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La salvación es cara y la democracia ni te digo

30 agosto, 2011

Me gustaría que, en el caso de no ser creyente, el lector o lectora de estas palabras imaginara, por un instante, que tiene un alma inmortal; y que al final de la vida la cosa sigue y que, además, lo mismo puede seguir muy bien que puede seguir muy mal. Es decir, que esa alma inmortal, después de desprenderse de su prisión material, que es el cuerpo, puede tener por delante una eternidad de infinito bienestar o de una tortura también infinita.

Imagine, el lector o lectora, que la predicación del papa salvara a millones de almas de jóvenes españoles para esa eternidad de infinito bienestar. Si uno se pone en el lugar de una persona que piensa así, hablarle de lo que cuesta a las arcas del Estado la visita de Benedicto XVI, le parecería una mezquindad, ¿acaso tendría sentido que con la crisis, además de enviar a los jóvenes al paro de larga duración, también los enviáramos al infierno por toda la eternidad?

En alguna parte he leído que la visita del papa supone un coste de unos cien millones de euros, hagamos las cuentas: somos cuarenta y cinco millones de españoles, así que cabemos a poco más de dos euros por cabeza. La verdad es que si para muchos de nuestros conciudadanos lo que anda en juego es la salvación de su alma inmortal, regatearles dos euros no me parece muy elegante, por muy apretada que esté la cosa. Además, también la visita del papa supone beneficios económicos, como los suponen muchos de los edificios religiosos que visitan los turistas, o la Semana Santa.

Para cualquiera que ha tenido alguna vez un ideal, hablarle de dinero es no entender nada, es como darle un bajonazo al debate, un acto ruin y chapucero, con el que esquivar los pitones argumentales del contrario. Algo parecido a lo que a veces decimos los padres cuando no queremos dar permiso a nuestros hijos para hacer una actividad que nos parece peligrosa o que no nos gusta por la razón que sea: «Es caro, no tenemos dinero ahora para eso». Argumento que siempre es verdadero, incluso cuando los dejamos hacer la actividad en cuestión u otra cualquiera. Creemos que son formas cómodas de ganar el debate sin tener que darlo, pero generalmente son una forma algo más sofisticada de perderlo.

Me imagino que la izquierda española, y no sólo la izquierda, tiene algo más que debatir con la máxima jerarquía de la Iglesia Católica que la oportunidad de una visita en mitad de una crisis económica, no parece ideológicamente muy glorioso decirle al papa: «Lástima Santidad que no hubiera venido en el 2006, pero es que ahora nos pilla usted bastante apretados».

¿Cuál es el coste de la actitud de la Iglesia sobre la legislación sobre la muerte digna?, ¿en qué moneda podríamos medir ese coste?: ¿en términos morales, de dignidad humana?, ¿en términos de dolor físico, de una tortura sin sentido? Podríamos hablar, por ejemplo y para no irnos muy lejos del tema que más nos preocupa, de la actitud de la jerarquía católica de nuestro país ante la crisis de la economía, y ante el modelo económico hegemónico, por poner un ejemplo. Podríamos hablar de los apoyos políticos que da a las doctrinas económicas y políticas más neoliberales, de cómo han hecho la vista gorda ante el abandono de la doctrina social de la Iglesia por parte de todas las derechas del mundo.

Decía La Rochefoucauld que la hipocresía es el secreto homenaje que el vicio rinde a la virtud. Cuando la derecha dice que la democracia es cara, todos sabemos que detrás de esa queja se esconde el miedo a decir que lo que no les gusta es la democracia, aunque se la dieran gratis. La izquierda puede hablar directamente de valores a la jerarquía católica, no necesita dar ningún rodeo. Ciertamente las actividades de los españoles católicos tienen un coste, igual que lo tienen las actividades de otros sectores de nuestra sociedad, es un derecho de todos. En lugar de discutir por el coste de una visita, deberíamos preguntarles si es razonable que para salvar su alma pretendan convertir lo que ellos consideran pecados en delitos.

Publicado en La Opinión de Málaga el 30 de agosto de 2011

3 comentarios
  1. aurelio miguel belando martínez permalink
    31 agosto, 2011 0:11

    Entre las cruzadas y la inquisición se pasaron muchos siglos, todo ello para decirle al mundo: que estaba bien, que estaba mal y que le pasaría a su alma inmortal; con la consabida frase de no hagas lo que yo hago, haz lo que yo predico.

    La idolatría fue aborrecida por aquellas personas que como símbolo tenían un pez y sin embargo las iglesias están repletas de ellas: “Hay personas cuyo objetivo central es buscar el dinero para aumentar su poder y seguir sometiendo a los demás. “Esos son más insensatos que todos, y los más miserables… porque tienen por dioses a los ídolos…” (Sabiduría 15:14), adoración del becerro de oro. Sin embargo todo lo que es bueno para el espíritu de la persona es pecado o está prohibido.

    Curiosamente algo he aprendido de la visita de “papa” y es que han activado todos los mecanismos para que sus adoctrinados, adeptos y acólitos, de todo el mundo, se movilicen, es decir, han activado sus huestes, cruzada del siglo XXI, contra la sociedad civil, han criticado las leyes legítimamente aprobadas por la sociedad civil y encima se permiten ser ejemplo de no sabemos qué, la inquisición del siglo XXI, conmigo o al infierno, al mismo tiempo nos han dado un ejemplo clarísimo de la sociedad patriarcal predicada y practicada por la jerarquía católica.

    Hagamos pues nosotros lo propio, que además es nuestra seña de identidad, movilicemos a toda nuestra militancia y pongamos en práctica de nuevo el socialismo en vivo, por que las redes sociales son una estrategia necesaria pero no suficiente y los valores democráticos progresistas nos abren muchas puertas.

  2. P.Gil permalink
    31 agosto, 2011 11:08

    Muy bueno José Andrés. Sigue igual de lúcido para la etapa que se avecina. Un abrazo. P.Gil

  3. jose maria martinez-cava permalink
    3 septiembre, 2011 11:11

    Tu artículo es formidable. Las ideas son claras y claro el mensaje. Lo dificil es poner en práctica las cosas, pues si bien las derechas aplauden y festejan la doctrina de la iglesia, que no su práctica, las izquierdas no se atreven a hacer nada para restringir el poder civil que la iglesia ejerce sobre las instituciones, por miedo a perder votos, hasta cuando la situación. Ahora por motivos electorales decimos que no es el momento, pero si gana el PSOE, al principio de la legislatura, sería el momento de meterles en cintura, ya está bien de miedos. Sino somoscapacer de hacerlo la sociedad que decimos defender nos lo demandará y lo veremos en el número de votos.

Los comentarios están cerrados.

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