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No dispare a sus representantes

11 enero, 2011

Ni a nadie más, por supuesto.

Siempre me impresionó aquella famosa frase de Thomas de Quincey en su libro Del asesinato entendido como una de las Bellas Artes en la que decía: «si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no sabe dónde podrá detenerse». Me impresiona todavía más por su inteligencia que por su ironía, que es insuperable. Hay que ser muy inteligente para ver que cuando alguien deja de darte los buenos días es porque antes ha ocurrido algo peor. Lo que sucede es que uno no sabe que está muerto, y se empeña en seguir dándole los buenos días como si fuera Patrick Swayze en la película Ghost tratando de acariciar las manos de Demi Moore mientras ella modela la arcilla. Al final terminas dándote cuenta de que para esa persona estás muerto, y lo estás porque, en su mente o en su corazón, te ha matado.

Ciertamente es preferible, con mucho, la gente que te deja de dar los buenos días porque te ha matado en su pensamiento, que la que deja de dártelos porque te ha matado en el rellano de tu escalera. Salvo por ese detalle, que no es menor, De Quincey acierta plenamente: cuando la gente te insulta o te humilla, es porque antes te ha hecho algo mucho peor, aunque sea solo en su pensamiento; lo que viene después es sencillamente dejarse ir por la pendiente.

Quienes responsabilizan al Tea Party del atentado contra la Congresista Grabielle Giffords hacen el razonamiento inverso al de Thomas de Quincey. En su opinión los polvos de los insultos darían lugar a los lodos del asesinato. Sin embargo lo más probable es que el trágico atentado de Arizona sea el fruto de la mente de un hombre desequilibrado, de ideas absurdas y contradictorias, y no el producto elaborado de ninguna ideología. Que yo sepa, el Tea Party está, entre otras cosas, en contra del sistema de salud que propone el presidente Obama y a favor del derecho a portar armas, y creo que en los dos casos está en un error; pero no está a favor de matar a los contrincantes políticos, y esa es una diferencia cualitativa.

Hay algo, sin embargo, que resulta inquietante en la marea de crispación y de insultos que algunos actores políticos y mediáticos han desatado en los últimos tiempos, da igual que sea en Estados Unidos o en España. Lo que produce inquietud es que hay un método en su locura. Lo preocupante es que no son insultos que nacen casualmente de una discusión acalorada, sino que los debates se excitan y las discusiones se acaloran artificialmente para que, de manera sistemática, surja el insulto. Y si bien es preferible que te insulten a que te maten, eso no convierte el insulto en una norma de convivencia. De Quincey tenía razón.

Publicado en La Opinión de Málaga el 11 de enero de 2011

4 comentarios
  1. 11 enero, 2011 12:52

    Compañero José Andrés, muchas gracias por otro escrito magnífico.

  2. Javier Perez permalink
    11 enero, 2011 18:08

    José Andrés
    El artículo excelente, llevas razón en todos sus extremos; bueno, perdona, se me olvidaba, perdona el tuteo, pero así me es mas fácil dirigirme a ti. Repito excelente, excelente el cuerpo, de Quincey llevaba toda la razón, algo más tardíamente un alemán Martin Miemöller lo finalizó “cuando vinieron a buscarme no había nadie más que pudiera protestar”.
    Donde discrepo en el encabezamiento: “No dispare a sus representantes”, y no porque quiera que se dispare, que no, sino porque creo que no son/sois “nuestros representantes”. Nuestro sistema electoral, por desgracia, ha optado por un sistema de listas cerradas en las que es algo/alguien de otra ciudad, lejano, anónimo, ni siquiera los militantes de la provincia/demarcación, quien/quienes deciden quien va y quien no va.
    El sistema aleja cada vez más al electorado de “sus representantes”.
    Puede que algún día, aquí en España, otro loco -espero no ocurra nunca- emule al de más allá del océano, pero frente al sistema unipersonal de allí -son “sus” representantes, para los éxitos y sus fracasos- aquí nos encontraremos con la indiferencia (“no había nadie”), y esa -junto a la locura- son las peores enemigas de la democracia.
    Por lo demás, bueno lo más importante, excelente.

  3. María permalink
    12 enero, 2011 14:19

    Excelente artículo compañero.

  4. jose maría martínez-cava permalink
    12 enero, 2011 22:41

    El mensaje sibilino de la derecha, hace que de manera inocente, sin querer queriendo,entre en la cabeza de los que no piensan, los que se dejan llevar, y esto referido al cualquier tema, por tanto si el individuo de la matanza de Arizona es un demente, es más fácil de influir, y aunque su acción haya sido a nivel personal hay que reconocer que el mensaje de los políticos si tiene influencia, dejémonos de hipocresías y reconozcamos que lo que decimos si influye en los demás y si es un cargo público más, de eso la derecha es maestra de ahí su interés de dominar la enseñanza. Resumiendo algo tiene que ver lo pasado en Arizona, con el mensaje de los republicanos, pues que casualidad, la acción ha recaido sobre un cargo político demócrata y de paso a otros inocentes.

Los comentarios están cerrados.

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