pasado los países veían en peligro su libertad, su bienestar, su forma de vivir, por las agresiones bélicas de otros países. Los militares eran los encargados de defender a sus sociedades. En ocasiones, algunos de esos militares usaban contra sus propios conciudadanos las armas que habían recibido para defenderlos. Naturalmente, justificaban su intervención en aras de la defensa del orden y las libertades que suspendían. Nunca he olvidado un pasaje de «La columna de hierro», la novela de Caldwell sobre Cicerón, en el que el dictador Sila se justifica en que es incapaz de controlar algunos excesos de sus soldados, para explicar el asesinato y expolio de los bienes de Linio, un pacífico comerciante primo de Cicerón. “Eso es militarismo puro y duro –le responde Cicerón-, que ni siquiera conoce sus propios crímenes y delega en otros el crimen al por mayor”.

 Hoy día afortunadamente los mayores peligros para nuestra libertad, nuestro bienestar y nuestra forma de vivir no proceden de la guerra, sino del sistema económico. El encargado de controlar la incertidumbre suele convertirse en el que tiene más poder en cualquier organización social. Así que en este mundo de incertidumbres económicas, son los economistas quienes poco a poco se han ido haciendo con importantes parcelas de poder. Obviamente con los economistas pasa lo mismo que con los militares, los hay con unas ideas y con otras, con más poder y con ninguno, pero lo cierto es que como profesión han conseguido importantes espacios de autonomía sobre el poder democrático.

 No hace mucho leí un artículo de tres insignes generales de la economía que proponían un gobierno de “políticos competentes y técnicos intachables con amplios conocimientos de su cartera” apoyado conjuntamente por las fuerzas parlamentarias mayoritarias. Según nuestros tres prestigiosos catedráticos el objetivo de ese gobierno sería restaurar la confianza de nuestros socios extranjeros para a continuación pedirles ayuda “para resolver el único problema que no podemos resolver solos: el agujero creado por la burbuja inmobiliaria en el sistema financiero”. Me pregunto qué entenderán dichos autores por un “político competente” o un “técnico intachable”. Hasta hace unas semanas el ministro de economía del presidente Aznar pasaba por ser uno de esos políticos competentes, y el señor Blesa por uno de esos expertos. Ambos muy responsables de la gestación de ese único problema que ahora no podemos resolver solos: la burbuja inmobiliaria.

Leyendo el artículo de los economistas uno constata que, a la hora de limitar la democracia, la retórica política de los pretorianos es siempre igual de vacía y vulgar, sean militares o economistas. Lo peor es que son estos pretorianos los que les dicen a los mercados qué deben exigirnos a los españoles para devolvernos la confianza. Y, naturalmente, lo que les dicen a los mercados es fruto de su propia ideología política, no de un consenso generalizado de la ciencia económica.

Publicado en El Correo y en SUR el 22 de julio de 2012

2 comentarios
  1. Marcelino Sáchez permalink
    23 julio, 2012 12:13

    Creo que de nuevo das en la tecla!!!

  2. jose maria martinez-cava permalink
    23 julio, 2012 23:01

    Cambian los modos, o las formas, pero no los fines.Aunque se vistan de lagarteranas, se les ve el plumero, su fin es siempre el mismo. Respecto a los economistas, a toro pasado, explican las cosas divinamente, pero en las previas, se les ve el plumero, se parecen a los del tiempo.. Sigue no nos abandones.

Los comentarios están cerrados.

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