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Como la mayoría

3 enero, 2012

Hay un punto en el que nos dejamos llevar, en el que abandonamos nuestra voluntad y nos entregamos a fuerzas ajenas a nosotros. Es posible que en ese momento nos estemos dando cuenta de que algo de lo que estamos haciendo no está bien, que seamos conscientes de que tarde o temprano nos terminaremos arrepintiendo de nuestra acción o de nuestra omisión.

Sin embargo, la corriente que nos lleva es más poderosa que nosotros mismos, y en un momento dado dejamos de bracear en contra de esa corriente, dejamos de pelear, quizá impresionados por el número de los que nadan en la dirección contraria a la que pensamos acertada. El número es importante en nuestras vidas, somos animales gregarios, castigamos a los que son diferentes para mantener la cohesión del grupo. Es muy difícil resistirse a la mayoría.

El número nos intimida, pero también nos seduce; en ocasiones, y en contra de la evidencia más palmaria, sentimos que la mayoría tiene algo más que el poder. Al final cedemos, y no contentos con darle el poder a la mayoría, también le damos la razón. Cuando la mayoría es el amo, cuando actúa como amo, nos entregamos con menos resistencias que cuando el amo es el uno. Generalmente le concedemos a la mayoría no sólo un privilegio del ser, sino también un privilegio de la conciencia. Y, sin embargo, sabemos que no siempre es así.

Casandra, la hija de Príamo, padeció el maleficio de la incredulidad de la mayoría. Al parecer porque Apolo, que le dio el don de prever el futuro, le echó la maldición de que nadie la creería. Los dioses son así de retorcidos, en lugar de quitarle el don que le había dado a la hermosa princesa troyana cuando ella se negó a cumplir su parte del pacto, decidió convertir ese privilegio en su mayor fuente de sufrimiento.

Siempre me he preguntado dos cosas al respecto. La primera es qué vería la chica con su nuevo don de la adivinación sobre las consecuencias de entregarse carnalmente al guapo Apolo, como para negarse a cumplir el pacto. Y la segunda es si habría otra explicación para el maleficio de Casandra, una explicación que pudiera prescindir de la maldición de Apolo. La encontré leyendo Caída libre, un libro sobre la crisis económica del premio Nobel de economía Joseph Stiglitz.

La explicación es sencilla: no damos crédito a lo que va contra el sentido común. De los dos términos de la expresión, pesa más lo de común que lo de sentido. Si la opinión es común, entonces hacemos la vista gorda a la hora de dejar que atraviese la aduana de nuestra conciencia, y no la interrogamos mucho sobre su sentido.

Estoy convencido de que todo el mundo sabía en España y fuera de España que Mariano Rajoy iba a hacer una política de fuertes recortes sociales, que terminaría subiendo los impuestos, y no necesariamente a los más ricos, ni a los que más evaden, sino a los que están atrapados por un salario que les impide evadir sus responsabilidades fiscales en el caso en que se lo propusieran.
Todos sabíamos que Rajoy iría a lo más fácil, no a lo más justo. Sabíamos también que sus políticas estarían más inspiradas por su ideología que por la racionalidad económica, y que su ideología nos llevaría a la recesión, y con más injusticia social. Todo el mundo lo sabía.

También sabía todo el mundo que la crisis no era culpa de Zapatero, y que Zapatero tenía un estrecho margen de acción a corto plazo desde el punto de vista de sus propias preferencias ideológicas. Sin embargo una mayoría social, empezando por las élites, y por la mayoría mediática, decidió allanar sus facultades críticas y dejarse llevar. Y aquí estamos. Quejándonos. Eso sí, todos juntos.

