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Partido Privado

8 julio, 2012

Hay momentos en los que el Hemiciclo del Congreso de los Diputados se parece más a una plaza y momentos en los que se parece más a una iglesia. El ambiente del Hemiciclo cambia como lo hace el de los parques, las cafeterías o las salas de espera de los hospitales. Hay personas a las que les escandaliza esa dinámica del Hemiciclo, y no me sorprende; al fin y al cabo también hay personas a las que les escandaliza la variedad de la vida.

En el último pleno, el ambiente durante el debate del primer punto del orden del día era más de iglesia que de plaza. Se debatía la reforma de la ley de financiación de los partidos políticos, y un pequeño grupo de diputados escuchábamos con atención a los oradores que iban subiendo a la tribuna. Los discursos eran bastante coincidentes: sí al recorte del 20% en la financiación pública de los partidos políticos, pero no al discurso antipolítico que pretende acabar con cualquier forma de financiación pública de los partidos. En general los portavoces de los diferentes grupos alababan la buena disposición del ponente del PP, el señor Bermúdez de Castro, a la par que reprochaban duramente algunos artículos de la ley. Al parecer, me explicaba un compañero de escaño, mientras el señor Bermúdez de Castro conoce bien el funcionamiento de su partido desde hace muchos años, la señora vicepresidenta del Gobierno ha llegado a la cúspide del poder político con una experiencia más limitada respecto al funcionamiento de los partidos, y está empeñada en una cruzada contra la financiación pública de los partidos que muchos de sus compañeros no comparten.

Estoy convencido de que la vicepresidenta se escuda en que su posición es bastante popular, del mismo modo que estoy convencido de que no ha reflexionado lo suficiente sobre las consecuencias de sus ideas para la democracia en nuestro país. No siempre lo que es popular es democrático.

En la encuesta postelectoral del CIS de las pasadas elecciones generales se preguntaba si la persona entrevistada había contribuido con su dinero a la campaña de algún partido o candidato. Sólo el 1,3% contestó que sí. En contraste con dicha cifra, el 84% de los entrevistados afirmaba que había ido a votar. Si nuestra cultura democrática no pasa por la afiliación masiva y, sin embargo, eliminamos la financiación pública de los partidos, lo más probable es que el sistema democrático termine capturado por personajes como ese magnate de Las Vegas, al que el New York Times denunciaba hace un par de semanas por financiar con muchos millones de dólares la campaña negativa contra el presidente Obama.

El que paga suele querer mandar, la financiación privada significa la privatización de los partidos, que en lugar de trabajar para todos, trabajarán para quienes los financien. No hay que pensar mucho, ya conocimos al GIL. Luego, esos especuladores de la política desaparecen con la pasta y la sociedad se queda con el agujero.

Con la democracia pasa como con la vida, hay una más barata, pero es peor.

Publicado en El Correo y SUR el 8 de julio de 2012

5 comentarios
  1. Roberto permalink
    8 julio, 2012 22:45

    Cualquiera podría pensar que las campañas las han pagado las cajas que han tumbado al país, ayudadas por algunos constructores y por los responsables políticos del suelo en municipios, provincias y comunidades… y sin privatizar. No es una cuestión de público o privado, sino de transparencia. Esa en la que nunca se quiso profundizar, porque cualquiera le decía algo a esos alcaldes que llevaban luego los votos de sus agrupaciones a los congresos…

  2. jose maria martinez-cava permalink
    8 julio, 2012 23:53

    Tienes toda la razón, pero insisto una vez más que a la ignorancia de los ciudadanos al respecto, hay que añadir, la influencia del PP y medios afines, prensa, tv, radio, empresarios etc., a los que interesa que los partidos no funcionen. Quieren otros modos, que hemos sufrido en nuestras carnes y como ese partido ahora es mayoría, se aprovecha para hacer esas proposiciones deshonestas. Es coincidencia que lo que relatas, también se ha vivido hace unos días en la Asamblea de Madrid y propuesto por su Presidenta.

