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La gaviota que no había leído a Kant

8 marzo, 2011

Allá por 1997 fui nombrado director del Colegio Mayor San Juan Evangelista, que pertenece a la Obra Social de Unicaja y que sin duda es el más emblemático de la Ciudad Universitaria de Madrid por sus actividades culturales y por su compromiso histórico con las libertades democráticas, además de rivalizar con el mejor que pueda haber en la calidad académica de sus estudiantes. El caso es que volví ese año como director al mismo Colegio Mayor del que había sido colegial a finales de los setenta y principios de los ochenta. Recuerdo que mi primer problema como director fue el asunto de los «botellones», sobre el que había un serio debate entre la dirección y los colegiales, y entre los colegiales mismos.

Formado en el espíritu de aquel Colegio, el autoritarismo no entra en mi forma de entender la vida, pero es que además yo sabía bien que la gente del San Juan no es de la que se deja imponer una decisión de manera autoritaria. Así que inicié un largo proceso de diálogo. Fue entonces cuando me di cuenta de lo extendida que está la idea liberal de libertad en determinados sectores, da igual que sean de derechas o de izquierdas. La concepción liberal de la libertad es la libertad entendida como no interferencia. Para el liberal uno es libre si puede hacer lo que le da la gana y cuando le da la gana, sin que nadie pueda interferir. Sin duda, un magnífico ideal para Robinson Crusoe en su isla, pero muy poco práctico para las paredes que separan las habitaciones de nuestro querido Colegio Mayor. Así que los que no habían acabado sus exámenes entraban en conflicto con los que sí los habían terminado.

Naturalmente la solución no era ni prohibir, ni permitir los «botellones» a discreción, sino regularlos. Los órganos de representación democrática de los colegiales recibieron el encargo de hacer un «Reglamento de botellones», que especificaba minuciosamente cuándo y cómo se podían celebrar. Es verdad que ese reglamento fastidiaba a unos unas veces y otras a otros, pero satisfizo a la mayoría. Es lo que tiene vivir en sociedad, se pierde algo y se gana algo. Imagínese el lector cómo serían de aburridos los solitarios «botellones» liberales de Robinson Crusoe, por mucho que pudiera hacerlos cuando le viniera en gana.

Kant explicaba que la paloma pensaba que el aire era una molestia para volar, sin darse cuenta de que sin aire, en el vacío absoluto, no podría volar porque es el aire el que la sustenta en el vuelo. Quizá la paloma de Kant podría explicarle a la gaviota del PP que, en democracia, las leyes no son un impedimento para la libertad, sino la garantía de la misma. La verdadera libertad no es hacer nuestro capricho, somos verdaderamente libres cuando no estamos sometidos al capricho de nadie, cuando no tenemos amo.

En algún sitio de la casa de mis padres en Yunquera debe estar un libro de M.I. Finley titulado Los griegos de la antigüedad con una frase subrayada que dice algo así: «cuando los bárbaros les preguntaban a los griegos, ¿quién es vuestro rey?, estos contestaban: la ley es nuestro rey». Lo leí hace más de treinta años, quizá en una tarde como ésta, entonces sentado en mi habitación del San Juan, y ahora lo escribo en mi despacho del Congreso de los Diputados. Entonces y ahora, una parte de mí está en Yunquera.

Publicado en La Opinión de Málaga el 8 de marzo de 2011

10 comentarios
  1. 8 marzo, 2011 14:50

    Qué bien expresas lo que sentimos los no fumadores cuando oímos grandilocuentes discursos sobre el derecho quasi constitucional a fumar donde les plazca y cuando les plazca.

    La libertad es un concepto constreñido por la libertad del otro, del semejante, del vecino, del conciudadano, del compañero, del amigo. Eso es lo que hace tan grande la libertad.

