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Un discurso en el metro

14 febrero, 2012

El metro iba bastante lleno, pero se podía leer de pie. Así que apoyado sobre la puerta contraria a la de salida me puse a leer un libro de un autor italiano, Raffaele Simone, titulado El monstruo amable. El monstruo amable es, según Simone, la neoderecha. Una derecha que se presenta moderna, amigable y a la moda, frente a una izquierda que aparece polvorienta, aburrida y pasada de moda. Un monstruo populista que «no hace sino devolverle al pueblo sus propios humores, haciéndole creer que se trata de auténticas elaboraciones políticas», pero que en realidad es profundamente antipolítico, que rechaza las tradiciones, el lenguaje, las reglas y las instituciones de la vida democrática.

Una voz ronca y poderosa me sacó de mi lectura: «Perdonen la voz, que no es precisamente la de un ruiseñor». Miré, y frente a mí había un hombre de unos cuarenta y tantos años, delgado, pálido, con el pelo negro, y con una carpeta de plástico bajo el brazo, que en tono firme empezó a explicar que está en paro y que tiene dos hijos a su cargo. He oído muchos discursos en mi vida, y creo que sé reconocer un discurso nada más escuchar las primeras palabras. Aquel hombre, puesto en pie, en mitad de un vagón del metro madrileño, había iniciado un discurso político.

La entonación de su voz era más apropiada para un foro parlamentario que para un vagón de metro, unos momentos aparecía indignada, otros irónica, a veces su voz era serena y expositiva, y otras apasionada. Aquel hombre había elegido cuidadosamente las palabras que estaba pronunciando, palabras cultas, pero con un significado al alcance de quienes le escuchaban. Las había dispuesto de manera armoniosa, había cuidado el ritmo de su discurso mediante el uso de repeticiones, para lo cual lo salpicaba de anáforas. El hombre que tenía frente a mí había dedicado tiempo y esfuerzo a escribir aquel discurso, y luego había dedicado más tiempo y más esfuerzo a memorizarlo, y a ensayarlo.

Explicaba su situación personal como un caso más de un problema social: él había tenido la mala suerte de estar en las filas del paro, y dentro de esas filas, había tenido la mala suerte de formar parte de los parados que no reciben ningún subsidio o ayuda. Describía su situación personal y familiar, más como lo haría un analista social que si estuviera hablando de él mismo. Comparaba su vida difícil con la vida regalada de «Sus Señorías», los políticos, los grandes responsables de sus males y de los males de todos. Lo único que diferenciaba aquel discurso de un discurso político es que al final no llamaba a una acción colectiva para cambiar la situación de los parados y del país en general, sino que pedía una limosna para poder sobrevivir un día más.

A lo largo de los años he visto a gente necesitada pedir dinero en el metro. A veces te encuentras a personas que piden a cambio de nada, porque ya no tienen nada. Pero a poco que tengan algo que ofrecerte, lo normal es que a cambio de una moneda te ofrezcan canciones, poemas, periódicos, paquetes de pañuelos; de tal modo que la ayuda que se les preste parezca un intercambio, y en ese intercambio quede salvada su dignidad y, en cierto modo, la de todos.

Lo que nunca había visto es que el intercambio fuera por un discurso político. Aquel hombre nos daba palabras cinceladas con tiempo y esfuerzo, a cambio de una moneda. Ofreciendo ese intercambio, el hombre que hablaba ante mí estaba reconociendo, probablemente sin pensarlo ni quererlo, la dignidad de la política. No era la única paradoja: explicando que la política, cualquier política, toda la política, es la causante de sus males personales y familiares, estaba facilitando el triunfo de una política concreta, una política insolidaria que atribuye su situación personal y familiar a su exclusiva responsabilidad, y que así se desentiende de su destino.

Aquel señor no podía imaginar que el hombre que leía en el metro frente a él, con aspecto de profesor, vestido con unos zapatos de piel vuelta, unos pantalones de pana negros, un tres cuartos y una bufanda, era una de esas «señorías» que él imaginaba dándose la gran vida. Un diputado que ha fracasado en evitar que aquel hombre perdiera su empleo, y que ahora lucha para evitar que los hijos de tantos otros hombres y mujeres como ese hombre, y como el propio diputado, pierdan el derecho a una educación y a una sanidad públicas y de calidad.

Con la voz de aquel hombre habla un monstruo amable que usa los humores del pueblo contra el pueblo, un monstruo que lo ha devorado a él y pretende devorarnos a todos. Contra el monstruo y a favor del hombre escribo.

