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El Premio Nobel y mi hermana

1 noviembre, 2011

En Sociología de la Familia se sabe que la gente suele casarse con el equivalente social de su hermano o hermana. Dependiendo de su escuela teórica, algunos sociólogos pensarán que si la gente lo hace habitualmente, y la familia no ha desaparecido como institución, quizá sea porque es una buena práctica. Otros lo explicarán diciendo que si te casas con alguien socialmente muy distinto de tu hermano o hermana, quizá descubras que vuestros gustos, relaciones, hábitos, son tan distintos que la convivencia resulte imposible; y otros dirán sencillamente que uno se casa con alguien de su clase porque generalmente se relaciona con personas de su misma condición social.

Así que si le preguntamos a un sociólogo «tengo dos pretendientes, uno es el equivalente social de mi hermano, y el otro no, ¿con cuál me he de casar?», es probable que el sociólogo, con independencia de su escuela teórica, te diga que te cases con el primero. Y lo cierto es que en teoría no es un mal consejo, pero si el sociólogo tiene un poco de interés en ti, es seguro que te pedirá que se los presentes y le cuentes más cosas de ambos, no vaya a ser… Finalmente lo más sensato es que, después de escuchar sus consejos, hagas lo que estimes mejor, porque el sociólogo se irá y tú te quedarás con la pareja que hayas elegido.

Ya se ha ido, pero hace unos días vino un Premio Nobel de Economía a España a darnos algunos consejos sobre lo que tenemos que hacer para acabar con el paro. La cosa es que el referido Premio Nobel de Economía nos dejó algunos diagnósticos algo, pero no mucho, más sofisticados que los que se escuchan cotidianamente en algunas tertulias mediáticas, en las que todos los problemas de nuestro país tienen una causa tan sencilla como fácil de resolver el 20 de noviembre. Sin embargo tampoco parece que nuestro visitante estuviera particularmente fino cuando situó el origen de nuestro problema del paro a finales de los setenta o principios de los ochenta, «cuando –según él– se dio a los trabajadores españoles unos poderes y privilegios que la economía no podía permitirse».

Digo yo que por esa misma razón en el franquismo debería de haber habido pleno empleo. O a lo mejor los economistas españoles que informaron a nuestro visitante son de los que sostienen que el franquismo fue un régimen paternalista. Ellos siempre tienen una buena excusa cuando la realidad invalida sus teorías. En todo caso dudo mucho que ni el Premio Nobel, ni sus amigos y discípulos españoles, sean capaces de ofrecernos un estudio riguroso de la evolución de nuestra legislación laboral en los últimos treinta años, y su comparación con la legislación europea.

Lo cierto es que con las mismas leyes laborales en nuestro país hay provincias como Almería, con un 35% de paro, y Guipuzcoa, con un 10%. Incluso puede que en una misma comunidad autónoma haya diferencias de diez puntos entre una provincia y otra, como ocurre entre Soria y Ávila. A lo mejor no va a bastar con poner el contrato único. A lo mejor no basta con cambiar las leyes laborales y recortar los derechos a los trabajadores. A lo mejor ese ni siquiera es el camino. Afortunadamente hay más Premios Nobel de Economía y cada uno trae a España al que más le conviene.

Por aquello del equivalente social: mi hermana es economista, y como casi todos los economistas (menos sesenta y siete) no es Premio Nobel; eso sí, lo compensa razonablemente con la maravillosa costumbre de enterarse bien de las cosas antes de dar consejos. No vaya a ser…

Publicado en La Opinión de Málaga el 1 de noviembre de 2011

One Comment
  1. jose maria martínez-cava permalink
    1 noviembre, 2011 18:39

    Es que los consejos no deben darse, sino se piden.La has liado bien liada, pues al final, se hace lo que uno quiere, pero cuando ha sido inducido a ello y dice que decide por sí mismo.Solo ver la intención de voto. No existen muchos ciudadanos capaces de decidir por ellos mismos. Que bien lo escribes. Jose Maria

Los comentarios están cerrados.

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