  2. Federico Rodríguez permalink
    8 marzo, 2011 15:02

    El otro día escuché a un destacado miembro del gobierno hablando de los retos de la socialdemocracia en el futuro, y una de las cosas que dijo es que “era necesario regular internet, por que no era aceptable que cualquier ciudadano pudiera usar la red para, por ejemplo, difamar impunemente”.

    Vivimos en un país sin ley de prensa, probablemente resultado de una reacción pendular a la censura de la dictadura. La mejor ley de prensa no es la que no existe, los medios deben ser responsables de la veracidad de sus afirmaciones y la regulación debe también regular el control de su capital, por que no podemos ser verdaderamente libres si nuestra opinión está manipulada.

    Un magnate de la prensa americana afirmaba que “la libertad de prensa es para el que tiene una”, y en eso Internet ha revolucionado nuestro mundo, ofreciendo a cada ciudadano la oportunidad de expresarse libremente y sin el concurso de una empresa de comunicación. No veo por qué tenga que someterse a los ciudadanos a mayores restricciones que a los grupos mediáticos, salvo que pretendamos una sociedad con leyes que regulen la actuación de los individuos dejando en absoluta libertad a los poderosos. Para eso, efectivamente, ya teníamos reyes.

  3. 8 marzo, 2011 15:04

    Tengo que felicitarle por este artículo, desde que le sigo como bloguero, creo que es uno de los más significativos y con más carga ideológica. Qué razón tenía Kant¡¡. Y que importante son las leyes, a pesar de los liberales que quiere desplazarse cuesta abajo y a más velocidad de la permitida.

  4. Isabel permalink
    8 marzo, 2011 15:47

    Perfecto! Comparto cada una de las palabras y el sentido de todas ellas. Para poder ejercer nuestra libertad, primero debemos poner en práctica respeto y empatía. Qué facil es gobernar cuando no se hacen leyes que equilibren ese respeto y que controlen esos caprichos. Cuántos votantes se pueden conseguir de ese modo. Valiente el gobierno que se atreve a darnos tanta libertad… a todos.
    Una fumadora agradecida.

  5. jose maria martinez-cava permalink
    9 marzo, 2011 11:02

    Trato que tu artículo sea leído por mis amigos. Lo triste es que los dicen que se les cohartan las libertades, no se lo creen pero lo pregonan, por intereses concidos y esa es su maldad, el daño que a la sociedad hacen es enorme, vamos que van de la mano con otros intereses que tanto dinero cuesta a los españoles y que aunque no tienen seminaistas todavía mandan mucho.

  6. carmen permalink
    10 marzo, 2011 13:15

    completamente de acuerdo con su artículo y perfectamente explicado. una pregunta ¿puedo copiarlo para mandarselo a mis amig@s, la mayoría de ell@s ultraliberales, perecisamente de los que piensan que la libertad consiste en hacer lo que les dé la gana, igual que Aznar, ya sabe eso de “quién le ha dicho a usted que me puede decir cuántas copas me tengo que tomar antes de conducir”? es que no sé si tiene copyraigh y pudiera cometer algún delito si lo copio y se lo mando a ellos por e-mail, un saludo y me respeto de compañera,
    carmen

  7. 10 marzo, 2011 14:18

    Quizás la diferencia radica entre el concepto de libertad que defiendes (permíteme el tuteo) y el de la gaviota del PP. No sé si, a lo mejor, las leyes que pretenda llevar a cabo ese partido no suponen una “libertad tan teledirigida”, que es la que puede que se entrevea y se critique en vuestra acción de gobierno. No perdamos por supuesto de vista que todo depende de lo que entendamos por libertad y de las dosis de intervención que consideremos que necesitan los ciudadanos.
    Para que veas que, pese a discrepar de tu opinión, que entiendo generalizada en vuestro partido, soy un defensor de la convivencia, asunto que articula el inicio de tu escrito, te enlazo algo que escribí sobre la misma:

    http://elperfectoidiota.com/2010/10/08/convivencia/

    Un saludo.

  8. 10 marzo, 2011 14:24

    Sigo con atención e interés todos sus artículos y, en este caso, anoto dos comentarios. Uno, la alusión a la gaviota del PP tras la paloma de Kant me parece forzada, como forzado sería hacer juegos malabares entre el puño del PSOE y el autoritarismo. Dos, nunca he pensado que el liberalismo conciba la no interferencia como algo absoluto que no contemple ni el derecho de los demás, ni el daño causado a terceros ni la ley, sino la defensa berliniana de un espacio de “libertad negativa”. Un espacio, no el Universo. Así que parece que hablamos de distintos liberalismos, lo que confirma (para el liberalismo) el irónico temor de Sciascia sobre el radicalismo italiano:”No ha desaparecido pero se ha hecho incomprensible”.

  9. Arturo permalink
    11 marzo, 2011 16:42

    Tendríamos que decir, que “la libertad”en sí tiene sus límites. Es decir, la libertad está vestida
    de civismo, un civismo que nos marcan las normas y reglas.
    La libertad desnuda de civismo se transforma en peligrosa,polémica y agresiva.

    Porque tomarse la libertad de matar a la esposa, mear en la esquina del bloque de Doña Juana a las cinco de la mañana y fumarse treinta cigarrillos diarios, es una libertad peligrosa,polémi-
    ca y agresiva.

    Peligrosa para el prójimo.Polémica, porque quién eres tú?,para decirme que aquí no puedo fumar.
    Y agresiva porque de una forma masoquista, nos dañamos a nosostros mismos.

    A veces los individuos vestidos de libertad atentan contra su propia salud así, como con la de los demás.
    Ya sean haciendo chimeneas con el humo de sus cigarrillos, haciendo de tenores en los locales públicos(cafetería,restaurante,bar,etc.)Es decir hablando y gritando en voz alta.
    Transformándoses en alcohólicos sin darse cuenta y esperando a que alguien se lo digas.
    Atentando contra la salúd publica y seguridad del ciudadano.

    La libertad por lo general en las sociedades homogéneas en educación, está vestida de civismo y
    casi todos los ciudadanos respetan y acatan, las normas y reglas.
    Mientras que en sociedades con educación sectaria o limitada,sólo una parte suelen respetar estas.
    Los demás interpretan la libertad con actitudes a veces peligrosas,polémicas y agresivas.

    Permítame decir:”Que el individuo nace gritando,crece escuchando y aprendiendo,vive conver sando y muere callando”.

    Un cordial saludo.//

  10. 21 abril, 2011 16:38

    … un serio debate entre dirección y colegiales. Y tan serio. Con el tiempo nos vamos dando cuenta de cómo fue todo un privilegio el vivir el día a día de aquella regulación (y de otras) en el San Juan. Yo era de los que más se oponían a cualquier forma de botellón. Aún recuerdo el cotejo de opiniones, motivaciones y necesidades de unos y otros colegiales en torno a este tema.

    En este colegio mayor, entre otras muchas cosas, aprendí algo bastante más importante que muchos de los aprendizajes que tuve durante mis estudios: que por encima de la imposición de tus propias razones, está el pasar por la escucha y comprensión de los motivos del otro, está el saber ponerse en lugar de los que no piensan como uno mismo, está el debatir y el llegar a un acuerdo que nos permita disfrutar de nuestros derechos y responsabilidades hacia uno mismo y hacia los demás. Por encima de muchas cosas en esta vida, está el saber convivir. Y este aprendizaje, que no es nada fácil, y mucho menos inútil, no se esfuma con los años. Afortunadamente queda ahí para siempre.

    Por ello siempre le estaré agradecido a José Andrés, a los directores que le precedieron y a los que le sucedieron, sabiendo moderar aquellos debates, escuchando a todos, madurando las ideas que unos y otros expresábamos, contrastando las razones y encajando enfoques para llegar a soluciones prácticas, mientras nosotros, los estudiantes, éramos coprotagonistas de esas decisiones. Gracias para siempre a ellos y al espíritu del San Juan.

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