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El votante unidimensional

21 enero, 2011

En las elecciones de marzo de 2008, un total de 359.046 personas de mi circunscripción (Málaga) votaron al PSOE. A todas esas personas represento en el Congreso. Cada vez que voto o intervengo en la tribuna las represento, al igual que mis cuatro compañeros de lista. A la mayoría no las conozco personalmente, no sé si fuman o no fuman, si se bajan películas de internet o las compran, si les gustan los toros o están en contra, por ejemplo. Hay quien piensa que quizá las circunscripciones en nuestro país son demasiado grandes. En mi provincia el censo electoral supera el millón de personas, así que aunque tuviéramos circunscripciones uninominales, cada uno de los diez diputados malagueños vendríamos a representar a unas cien mil personas, y cada uno de los cuatro senadores representaría a un cuarto de millón de electores. Tampoco así resulta un número asequible para conocerlos a todos. En todo caso, no hace falta conocer a todos los electores personalmente para saber de su diversidad. Si, además, vamos combinando las distintas preferencias en cada persona, es fácil imaginar cómo se multiplica tanto la diversidad social como la dificultad para representarla.

Con tal variedad, hablar del pueblo es como hablar de la clase política, es no decir nada concreto. De todos modos hay que reconocer que, a veces y para algunos, ambos conceptos puedan resultar sumamente útiles. Hay personas, muy alejadas de la vida política, para las que todos los políticos son iguales y homogéneos como una clase social. Es verdad que los representantes no son milimétricamente iguales a sus representados, toda elección es también una selección, y eso provoca lo que Bernard Manin señala como una tensión aristocrática en la democracia representativa; pero también es cierto que entre los representantes hay casi tanta diversidad como entre los representados. Sin embargo hay quienes, mucho más cercanos a la política, encuentran útil mostrar una imagen indiferenciada de los políticos. Recuerdo que no hace mucho un periódico hacía un fotomontaje de los diputados que declaramos alguna actividad además de la parlamentaria, y a mí que soy miembro del patronato (no remunerado) de una fundación de pensamiento me pusieron al lado de otro que tenía un importante bufete de abogados. Quien lo hizo sabía distinguir, pero no quiso.

Los mismos que suelen hablar de la clase política como una clase homogénea hablan del pueblo como una realidad uniforme. Cuenta Hannah Arendt que los padres de la Revolución americana daban tanto valor democrático al concepto de pueblo entendido como una multitud plural de votos e intereses, que Jefferson estableció como principio «ser una nación en los asuntos internacionales y conservar nuestra individualidad en los asuntos internos». Más o menos exactamente lo contrario de lo que están haciendo los líderes de la derecha española en estos tiempos de crisis, que dentro del país se expresan con la retórica de la nación y fuera se dedican a airear sus posiciones banderizas. Negar la diversidad, muchas veces conflictiva y contradictoria, de intereses y opiniones es extremadamente útil para quienes no quieren tener en cuenta una parte de esos intereses y opiniones.

La política real se ve constantemente en presencia de intereses muy difíciles o imposibles de conciliar. Es frecuente que los dputados recibamos correos de personas que nos dicen que nunca más votarán a nuestro partido por haber tomado esta o aquella decisión sobre el tabaco, el canon digital o sobre la política energética, por poner ejemplos actuales. A veces, para consolarme, me digo que algunos serán los mismos; es decir que el que dice que no nos votará por el canon puede ser también un fumador airado.

Hace unos años, antes de que la crisis nos golpeara brutalmente, un amigo me dijo que nunca más votaría al PSOE por apoyar el canon digital. No había forma de convencerlo. Cuando nos levantábamos de la mesa le dije: «No sé cuánto habrás pagado este año de canon, pero si has comprado cien CD y un móvil que reproduzca mp3 no habrás llegado a los veinte euros. Es posible que te parezca caro o injusto, pero ¿te parece razonable que el precio o la justicia de esa medida en particular equivalgan por si solas en tu decisión de votar a toda la Ley de la Dependencia, al incremento de las becas, pensiones y salario mínimo, a las inversiones en I+D+i, al matrimonio entre personas del mismo sexo, y a todos los demás logros del Gobierno. ¿Es que en tu vida sólo eres comprador de soportes digitales?, ¿sólo tienes una dimensión o tienes muchas? y si tienes muchas, ¿no tendrás que encontrar un equilibrio entre todas ellas?».

En el Congreso suele irle mejor a los diputados que conjugan bien el verbo transar. La vida democrática en una sociedad diversa y contradictoria nos lleva constantemente a transar, y las primeras enmiendas transaccionales generalmente debemos hacérnoslas a nosotros mismos. Por eso, antes de ir a votar sería bueno que el consumidor digital o el fumador enojados hablaran con el becario o el jubilado que llevan dentro; y al votar lo hicieran en nombre de todos esas personas, a veces tan diversas y contradictorias, por las que están constituidos, pues para esa diversidad es para la que legislamos sus representantes.

