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Educación para la amnistía

8 abril, 2012

La verdad es que me sorprendió el temprano ataque del ministro Wert a la asignatura Educación para la ciudadanía. Wert es sociólogo y sabe bien que la condición de ciudadano se aprende. Se aprende a ser ciudadano de una democracia, como se aprende a ser súbdito de una dictadura; se aprende a defender la libertad propia y la de los demás, y se aprende a someterse y a someter a otros; se aprende a respetar aquello que nos hace distintos, y se aprende a humillar y ofender al diferente. Para bien o para mal, todo eso se aprende.

También se aprende la lógica del funcionamiento de nuestra sociedad, la razón de los pactos fundacionales, el sentido de determinadas instituciones y costumbres. Si no se aprenden, estas cosas no se saben, no las traemos en los genes. Cuando, con motivo del día de la Constitución, me ha tocado explicar a nuestros jóvenes las razones por las que tenemos una monarquía o por las que abolimos la pena de muerte, he comprobado como resulta más sencillo para ellos aceptar el pacto de convivencia después de comprender las razones de dicho pacto, incluso manteniendo sus desacuerdos.

Estoy convencido de que los valores que han sostenido nuestra convivencia durante las tres últimas décadas son sólidos, y de que están bien asentados entre nuestros ciudadanos, pero aún así me parece que es bueno explicar a nuestros jóvenes, y a algunos no tan jóvenes, las razones por las que abrazamos esos valores de convivencia. Lo curioso es que los que se oponen a la Educación para la ciudadanía son los mismos que ahora denuncian la existencia de una crisis moral en nuestro país, una crisis moral que acompañaría a la crisis económica.

Conviene tener cuidado con ese tipo de diagnósticos. En plena prosperidad había personas que vivían en la pobreza, pero nadie hubiera aceptado que la situación de esas personas sirviera para definir el estado general de nuestra economía. Sin duda en nuestro país hay personas que se comportan de manera poco honesta, pero esas personas no sirven para definir el estado de la moralidad colectiva. En el último barómetro sobre Política Fiscal del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 85% de los entrevistados afirman que engañar a Hacienda es engañar a todos los ciudadanos. Y mientras solo uno de cada cien entrevistados opina que el fraude fiscal no tiene efectos importantes, el resto piensan que el fraude disminuye los recursos para financiar los servicios públicos, obliga a pagar más impuestos a los demás, desmotiva a los que pagan correctamente sus impuestos y crea injusticias.

En lo que a fiscalidad se refiere, el país no está en crisis de valores. Sin embargo, es cierto que hay una minoría que necesita mucho más que un curso de Educación para la ciudadanía. Una minoría formada por los defraudadores y por los que han aprobado la amnistía fiscal a los defraudadores.

Publicado en el diario SUR el 8 de abril de 2012

2 comentarios
  1. 9 abril, 2012 0:17

    precisamente por la idea colectiva de que engañar a hacienda es engañar a todos, lo que pueden conseguir con una medida como esta es que la ética fiscal del país descienda situándose en una línea peligrosa

  2. jose maria martinez-cava permalink
    9 abril, 2012 10:08

    El arbolito se endereza desde chiquitito. Haces bien en explicar a los jóvenes las reglas de convivencia, a los mayores, que ya tenemos una idea clara y concreta de que debemos hacer, aunque estemos equivocados, no nos es posible cambiar, a pesar de a veces considerarlo necesario. Lo malo de amnistía fiscal, no es que el resto paguemos los vidrios rotos, lo malo es “”si ellos lo hacen….”” Pero ese es el verdadero mensaje de la derecha liberal, destrozar los valores, pues desean que el Estado en sí, tenga el menor poder posible, para de esta manera, dejar paso a un “gobierno del capital” que es lo que intreresa, a los conservadores

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