Publicado en La Opinión de Málaga el 14 de febrero de 2012

6 comentarios
  1. 14 febrero, 2012 9:50

    Si hablas como diputado, entiendo que estas representando al partido y al gobierno del PSOE, ¿no?; de ser así, creo que no habéis luchado con la suficiente fuerza para remediar eso de no perder derechos a una educación, a la sanidad o a la perdida de empleo, si lo hubierais hecho, los impuestos serían más justos, se lucharía contra el dinero negro, las ayudas a la Iglesia no se realizarían en esa cuantía, a la banca, … ¿continuo?, dejémoslo aquí, porque igualmente como partido andaluz os estáis luciendo en Sevilla a pocos días de unas elecciones autonómicas, ¿no os da vergüenza?, la lucha de poder está primando sobre los ciudadanos de manera descarada, ¿así queréis que se os vote?.
    Cada vez me avergüenzo más de un partido, por el que luche y en el que milité, ha perdido toda la ideología de izquierdas.

    Un saludo

  2. jose maria martinez-cava permalink
    14 febrero, 2012 10:24

    Esto viene de largo y así será por los siglos de los siglos.Las fuerzas del mal provocan la situación, para que sin darnos cuenta entremos en su terreno. Da la impresión que la difusión de estas ideas, sea superior a las ideas de progreso, dudo, si porque los medios son de quien son o porque el miedo lo llevamos en los genes. Supongo que si las medidas laborales de Rajoy no dan resultado, se las aplicará a el mismo, dentro de unos meses podremos ver o que se baja el sueldo o se despide así mismo. Esto sería lo coherente.

  3. Juan J. Parra permalink
    14 febrero, 2012 10:35

    Este artículo no está acabado. Lo estará cuando nos digas si “pagaste” por ese discurso; por qué lo hiciste o por qué no.

  4. Cristina Rubio permalink
    14 febrero, 2012 15:27

    Tremenda historia, de continente dramático y contenido hermoso. No perdamos la esperanza en un mundo mejor, que es lo único que parece quedarnos.

  5. J.Antonio permalink
    15 febrero, 2012 17:09

    La politica tambien pudiera ser el discurso del viajero del metro.En cuanto al la peticion de limosna como fin del discurso,no son pocas las veces que vemos a sus señorias desarrollar discursos que obedecen a intereses de lobis y grupos de poder financiero, cuyo fin ultimo es la peticion de prevendas a cambio del discurso de apoyo en el parlamento.Mas grave, es el discurso en el foro parlamentario para la defensa intereses ocultos y al servicio de la medracion politica.
    La politica no es ni sera coto de los emiciclos como templos de la accion politica .
    la situacion actual ,la esta ubicando en los diferentes espacios y lugares donde los ciudadanos discurren su cotidianidad.

  6. 25 marzo, 2012 15:18

    Acabo de leer una entrevista de Raffaele Simone -toda una página de periódico-.

    Respecto al problema de la crisis, quiero decirte, que una de las soluciones para España, y para todos los demás países con sus propias características, para que se arregle la economía sería que el gobierno sacara el dinero de los ricos como el rey y su familia, los aristócratas, los Alberto, los Botín, las Koplowitz, Amancio Prada, Rafael Nadal, Julio Iglesias, Ronaldo y otros como él, la duquesa de Alba, Ruiz Mateos, José Manuel Lara, Isidre Fainé, los políticos ricos que los hay, los cardenales, los obispos, los sacerdotes con todos los millones que les dan, etc. Y me dejo los que tú debes saber más que yo. ¿Lo hará? No lo hará porque el gobierno está al servicio de los ricos y poderosos. Por lo que esta crisis, como la anterior, como todas, la tienen que pagar los pobres. Solamente está por ver si los pobres aceptan el agravio que es solucionar la crisis en contra de ellos. Si no lo aceptan, ya sabemos que habrá revueltas y violencias, como ya sabemos que otras veces ha pasado. En tus manos también está el que no se digan mentiras y falsedades -que se dicen muchas- y atenerse a la realidad. ¿Cuándo decimos que todos somos iguales ante la ley, es esto verdad? No lo es. Esto es una ilusión, una mentira, pues hay castas, no somos verdaderos, vivimos del engaño para sacar favores y beneficios. ¿Te das cuenta dónde estamos? Cuantas más mentiras y falsedades, más irritabilidad, más odio e ira contra los ricos y poderosos.
     