Publicado en Público el 21 de enero de 2011

9 comentarios
  1. ana permalink
    21 enero, 2011 14:05

    Siempre que puedo, pulso la opinión de mis hijos, que representan la “Diversidad” que hay en mi familia, fruto de la distancia generacional y una cierto fracaso en la trasnsmisión de las opiniones políticas. Me dicen: “no me cuentes tus batallitas”, mientras protestan sobre el canon digital. Quizás es que se hicieron adultos con la Ley de Dependencia, que reciben como algo “normal” los 426 euros, que los logros del Gobierno son sólo “nuestras batallitas” Parece que la “gran Batalla” es que no se aplique el canon digital y que haya aparcamientos para cuando van al Centro, porque es su derecho inapelable. Quizás todo ésto me sirva para poder contar dentro de algunos años ( como batallita), todo lo que costó en la democracia consolidada actual, que los jóvenes vuelvan a sentirse protagonistas de la vida política, que vuelvan a dar valor a los “valores ciudadanos de convivencia”, que se jueguen por algo razonable. A los jóvenes y a los adultos de esta época hay que conquistarlos nuevamente, porque en nuestra sociedad cada día hay algo nuevo por lo que luchar.

  2. antetodomuchacalma permalink
    21 enero, 2011 15:06

    Un placer leerte.

  3. Javier permalink
    22 enero, 2011 0:39

    Trataré en primer lugar de explicarme, de mi pasado recuerdo siempre exigí demasiado a mis hijas, era lógico era a las que quería y por eso las quería mejores que las demás. Pues bien algo parecido me pasa con el socialismo, me enamoré de él cuando había que leer a Fernando de los Ríos, a Llopis, a Vera, … a hurtadillas y por eso le pido a los socialistas no hagan lo que en otros me daría lo mismo.
    Así que deseo veas mi crítica como la de alguien que comparte contigo la esperanza de un mundo mejor.
    Comenzaré por el principio, aunque sea una redundancia, unipersonales o listas, yo preguntaría ¿qué es lo mejor para mis representados? ¿dependeré de las simpatías del aparato en Madrid o Sevilla para volver a presentarme? ¿dependeré de los afiliados de Málaga?
    Lo segundo, la igualdad de los políticos, es cierto tu planteamiento es erróneo creerlos iguales u homogéneos, pero tampoco lo son los votantes, y como piensa Bernard Manin hoy se acude a él sin promesas concretas y no se rinde cuentas al electorado sobre la tarea realizada, factor que él considera elemento esencial de la representación.
    Poco más, hablar del canon digital sería una cortina de humo para no hablar del voto disciplinado sobre nuestra presencia en Afganistán, la reforma laboral, Sahara, …., lo que no quita el importante progreso en todas las dimensiones que citas: Dependencia, salario mínimo, derechos, …
    Boetie decía que la primera causa del sometimiento es la costumbre, veinte euros no son nada, el problema no es que sea caro, valoremos las otras dimensiones; mañana alguien inventará cobrar un canon a todos los vehículos por si corrieran a mas velocidad y la costumbre, las “otras dimensiones”, nos harán encoger los hombros, mientras otros, no tu de quien valoro su sinceridad, en palabras de Boetie mendigaran el favor del jefe, haciendo no solo lo que él diga, sino lo que piensan que el quiere, anticipándose aún a sus pensamientos.
    Se me olvidaba, para Boetie la segunda causa es la cobardía, la tercera el temor a lo desconocido. Pero Boetie nos dejó un mensaje de esperanza: “para ser libres basta con querer serlo”.

  4. Javier permalink
    22 enero, 2011 13:25

    Veo que hay otro Javier comentarista.
    Sólo un comentario. Efectivamente es simplista y equivocado ver a los políticos como un conjunto homogéneo. Pero no es menos cierto que son tan abundantes las manifestaciones tontas de tantos políticos en unas circunstancias tan dramáticas que sería bueno que, en cada partido, hubiera un poco de censura de la estupidez de muchos de sus miembros.

    • Javier Perez permalink
      22 enero, 2011 14:20

      Ampliaré mi identidad con el primer apellido para evitar coonfusiones.
      Un abrazo

  5. jose maria martinez-cava permalink
    22 enero, 2011 20:13

    Te vas superando, pero esos que dicen que no votan al PSOE por ejemplo por la ley del tabaco,lo dicen en un momento de cabreo, al final votan, se lleva en los genes y los que son sensatos y les tira el Psoe, por ser sensatos también votan aunque estén enfadados, esto demuestra que la izquierda es diferente porque piensa. En el otro lado nunca te dirán no voto al PP, son votos de fe.

  6. 15 febrero, 2011 15:19

    Yo no voy a votar al PP, PSOE, CIU y cía no sólo por una cosa, sino por lo que esa cosa representa en relación a una larga trayectoria de malas decisiones y por su relevancia en contexto. La ley Biden-Sinde está hecha a la medida de un lobby de USA (ley de copyright, no de derecho de autor) que soslaya el hecho innegable de que las webs de enlaces, como las que se pretenden cerrar administrativamente, han sido declaradas legales por los jueces. ¿Los jueces son molestos porque resuelven que los enlaces no son constitutivos de infracción de la ley de propiedad intelectual? Pues quitemoslos de en medio.
    Eso es un muy mal síntoma. Y si sumamos tantísimas otras decisiones en relación a Internet, la cosa está todavía peor.
    Cuando uno lleva cierta trayectoria luchando por los creadores, la cultura y la libertad debe posicionarse en contra de los que traicionan esos principios con su voto y dejar de votarles. Aunque las consecuencias sean terribles y “gane” uno peor todavía, como presumiblemente ocurrirá. Bueno, habrá que luchar también contra ellos. No me cabe duda. Mi voto irá a un partido con el que no me haya sentido traicionado. Ese es el voto útil.
    Hay cosas buenas hechas y lo hecho hecho está, pero se debe pagar un precio electoral por lo mal hecho… o no sería una democracia.

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