Skip to content

Del poder democrático y otros

19 julio, 2011

En nuestras sociedades, siempre que pensamos en el poder, solemos pensar en el poder político, y pensamos en él como si fuera el único poder presente en la sociedad. Pensamos en el poder político como un gran grumo frente a una sociedad civil atomizada, pero hay otros poderes económicos e ideológicos capaces de atragantarle la libertad a cualquiera, incluidos a los ciudadanos y a sus representantes.

Paradójicamente, el poder político democrático se convierte en el enemigo a batir por parte de los ciudadanos. Pondré un ejemplo vivido. Hace unos meses, en estas mismas páginas, critiqué que un líder de opinión sobre nuevas tecnologías hubiera comparado a un diputado del PP con una rata. Como consecuencia de mi defensa de la dignidad personal y política de un parlamentario, que por cierto es mi adversario, una persona anónima escribió lo siguiente:

«Lo que hace aquí Torres Mora es muy peligroso pues no se trata del ciudadano, del votante, señalando con su dedo al político y criticándole sino de lo contrario: el político con poder señalando y poniendo en el punto de mira al ciudadano».

Sin duda el razonamiento expuesto revela una asimetría, ¿pero cuál? ¿Quién tiene el poder? ¿el que puede ser insultado sin derecho a defenderse a sí mismo, o la persona que lo insulta impunemente? ¿Se trata del mismo poder en los dos casos? Es verdad que los representantes democráticos tienen un poder, pero no el poder de insultar. El poder democrático es un poder que ha sido civilizado, confinado en los límites de la legalidad, sometido a múltiples vigilancias y controles. Sin duda, como todo poder, tiene sus riesgos. No son riesgos desconocidos, siempre suele tratarse del mismo riesgo: volverse tiránico. Por eso, la misma sociedad que lo crea para gobernarse también lo limita para evitar que se vuelva contra ella y la domine.

Es importante distinguir a qué poderes nos enfrentamos, porque aunque hay un gran heroísmo en quien es capaz de desafiar a un poder tiránico, es más que dudoso el heroísmo de quien insulta a un poder democrático. En una sociedad despótica, los representantes lo son de un poder ajeno al pueblo; pero en una sociedad democrática, los representantes lo son del pueblo, de los ciudadanos. Esa confusión lleva a situaciones paradójicas, así por ejemplo cuando uno escucha algunas entrevistas a políticos democráticos, o lee los editoriales de algunos medios, a veces tiene la sensación de que el entrevistador o el editorialista se sienten los verdaderos representantes de los ciudadanos, cuando la verdad es que su patrón es Rupert Murdoch, Silvio Berlusconi u otros por el estilo. Esos también son poderes, que no nacen de una elección democrática, pero que sí influyen de manera relevante en la vida de las sociedades.

Sin duda un ciudadano del común no tiene la misma cantidad de poder que un representante, pero básicamente tienen el mismo tipo de poder: un poder democrático. Hay, sin embargo, otros poderes que influyen en la política, es decir, en la vida y el destino de la gente, y cuyo origen y reglas tienen que ver más con el dinero de quienes ejercen esos poderes que con el apoyo ciudadano. Por eso no es lo mismo que el líder de la oposición pida todos los miércoles y domingos adelanto de las elecciones, que lo pida un empresario de la comunicación. Ambos tienen derecho a hacerlo, es verdad, pero no es lo mismo.

Publicado en La Opinión de Málaga el 19 de julio de 2011

3 comentarios
  1. jose maria martinez-cava permalink
    20 julio, 2011 9:23

    Los ciudadanos sabemos que existen más poderes que los polítcos, c apital, iglesia, medios, etc. Seamos serios, lo que dices, ocurre por varias circunstancias, ignorancia,odio al de enfrente, etc. Los que seguimos los debates parlamentarios observamos en la Cámara, escuchamos por boca de sus “”señorías””, insultos y desprestigio al contrario, o sea no se predica con el ejemplo. A esta situación, tambien se llega por los debates en los medios, con los gritadores e insustadores de turno. Si a lo anterior añadimos la distancia entre el político y el ciudadano, nos encontramos en la situación que vivimos. Si el votante tuviera información directa y veraz, se corregiría en gran parte la situación que describes perfectamente.

  2. aurelio miguel belando martínez permalink
    20 julio, 2011 10:31

    El derecho a pedir elecciones anticipadas esta previsto constitucionalmente, es decir, a través de una moción de censura.

    En el caso que nos ocupa tanto Rajoy como muchos empresarios de la comunicación están en la misma onda, pues son de la misma línea ideológica, con un objetivo común deteriorar la imagen del gobierno, al mismo tiempo se deteriora la imagen de España, pues ambas partes conocen que la moción de censura no cuenta con apoyos para que salga adelante. Lamentable pero cierto, este país necesita de la corresponsabilidad para evitar deterioro de imagen ante los mercados, pero la visión del PP es la misma que la de sus acólitos portugueses que forzaron elecciones anticipadas a Sócrates no le quedo más remedio pues no saco los votos necesarios para llevar a cabo las reformas y el resultado con la derecha en el poder lo estamos viendo, ni sus baritas mágicas ni sus hadas madrinas les han evitado caer en la calificación de bonos basura portugueses. Y eso que la derecha decía tener la solución. ¿Qué solución, hundir al Portugal?

    Algunas derechas están demostrando que no tienen sentido de Estado, en Portugal, en España… ¡lo están demostrando! Lo peor no es ser… sino encima demostrarlo con hechos. Altamente lamentable.

    Mucho tiene que aprender la derecha del gobierno socialista de lo que es tener responsabilidad ciudadana, sentido de estado y visión de futuro.

  3. Andrés Mora permalink
    21 julio, 2011 15:34

    Totalmente de acuerdo con tu reflexión.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: