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Lassalle

8 febrero, 2011

En el Parlamento, al igual que en los deportes de equipo, no sólo compites contra el equipo adversario, sino que frecuentemente compites contra una persona concreta de ese equipo. En mitad del partido, o del combate si nos ponemos épicos, cuando estás acariciando la victoria o, por el contrario, cuando sientes el frío de la derrota, hay momentos en los que ves con claridad el rostro de ese tu adversario particular y puedes leer en él, invertidos, como en un espejo, tus mismos pensamientos.

En el Congreso de los Diputados mi adversario particular se llama José María Lassalle Ruiz. Él es portavoz del PP en la Comisión de Cultura, del mismo modo que yo lo soy por el PSOE. Lassalle es diputado del PP por Cantabria, es profesor de Filosofía del Derecho e Historia de las Ideas en la Universidad Rey Juan Carlos y es una persona culta y educada. Escucharlo hablar es siempre interesante, pero hay días en que debatir con él puede ser bastante peor que un dolor de muelas. Es un formidable adversario, que no sólo conoce los temas, sino hasta el último recoveco de su fundamentación filosófica.

Si Lassalle fuera un liberal a la manera de algunos que lo ponen a caldo en la prensa de derechas de Madrid, batirse con él sería pan comido. Son liberales que tienen más frescas sus lecturas juveniles de Mao y José Antonio que sus lecturas adultas de Isaiah Berlin; da igual qué autores citen o qué etiquetas invoquen, al final su pensamiento sabe siempre a lo mismo, como la comida del internado. Ellos ganan sólo en el toreo de salón de las tertulias o en el soliloquio amplificado de sus columnas, pero más allá de contentar a su parroquia no convencen a nadie. Lassalle no es como ellos, es un liberal auténtico y eso lo pone todo más difícil, porque es capaz de dialogar de verdad; arriesgándose a ser convencido en su empeño por convencerte. Contra él no basta la seguridad de los votos en la aritmética parlamentaria, hace falta también cuidar el filo de las ideas. Alguna cicatriz suya llevo de nuestros lances parlamentarios, pero en todo caso son cicatrices en mi orgullo político y parlamentario, nunca en mi dignidad personal.

Como buen conocedor de los orígenes republicanos del liberalismo, Lassalle sabe bien de la relación existente entre la libertad y la propiedad. Una pensadora republicana como Hannah Arendt escribió una vez, hablando de Proudhon, que se entendía bien que a pesar de sus posiciones sobre la propiedad «vacilase en aceptar el dudoso remedio de la expropiación general, puesto que sabía muy bien que la abolición de la propiedad privada, aunque curara el mal de la pobreza, atraía muy probablemente el mayor mal de la tiranía». Así que siempre pensé que sería posible encontrar un espacio de entendimiento en el controvertido asunto de la propiedad intelectual y de la Ley Sinde. El precio final de Lassalle fue elevar las garantías constitucionales de la norma, y ese es un precio que un socialista paga con agrado, y llegamos al acuerdo.
Como consecuencia del acuerdo entre el Gobierno y el PP, hace unos días alguien comparó nuestro régimen de libertades con el de China, y esa misma persona identificó en su blog a Lassalle con una rata. No sé si sabrá mucho de internet, pero creo que esa persona sabe poco de democracia y menos de Lassalle. Por eso hoy he querido explicar a mi adversario, que en su caso es la mejor forma de defenderlo a él y a los valores constitucionales que compartimos.

Publicado en La Opinión de Málaga el 8 de febrero de 2011

4 comentarios
  1. charo permalink
    8 febrero, 2011 14:30

    Chapeau!!!. Que falta nos hace un discurso político democrático que trate al otro como adversario y no como enemigo. Gracias Torres, ennobleces la democracia.

    un saludo

  2. Jorge permalink
    8 febrero, 2011 19:54

    Ojala se hablara más en los medios de lo que decía Berlín o Arendt y menos de lo que dicen o dejan de decir los todologos de intereconomía.

    Muchas gracias por compartir tus reflexiones.

  3. jose maria martinez-cava permalink
    8 febrero, 2011 21:27

    Ayer discutia con gente joven y algunos afirmaban que no encontraban diferencias,
    entre la política de izquierdas y de derechas. Tu artículo sobre Lasalle, es una de las muchas existentes, diferencias claro, pues normalmentre el PP, no usa tus expresiones ni tu vocabulario.A este Sr.solo le conozco de escuchar la SER, hay días cuya disertación es buena pero otros es disparatada, vamos hace honor al grupo que pertenece. Volviendo a los jovenes les puse como ejemplo, los presupuestos que aunque parecidos en su importe total, la distribución del gasto es muy diferente, puse el ejemplo práctico en las becas Erasmus .Para los estudiantes de la CCAA de Madrid son 325 euros, en tanto en CCAA de Andalucía son 600 euros. Respecto a los insultos que comentas, en este medio son fecuentes , es una pena.

  4. Goyo permalink
    18 febrero, 2011 20:03

    En efecto.

    “Sobre el tema de la vulneración de un derecho de propiedad intelectual deben ocuparse [no los jueces sino] otros órganos, como pasa cuando hay un daño patrimonial”
    http://www.20minutos.es/noticia/961252/0/sinde/lassalle/pirateria/

    Eso es liberalismo auténtico de toda la vida. Si yo acuso a alguien de robarme la cartera no es un juez quien debe decidir si se han vulnerado o no mis derechos patrimoniales, sino otros órganos (normalmente el órgano más grande).

    “Si la naturaleza produjo algo menos susceptible de propiedad exclusiva que las demás, es poder pensar algo que llamamos idea; que un individuo consiga algo en forma exclusiva apenas se sostiene por sí mismo. Pero, en el momento en que se la divulga, forzosamente la posee todo el mundo y quien la recibe no se desprende de ella. Su característica peculiar también es que nadie posee menos, porque todos los demás la poseen íntegramente. Quien recibe una idea de mí, recibe la instrucción sin que haya disminuido la mía, de la misma forma que quien enciende una luz dentro de la mía, recibe luz sin que la mía se apague.”
    (The Writings of Thomas Jefferson. Washington, Thomas Jefferson Memorial Association, 1905, vol. 13, pp. 333-335)

    Jefferson no era un liberal auténtico. Ya sabéis, tenía esclavos.

Los comentarios están cerrados.

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