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Las inquietudes del presidente Rajoy

6 mayo, 2012

En la vida no hay caminos de vuelta. Decía Margarite Yourcenar que llegamos vírgenes a todos los acontecimientos de la vida. Cuando creemos que venimos de vuelta de todas las cosas, de repente nos encontramos en mitad de un laberinto. Nos cambia la cara. Primero es de sorpresa: «¿qué hace este árbol aquí?». Inmediatamente viene la cara de perplejidad, que denota una contradicción puramente intelectual, uno se empieza a sentir confuso: «si este árbol está aquí, entonces es que hemos estado andando en círculo». Pronto vienen los poderosos sentimientos: la angustia, el miedo. Sucede cuando descubres que ya no controlas, que los acontecimientos han escapado a tu comprensión y a tu voluntad, y te dices: «¿qué me va a pasar ahora?».

Eso último es precisamente lo que está empezando a sentir el presidente Rajoy. Él mismo lo confesaba el pasado jueves en el Consejo de Estado. Esa intranquilidad a la que hacía referencia nace de la constatación de que las cosas no están yendo como esperaba. Y es aquí donde he de confesar mi propia perplejidad. Yo estaba convencido de que cuando la derecha política y mediática acusaban al presidente Rodríguez Zapatero de ser la causa última de la crisis de nuestro país era pura propaganda. Es decir, una información conscientemente sesgada con el objetivo de vender un producto. Un producto que también era publicitado de manera exageradamente sesgada: el milagro Rajoy.

Al ver cada miércoles la cara del presidente Rajoy en el Hemiciclo, empecé a sentir una extraña empatía. Cuando subió la prima de riesgo por primera vez desde que tomó posesión, la cara del presidente Rajoy era de sorpresa, no se lo podía creer. Luego vino la cara de perplejidad, y el presidente Rajoy parecía decirse: «se suponía que mi sola presencia en el Palacio de la Moncloa debía dar confianza a los mercados, y no». Él estaba perplejo, pero yo también. Me decía a mí mismo: «no puede ser verdad que se creyera su propaganda». El siguiente paso fue el de recortar derechos laborales, ahí sus predicciones sí se cumplieron en parte, tuvo su huelga general. Sin embargo, los mercados no se lo agradecieron, y creció la desconfianza hacia nuestro país; para calmarlos les ofreció unos presupuestos muy dolorosos para la gente, pero nada. Recortó en sanidad y educación, y tampoco. La cara del presidente Rajoy es cada vez de mayor intranquilidad, y yo siento lo mismo al verlo. Ambos sabemos que él creyó su propaganda y ahora no sabe qué hacer.

Hannah Arendt distinguía entre la vieja y la nueva mentira en política. Antiguamente la mentira escondía la verdad, que seguía existiendo, aunque oculta. En la política moderna la mentira sustituye a la verdad, que desparece para siempre y es como si nunca hubiera existido. El que oculta la verdad a todo el mundo, paradójicamente sigue siendo el último guardián de esa verdad. El que se cree su propio engaño, ha destruido la verdad para siempre, y él mismo está perdido.

Publicado en el diario SUR, el 6 de mayo de 2012

2 comentarios
  1. José María Martínez-Cava permalink
    7 mayo, 2012 15:50

    Amigo José Andrés, tu posición te obliga a decir “información sesgada”, en la mía como ciudadano de a pie a quien el PP ha mentido, no engañado, digo que esa información que utilizaron y continuan usando, es mentira, pura y dura. Tal es su práctica y empeño en el uso de no decir la verdad, que ya se creen lo que dicen, a sabiendas que harán lo contrario. Al igual que los malos modos, la derecha lo llevan en los genes. No hay escepción, revisa los últimos discursos de Sarkozy, son copia de lo dicho por el PP en nuestro país. Ah! menos mal que sigues publicando.

  2. ramiro Sueiro permalink
    25 mayo, 2012 18:22

    Admirado Josè Andrès, dos apuntes, dos precisiones:
    -El autoengaño que oculta la verdad està sostenido en una “creencia” y en una “certeza”, ambas con fuerte componente imaginario.
    .Yo encarno el “amo” polìtico puesto que he enajenado el discernimiento, el saber a la cantidad suficiente de legitimadores.
    .Actuar como tal amo consiste( siempre consistiò en lo mismo) en poner todos los viernes el “culo” de los ciudadanos a la intemperie, en vez de poner mi cara para que me la rompan si es preciso.
    Estoy de acuerdo contigo en la intranquilidad creciente que esto procura.
    La empatìa es màs difìcil de compartir. No hay que olvidar a sus antecesores y como cada uno de ellos sostuvieron la misma creencia e igual certeza y como ello hicieron y hacen retroceder la capacidad crìtica de los legitimadores siempre a la espera inconsciente de que haya Uno que sabe.
    Un abrazo

Los comentarios están cerrados.

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