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Intolerancia e indiferencia

26 julio, 2011

Este año le dieron el Oscar a la mejor película extranjera a una obra danesa titulada «En un mundo mejor». La película cuenta, en paralelo, dos historias de violencia. Una se desarrolla en Dinamarca, la otra en África. Es una buena película, de esas que uno se alegra de haber visto. Creo sinceramente que es una película equilibrada, pero al terminar de verla, salí con la sensación de que no lo era, de que había un desequilibrio a favor de Dinamarca frente a África; tenía la percepción de que había más sensibilidad, más intensidad, en la descripción del sufrimiento de los protagonistas daneses que en la descripción del dolor de los protagonistas africanos. No tardé mucho tiempo en comprender que el problema no estaba en la película, sino en mí. Era yo el que, sin darme cuenta, sentía más angustia por lo que les podía pasar a los dos niños daneses que por lo que les estaba pasando a las niñas africanas. Pensé: a veces los defectos de las películas están en quienes las vemos.

Lo que me pasaba a mí con la película, les pasaba también a los amigos con los que fui a verla, no es un fenómeno extraño, sino una manifestación de algo que los sociólogos llamamos etnocentrismo. No sirve de mucho consuelo, pero también los africanos son etnocentristas, y los asiáticos, y todas las culturas en general. Por eso no es extraño que durante el pasado fin de semana la tragedia de la isla noruega de Utoya haya desviado nuestra atención de otra tragedia, la que está ocurriendo en el Cuerno de África y en la que, según la ONU, un temible asesino en serie, el hambre, tiene acorralados a 750.000 niños. Si fuera de otro modo, entonces podríamos pensar que estamos más avanzados que los africanos o los asiáticos; pero no, no estamos más avanzados, somos humanos. Es verdad que con mejores casas, mejor alimentados y hasta más libres que los africanos, pero igual de humanos.

En realidad, tampoco es que la tragedia africana estuviera en el primer plano de nuestras conciencias, por esos días estábamos concentrados en las tribulaciones de Rupert Murdoch, en la crisis de la deuda soberana y, en España, de la dimisión de Camps. La cuestión es que, al final, el guión de la película se ha quedado corto, muy corto. La realidad en un pequeño lugar de Noruega y en una inmensa parte de África ha superado la imaginación de los fantásticos guionistas de «En un mundo mejor».

Me preocupa que algunos teman que aprovechemos que el hombre que asesinó a los jóvenes socialistas noruegos era ultracristiano y ultraderechista. Leo en un periódico de la capital, que da cobijo en sus páginas a muchas opiniones de extrema derecha, que ya hay quien advierte en defensa preventiva que el asesino también era masón. Todo eso me parece absurdo, del cristianismo han nacido la Inquisición y también ese amor capaz de curar y dar afecto a seres humanos con enfermedades tan repugnantes que otros jamás se acercarían a ellos.

Cosas parecidas se pueden decir de otras religiones y creencias políticas. Es el extremismo, el fanatismo, la intolerancia, lo que puede degradar el mejor ideal hasta transformarlo en una pesadilla. Esa pesadilla en la que se ha convertido ya su vida, y para siempre, para los padres de los jóvenes asesinados en una pequeña isla noruega a la que sus hijos habían acudido a aprender un bello ideal de convivencia, de solidaridad y de libertad.

Me angustia pensar que si el fanatismo es capaz de truncar 85 jóvenes vidas en Noruega, haya algo sobre la faz de la tierra capaz de segar 750.000 jóvenes vidas en África: la indiferencia.

Publicado en La Opinión de Málaga el 26 de julio de 2011

3 comentarios
  1. 26 julio, 2011 10:56

    Completamente de acuerdo con lo que comentas respecto al etnocentrismo, aunque a ello se le une nuestra mente cada vez más “cortoplacista” (perdón por el palabro) y nuestro insaciable deseo de sensacionalismo. Las noticias, por trágicas y graves que sean, tienen un plazo de vida que, cómo explicaba el domingo en El País el director de The Guardian, rara vez supera los cuatro o cinco días. Es lo que ocurrió con Fukushima, con el propio terremoto de Japón, con los procesos revolucionarios en Libia, Túnez o Egipto, y con otras tantas cosas que suscitan la atención mundial hasta que otra noticia ocupa su lugar, de forma que lo que nos ha mantenido en vilo durante ese tiempo de repente desaparece de los titulares y las portadas y pasa a un discreto segundo plano.
    La triste realidad es que nuestro afán consumista se ha trasladado también al de la actualidad y tenemos un interés desaforado en la novedad, sin que por supeusto profundicemos un ápice en aquello que nos muestran los periódicos, las televisiones y los medios de comunicación en general que, dicho sea de paso, son los primeros en aprovecharse de esta realidad.
    ¡Abrazos!

  2. jose maria martinez-cava permalink
    26 julio, 2011 19:00

    Estoy totalmente de acuerdo, pero es lo que hay. A ver quien y como se lidia el toro de los fanatismos. Los que sabeis direis que con educación, pero me da la impresión que eso tampoco funciona. Hay culpables, unos son los poseedores de la verdad que con su intransigencia favorecen esas tendencias, sobre en los más débiles, iglesia, nacionalismos, los amantes de lo “nuestro” que luego resulta que que compran coches hechos en Alemania, comen comida japonesa y siguen la moda francesa, es un cúmulo de desprospósitos bien manejados por los Murdoch de, turno, que dan lugar a lo que estamos viviendo. 85 personas muertas es una locura, pero que es, los levantamientos de viviendas de los humildes, por los bancos, que se hace con todas de la ley., y serán miles.

  3. aurelio miguel belando martínez permalink
    28 julio, 2011 2:17

    Pienso que lo que sucede en el cuerno de África y en otros lares no nos produce indiferencia, como lo que no se nombra no existe y los medios de comunicación no están interesados en hacerlo visible, ya que la toma de conciencia nos haría, tal vez, plantearnos ¿qué tipo de relaciones internacionales, que tipo de multinacionales, que tipo de explotación se está llevando a cabo?, etc. para terminar de darse cuenta que los intereses geoestratégicos por un lado, la expoliación de los recursos naturales, contrabandistas de la muerte, mercenarios y un sinfín de cosas más prevalecen sobre el objetivo de las personas primero y que una vida digna y un trabajo digno de cada una de las personas es preciso.

    Basta ya de ayudas y establezcamos conjuntamente con cada país donde hay que actuar para que consigan independizarse políticamente, económicamente y socialmente. No se trata de dar peces sino de enseñar a pescar.

    Otro tipo de actuaciones son necesarias y cambiar las miradas, no mirando hacia otro lado, también. Esto no es indiferencia es evitar sentir el sufrimiento ajeno ya que nos impediría dormir tranquilos.

    Tod@s somos responsables de lo que sucede en África: Naciones, FMI, ONU, Banco Mundial, Organizaciones, Empresas Multinacionales, intereses geoestratégicos, etc.

    Otras miradas y otras acciones, donde se tengan en cuenta sus necesidades y proyectos, son urgentemente necesarias.

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