  3. 9 julio, 2012 9:20

    Estimado Sr Diputado.
    Estando muy de acuerdo con su reflexión, me permito plantear el siguiente ejemplo:
    Un joven Obama, de casi 30 años, abogado, activista en varias ONGs, decide dar el salto a la política activa y ejercer un cargo público. Intuye que tiene mucho por hacer pero por ahora sus ambiciones son modestas y decide ir poco a poco.

    Conoce el partido socialista (demócrata siguiendo el ejemplo) pero nunca ha militado en él. Se acerca a una agrupación (pongamos de Madrid). Tiene dos opciones, que el secretario general le proponga para diputado de la región o directamente enfrentarse al actual secretario general de esa agrupación y que, a su vez el secretario general a nivel regional se fije en él y le proponga para algún puesto.

    Pasan unos meses y cuando ve que en la agrupación toda la ejecutiva es muy cercana al secretario general y que aunque se lleva bien con ellos y el clima es muy bueno, percibe que nunca pasará más allá de allí, por lo que decide hacer “campaña” y presentarse a secretario él mismo. Sin embargo, nadie le facilita el censo de militantes local y aunque sabe que hay cerca de cien afiliados que votan, sólo conoce a los 20 o 30 que se pasan por la agrupación de vez en cuando, casi todos ellos amigos íntimos o muy cercanos al secretario local.

    Pese a todo, sigue avanzando. Hace campaña como puede en las primarias. El día de la votación se presentan allí unos 150 militantes a votar, a la gran mayoría les ve por primera vez. La campaña ha sido dura. Los miembros de la ejecutiva local, pese a que les cae muy bien nuestro Obama, al plantear su candidatura se han sentido “amenazados” y han comenzado una dura campaña contra él (en blogs y twitter) sobre sus intenciones, su pasado…

    Nuestro Obama pierde las elecciones, y visto el clima hostil que se ha generado en la agrupación, decide poco a poco dejar de ir. Al final acaba dejándolo, se vuelve a concentrar en su trabajo solidario, y con el paso del tiempo decide echar una mano en otro partido (quizá Equo, o algo similar).

    Esto es lo que seguramente le hubiera ocurrido a Obama si hubiera vivido en España con nuestro actual sistema de partidos. Estoy de acuerdo en que el sistema americano tiene aberraciones como la que señala. Aunque creo que nuestro sistema tiene otras que, con el paso del tiempo, gota a gota, ejemplo a ejemplo, caso a caso, están haciendo que jóvenes brillantes y comprometidos con el progreso den la espalda a un sistema político de partidos mal jerarquizado, muy burocratizado (que no a la política, en la que siguen creyendo) que debería ser escrupulosamente democrático y público, proclive a la regeneración y la renovación, y que en la práctica no lo es.

  4. Ana permalink
    10 julio, 2012 13:09

    No le llamaría yo “Magnate de Las Vegas” , mejor llamémosle “Mangante de Las Vegas”.
    Toda una representación de los personajes que vamos a tener que acostumbrarnos a ver como ídolos paseando por la geografía española. El partido privado y sus votantes encumbran estos personajes, para negarlos más de tres veces cuando están en la cárcel (nunca antes). Y lo peor: todo en nombre de la creación de empleo. Pero el único empleo que crean está en los partidos que financian. El resto es creación de esclavos.

  5. Marcelino Sánchez permalink
    13 julio, 2012 0:58

    Es realmente genial!! Tu razonamiento no tiene flecos. Es genial!! No podemos alimentar el
    Populismo anti política y anti políticos y anti sueldos de políticos, o sea cargarse a quienes podemos representar a gente que si no estuvieran los políticos, no podrían estar representados. Bueno, si ! Por los Lores!! Para volver a pensar en la esclavitud…

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