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Liderazgo con partido

20 enero, 2012

Al poco tiempo de que José Luis Rodríguez Zapatero ganara el Congreso del PSOE y me nombrara director de su gabinete recibí una curiosa carta. Su autor explicaba que tenía la solución para librarnos definitivamente de incompetentes y corruptos. La tesis que sostenía aquel señor era que los avances en psicología, el desarrollo del peritaje caligráfico, las técnicas científicas de detección de mentiras, podían combinarse de tal modo que ya nunca más tuviéramos en nuestras filas personas que más tarde nos avergonzaran. Me acordé entonces de un pasaje de Los partidos políticos, de Robert Michels, en el que se contaba cómo, de vez en cuando, suele pegar en la puerta de los partidos algún personaje que tiene la fórmula infalible para resolver todos los problemas de manera sencilla e inmediata.

Los socialistas nos hallamos ahora en una situación en la que podemos vernos tentados de buscar soluciones aparentemente sencillas para problemas complejos. Problemas que tienen que ver con mutaciones en el funcionamiento del capitalismo, en la estructura de clases, en la división mundial del trabajo, en los aparatos ideológicos, problemas relacionados con la aparición de sujetos políticos supranacionales, y que parece que algunos resolverían casi automáticamente mediante el sencillo expediente de la modificación de nuestras formas de representación, o mediante un liderazgo providencial. Mejorar nuestro sistema de representación es bueno, pero no es sencillo, y tampoco es seguro que por sí solo acabe con nuestros problemas. Más difícil aún me parece lo de encontrar un liderazgo providencial, un liderazgo que por sí mismo supla todos los defectos de nuestra organización y las carencias de nuestras políticas.

En el fondo, ambas soluciones, la que apuesta por la democracia y la que apuesta por el líder, presuponen que ambos están dotados de unos atributos especiales, casi mágicos, y en una intensidad sobrehumana. En los dos casos se produce un sueño simétrico: un liderazgo tan fabuloso que hace superfluo al partido, y un partido tan poderoso que hace superfluo el liderazgo.

Es frecuente escuchar voces que al comparar a los candidatos reales con el supercandidato que sueñan, se sienten profundamente frustradas. Tanto, que esas personas resultan, a veces, insultantemente despectivas en su consideración de los actuales compañeros precandidatos, cuando ambos tienen una hoja de servicio público que no está al alcance de cualquiera. “¿No hay otro?”, se preguntan. La respuesta es que sí, que hay bastantes más, pero no de los que ellos necesitarían, no con superpoderes. De esos no hay. Y prefiero que no los haya. Los de los superpoderes no suelen usarlos para ampliar nuestra libertad, sino su poder.

Donde unos dicen líder otros dicen bases, pero están hablando de lo mismo. Modestamente, antes de ser diputado, fui durante 27 años de la virtuosa base. Así que puedo hablar con cierto conocimiento de causa sobre las bases. Y a las bases de los partidos les pasa como al pueblo, que son abstracciones, son sujetos “inencontrables”, como dice Pierre Rosanvallon. Lo que uno encuentra en la vida real no es al pueblo o a las bases, a un sujeto único, infinitamente bueno y omnisciente, sino a ciudadanos y ciudadanas, o a militantes, cada uno con su opinión, y algunos hasta con dos o tres opiniones distintas y no siempre compatibles; lo que uno encuentra en el mundo real es una multitud bastante diversa y contradictoria, que trata de articularse, de organizarse, para constituirse en un sujeto político.

Cuando nos organizamos corremos algunos riesgos como el de la concentración de poder, la oligarquización. El voto directo puede ayudar contra los procesos de oligarquización de las organizaciones; pero la democracia, además de un modo de elección, es una forma de gobierno; la democracia sirve también para conformar una opinión colectiva y para tomar decisiones. Es bueno caminar hacia una mayor participación directa de los militantes individuales, y también es bueno fortalecer la organización y sus mecanismos de control y de garantías. En todo caso, deberíamos ser capaces de tener una organización tan eficaz en su propósito político como respetuosa con la libertad de sus militantes. Los valores cívicos republicanos no son sólo para la sociedad, sino también para el interior del partido. Nuestra forma de organizarnos no puede quitar sentido a nuestra causa, sino dárselo.