    Te envío este texto sobre la violencia, por si te interesa y lo quieres leer. Si quieres comentar algo, alguna cosa, de acuerdo.
    Con afecto y con cariño.
    La no-violencia se ha pregonado una y otra vez en política, en religión y por diferentes líderes. La no-violencia no es un hecho, tan sólo es una idea, una teoría, un montón de palabras; el hecho real es que somos violentos, es un hecho, es ‘lo que es’. Pero no somos capaces de comprender ‘lo que es’ y por eso, inventamos esa tontería que llamamos la no-violencia, lo cual genera un conflicto entre ‘lo que es’ y ‘lo que debería ser’. Mientras persigamos la no-violencia estaremos sembrando la semilla de la violencia; es algo tan obvio. Así pues, ¿podemos mirar juntos ‘lo que es’ sin evadirnos, sin ningún ideal, sin reprimirlo o escapar de ‘lo que es’?
    Existen diferentes formas de violencia. ¿Debemos investigar cada tipo de violencia o abarcar toda la estructura de la violencia? ¿Debemos mirar todo el campo de la violencia o sólo una parte de ella?… La fuente de la violencia es el ‘yo’, el ego, el mí que se expresa a sí mismo de muchas maneras: en la división, en el tratar de convertirnos o ser alguien más, lo cual en sí mismo es una división del ‘yo’ y el ‘no yo’, del consciente y el inconsciente; el ‘yo’ que se identifica con la familia o la no familia, con la comunidad o la no comunidad, etc. Es como una piedra que arrojamos en un lago, las ondas se extienden y extienden, y el centro es el ‘yo’. Mientras el ‘yo’ exista en cualquiera de sus formas, sutil o abiertamente, habrá violencia. La violencia no sólo es matar a otro.
    Hay violencia cuando uno emplea una palabra agresiva, cuando hace un gesto de desprecio a una persona, cuando obedece porque tiene miedo. De modo que la violencia no es sólo la matanza organizada en nombre de Dios, en nombre de la sociedad o del país, la violencia en mucho más sutil, más profunda, y estamos investigando la profundidad de la violencia en sí misma. Cuando dice que es indio, musulmán, cristiano, europeo o cualquier otra cosa, está siendo violento. ¿Sabe por qué es violento? Porque se está separando del resto de la humanidad. Cuando se separa a sí mismo por creencia, por nacionalismo, por tradición, eso genera violencia. Así pues, un hombre que quiere comprender la violencia no pertenece a ningún país, a ninguna religión, a ningún partido político o sistema, sino que se interesa en comprender a la humanidad. JKOnline
    La guerra, es la violencia es su máxima expresión. Donde la destrucción y la muerte, también es a su máximo nivel. Ahora, hoy, los hombres, llamados los más civilizados, lanzan miles y miles de toneladas de bombas sobre un país, Libia.
    ¿Por qué hacen esto? Lo hacen por envidia, celos, odio y miedo, por expandir sus intereses, es decir, por egoísmo. La guerra, es la acción del “yo” de una manera desenfrenada y casi demente, justamente cuando el hombre contiene su máxima energía destructiva. Sabemos justificarlo todo; y, la guerra también la justificamos. Toda justificación es infinita, pero toda negación también lo es. ¿Qué podemos hacer para que los asesinatos en masa, que es la guerra no sea? Se pueden hacer muchas cosas, pero la principal es erradicar, primero que nada, la guerra que hay dentro de nosotros. Sino, qué sentido tiene todo lo que hagamos. Sería como intentar apagar un fuego, pero a la vez darle más combustible. Por tanto, descubramos qué es lo que da vida a esa guerra, que es tan nuestra, que la llevamos todos los días para el al combate. No esperes que alguien te solucione esa guerra que hay dentro de ti, pues las bombas siguen cayendo, destruyendo las personas y toda la vida.
    Para que cese la violencia y la guerra. Mientras no haya un cambio en la moralidad, siempre habrá guerra. ¿Qué diferencia hay entre Obama y Bush? No hay ninguna, porque los dos tienen la misma moralidad. No tienen la sensibilidad desarrollada, para darse cuenta que los problemas no se solucionan con violencia, lanzando millones de bombas, haciendo la guerra. Su sensibilidad es, la del egoísmo, no importa a quiénes tenga que asesinar y destruir, la cuestión es que tienen que seguir con su vida inmoral, derrochadora y despilfarradora. Y, mientras no cambie de paradigma, la moral, seguirán asesinando a seres humanos inocentes y vulnerables. T. Segarra.
    http://tsegarsigmailcom.blogspot.com Si tienes problemas con ese enlace para acceder a mi blog, puedes entrar a mi portal poniendo en el buscador “La verdad, es libertad”. O también por “Toni Segarra” viendo que coincida el enlace, que lo acompaña, con el que ya te he puesto.
    Twitter: Mussol

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