Publicado en La Opinión de Málaga el 3 de enero de 2012

4 comentarios
  1. Jorge permalink
    3 enero, 2012 12:03

    Sobre esto que comentas José Andrés, hay un libro interesante de un economista premio Nobel, Akelof, que es experto en psicología del comportamiento y economía y de la profesora Kranton, que se titula Identity Economics, donde intentan explicar de manera no formal y accesible, que nuestra pertenencia a grupos sociales condiciona nuestras elecciones a la hora de maximizar la utilidad marginal. De esta forma una persona podría tomar decisiones que fueran racionalmente contrarias a su interés personal (o de clase), pero que fueran socialmente aceptadas por el grupo con el que se siente identificado o al que aspira a identificarse. Obviamente esto ya lo sabíais los sociólogos (el típico y manido ejemplo del obrero que al comprarse un chalet empieza a votar derecha, aunque no pueda pagar ni las facturas de la luz, para ser aceptado en su nuevo entorno), pero me resulta curioso como las diferentes disciplinas de las ciencias sociales van entrelazándose y llegando a lugares comunes.

    A veces simplemente nos dejamos llevar porque todo el grupo hace lo mismo, y entonces te desayunas con una subida de impuestos negada hasta el día de la investidura.

  2. 3 enero, 2012 13:24

    Me recuerda a la teoría de la espiral del silencio, de Elisabeth Noelle-Neumann, donde estudia la opinión pública como una forma de control social en la que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no. Las personas por miedo al aislamiento, se suman a la opinión mayoritaria aunque no estén de acuerdo con ella. Según Noelle-Neumann, un clima de opinión actúa como un fenómeno de contagio ya que la opción mayoritaria se extiende rápidamente por toda la sociedad.
    Que sepas que no dejo de leerte. Un abrazo

  3. Francisco J. Oliva permalink
    3 enero, 2012 21:44

    Primero: me gusta el recurso a la Mitología Clásica para el apoyo de las ideas a expresar. Siempre me resultó elegante y un acertado ejemplo que nos puede explicar e ilustrar muchas contingencias del ser humano. Segundo, apostillando a lo que dice Jorge, estas Ciencias Sociales siempre van a terminar tocándose por una de sus aristas. Hay una serie norteamericana de humor muy buena, Big Bang, protagonizada por “cerebritos” de las ciencias naturales y tecnológicas en la que uno de ellos en cierta ocasión decía “¿las ciencias sociales?…Eso son paparruchas”. Pues esas “paparruchas” están inevitablemente entrelazadas y nos iluminan sobre aspectos del ser humano difícilmente comprensibles. Soy historiador y no podría entender mi disciplina sin la Sociología, la Geografía, la Antropología…Y tercero, esta situación de la masa que responde al unísono a una corriente la vengo explicando a todo el que me quiera escuchar desde la precampaña. A grandes rasgos y para no extenderme más, debido a circunstancias difíciles imposibles de negar, pero además a una fuerte campaña de ciertos medios de comunicación, ser socialista o del PSOE hoy día te coloca en una conversación, en una reunión, en una posición “difícil” de defender. No por las ideas, sino por esa corriente de que lo “lógico” hoy es optar por la acera de enfrente. En esa acera está la lógica, el “bonus” actualmente frente al “malus”, que es, más que la socialdemocracia, el PSOE, a pesar de que la justificación a veces no se encuentre en profundidad o esté simplemente en vaguedades y tópicos.

  4. jose maria martinez-cava permalink
    3 enero, 2012 22:48

    Es verdad que la gente que no piensa se deja llevar por la mayoría y por la opinión de los medios, que sabemos quienes son. Los que pensamos aunque vivamos dentro de las mayoría, no quiere decir que estemos de acuerdo, lo que pasa es que no hay otra solución, hasta otra ocasión. No se como, pero se hace necesaria una regeneración social,pues la situación actual es insostenible y se aprovechan de ello los de siempre, los que se apropian de todo, no solo del dinero, de todo, hasta en los saludos ya dicen paz y salud. No estaría de mas que el PSOE adoptara la idea de la regeneración. No creas que el 30% de lo votos de fe del PP sabían lo que está pasando, a esos les da lo mismo, el resto de los votos que ha recibido, si lo sabían, pero necesitaban cambiar y eso es por algo, además de la crisis.

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