Con todo, ninguna estructura orgánica es garantía de nada si no hay personas de carne y hueso dispuestas a medirse a sí mismas, y a valorar a los demás miembros de la organización, por el respeto que tienen a las normas que libremente se han dado. Dice Hugh Heclo que no es necesario que sean muchas, que basta que un grupo de iguales “se ayuden a mantenerse bien encarrilados y a levantarse el ánimo en caso de desfallecimiento o de exposición a las inevitables tentaciones del oportunismo”.

No tengo una solución como la del señor de la carta. La política es el reino de la libertad, así que no tengo una verdad científica que me ahorre la decisión, sólo tengo una apuesta razonable. Apuesto por un liderazgo que sepa que va a necesitar al partido, y por un partido que sepa que necesitará un liderazgo. Los dos, liderazgo y partido, humanos; los dos, reales, los dos de la estatura de mi propia libertad como ciudadano, aunque militante. Además, como siempre que empezamos algo grande, apuesto por el cambio, apuesto por Carmen Chacón.

Publicado en el diario Público el 20 de enero de 2012

5 comentarios
  1. Ana permalink
    20 enero, 2012 17:21

    Y yo, José Andrés, también apuesto por el cambio, y alejada como estoy del feminismo, me siento orgullosa de que una mujer socialista se haya hecho un lugar a fuerza de capacidad y trabajo y pueda llegar a organizar nuestro partido como lo hacen las mujeres:
    “prestando atención a muchas voces a la vez, dándole tiempo a las personas para encontrar su momento, aprendiendo cada día, sonriendo y poniéndose muy muy seria cuando hace falta”.
    Carme es la oportunidad de llevar a la mujer y a la juventud al sitio que por necesidad,tienen que tomar en este partido, el relevo.
    Comienza algo grande y me entusiasma.

  2. A. TOLEDO permalink
    20 enero, 2012 18:58

    Yo también, pienso que un cambio, algo diferente, algo nuevo, lo represente perfectamente una mujer: CARMEN CHACÓN.
    Una Sra. Presidenta del gobierno, eso si que es renovador.

  3. 21 enero, 2012 1:18

    Para “decantarse” por Carmen Chachón, ha dado muchas vueltas¡¡¡¡.
    Yo como militante, no apuesto por ninguna opción, ya que pienso que todos y todas l@s que estáis ahí en la cumbre del poder, padecéis la misma contaminación, esa ligera “pátina” que la política de “cargo” ha dejado sobre vuestros hombros.
    El partido se tiene que “depurar” (mira que no me gusta nada esa palabra, por la connotación franqista que me rememora) y para que las bases (alcaldes y secretarios locales) se renueven y llegue el aire fresco que descontamine la habitación de este partido, tendría que comenzar desde la cumbre (esa lejana y fría que algunos como Usted conoce).

  4. 22 enero, 2012 12:51

    José Andrés, a propósito de lo que escribes, te invito a leer algunas reflexiones y propuestas que he publicado en mi blog: http://www.garciaconesa.blogspot.com/2012/01/debe-ser-la-democracia-interna-muy.html

  5. jose maria martinez-cava permalink
    22 enero, 2012 19:35

    Yo tambien, por su aire fresco,y ganas de trabajar. Por otra parte y mirado bajo el punto de vista egoista, sería bueno para disipar a esos críticos de Cataluña, que un catalán quiere gobernar nuestro país, que de separación nada de nada, aunque siempre habrá unos pocos que defiendan esa tendencia, pero son muy pocos aunque meten ruido.Como experto en la matería que eres, ayer en el “congresillo” de Madrid, ocurrió lo mismo que en la Comunidad Valenciana. Mas del 50% de delegados que intervinieron pusieron a caldo la gestión de la Comisión Ejecutiva, vamos que con amigos así no me hacen falta enemigos, pues bien, los mismos votaron a favor de la gestión.A ver si teneis los expertos explicación a estas actuaciones. Un abrazo Jose María

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