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Confusiones

12 abril, 2011

El sábado estuve en Alameda, en el mitin de presentación de la candidatura socialista al Ayuntamiento. Una mezcla tan interesante como heterogénea de mujeres y hombres, trabajadores manuales, profesionales y hasta algún empresario, nacidos en fechas tan inverosímiles para un concejal como 1989, y encabezados por Mari Carmen Rodríguez, que es licenciada en filología, y que si cuida su pueblo como alcaldesa con el mismo esmero que lo hace con las palabras, en poco tiempo lo dejará resplandeciente.

Fue tan patente en el discurso de Mari Carmen, que me hizo caer en que es bastante frecuente que, en los pueblos, nuestros candidatos no pronuncien el nombre de sus adversarios, y que las críticas suelan ser más bien irónicas y sutiles; tanto que los oradores visitantes nos damos cuenta de que se trataba de una pulla por las risas o los comentarios de los asistentes. Esta es la razón, y no un problema del satélite, por la que el observador atento se hubiera dado cuenta de que en el mitin de Alameda, el diputado Dani Pérez y yo, que éramos los oradores invitados, sonreíamos una fracción de segundo más tarde que el resto.

Supongo que el sociólogo alemán Ferdinand Tönnies, muerto en 1936 después de que los nazis lo expulsaran del magisterio universitario, nos diría que los pueblos son comunidades, es decir, grupos humanos caracterizados por relaciones personales, familiares y afectivas. Dicho más claro, probablemente el adversario sea tu cuñado o tu prima, y no parece muy sensato ponerlo a parir, y por un supuesto momento de gloria ganarte una bronca de tu abuela. La historia nos enseña a no idealizar ninguna forma social, y algunos de nuestros pueblos fueron testigos históricos de crueles formas de incivilidad; no sé si será el afecto, la prudencia o el temor a una regañina de tu madre, pero lo cierto es que también la proximidad, el tener que encontrarte mañana con tus adversarios políticos, hace que te moderes en la crítica y que evites el daño personal.

Tanto es así que no hace mucho un buen alcalde, justo cuando me disponía a subir a la tribuna a dar el mitin en su pueblo, me dio la siguiente consigna: «no critiques ni a IU, ni al PP». No suelo construir mi discurso de forma negativa, pero lo cierto es que el discurso político tiene, desde mucho antes de Demóstenes, una estructura que se construye sobre la polémica entre dos posiciones contrarias. Así que, mientras subía a la tribuna daba vueltas a toda velocidad a qué decir dos segundos más tarde, si no podía polemizar con ningún antagonista.

A la misma hora que hacíamos el mitin en Alameda, había una manifestación contra el terrorismo en Madrid en la que al parecer, por una razón inexplicable, la mayor parte de los manifestantes se confundió de pancarta y cogió del armario la que tienen contra el presidente del Gobierno. También tengo entendido que algunos manifestantes insultaron a Basagoiti y otros políticos del PP vasco que llevan escolta desde hace años, porque les parece insuficiente su compromiso contra el terrorismo. Hay una gran distancia entre el civismo de quien no usa el nombre de su antagonista ni para criticar el estado de las calles de su pueblo y el de esos manifestantes. Me parece excesivo pedir que la Guardia Civil haga soplar a la gente antes de ir de manifestación, pero creo que estos se merecerían una buena bronca de sus madres, aunque no sean de pueblo.

Publicado en La Opinión de Málaga el 12 de abril de 2011

2 comentarios
  1. Aurelio Miguel Belando Martínez permalink
    12 abril, 2011 9:17

    Interesante reflexión que me ayuda a confirmar la tesis de que los tiempos y la agenda política que tenemos que explicar es la nuestra, sin ir siempre detrás de la agenda de otros partidos, que otros partidos expliquen la suya, que además en los pueblos las relaciones afectivas son más cercanas, que en ciudades como Madrid, Barcelona, etc. que son más impersonales.

    Evidentemente ante unas circunstancias específicas de ataque hay que salir a hacer las aclaraciones oportunas, pero en general en todos los partidos hay personas de buena voluntad, que ideológicamente o por otros motivos son seguidores de uno u otro partido, sin que por ello exista animadversión hacia el resto de fuerzas políticas.
    La manifestación de las victimas contra el terrorismo las personas asistentes fueron en torno a 18.000 y el eco fue por las barbaridades de unas pocas personas que se ocultan bajo determinadas asociaciones para sacar su vena ultraderechista y reaccionaria de la rancia derecha española, que son pocas personas pero con gran capacidad para hacer mucho ruido.

    Las personas de buena voluntad saben que en la lucha contra el terrorismo el Gobierno está poniendo toda la carne en el asador, y no necesita aportaciones de los salvadores de la patria.

    La gran paradoja para la derecha rancia de este país es que no soportan el acuerdo de gobierno del Partido Socialista de Euskadi y Partido Popular de Euskadi, gran paradoja de no-conflicto en una zona como Euskadi entre los dos partidos mayoritarios y las trabas permanentes a todo llevadas a cabo por el Partido Popular a nivel de Estado. Tal vez estos últimos jueguen de nuevo a la táctica de Luis María Anson (director del diario ABC es aquellos momentos) para acabar con el Gobierno de Felipe Gonzalez, es decir, todo vale aunque sean mentiras para sacar al Partido Socialista del Gobierno.

  2. jose maria martinez-cava permalink
    12 abril, 2011 18:59

    La postura de esos manifestantes contra eta, es cinica, no desean el fin de eta, pues al pp se le acabaría el pensar en llegar a la moncloa y al resto de los que acudieron se les terminarían las subvenciones para estos actos y algo más. Esta posición es egoista y como son de derechas, les im porta un rábano el interés por los ciudadanos, pues acabando eta, se acabaron los atentados y consecuencias. Estos grupos deberían ser sinceros, al igual que MayorOreja, él sabe porqué no desea el fi nal de la banda, dicen lo contrario de lo que piensan.

Los comentarios están cerrados.

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