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No me extraña

30 noviembre, 2010

Al leer este pasado fin de semana el titular de la noticia de unas declaraciones de Javier Arenas en el que decía que es muy difícil ser del PP en Andalucía, pensé: no me extraña. Al fin y al cabo, me dije, el PP es el partido de las élites sociales y económicas. Las mismas élites que durante siglos tuvieron en barbecho las tierras y las personas, el capital físico y el humano de Andalucía. No debió resultarle fácil a personas que eran jóvenes allá por finales de los setenta tomar partido por la opción política formada y liderada por ministros del dictador. Les tuvo que costar oponerse a la Constitución, oponerse a la autonomía para nuestra tierra. Quizá, pensé, sentían y todavía sienten vergüenza por todo ello.

Me bastó leer el cuerpo de la noticia para caer en la cuenta de que no era de eso de lo que se lamentaba el líder del PP andaluz, que de lo que se lamentaba Arenas era de otra cosa. Se lamentaba de que los oportunistas, los que se acercan al poder buscando chollos y prebendas se alejaran de su partido ante la sequía de poder que padece. Es decir, que lo que en otros partidos consideramos una triste desgracia, Arenas lo mira con envidia; que cuando nosotros sospechamos con amargura que se nos ha pegado un oportunista, Arenas dice: «¡ay pillín!, ¡que te nos has escapado¡». La verdad es que no tiene toda la razón, estoy convencido de que, a poco que se fije, Javier Arenas encontrará entre sus concejales y la miríada de asesores de sus alcaldes y alcaldesas algún buscador de chollos que le satisfaga. Incluso es posible que encuentre tantos que llegue a comprender que sus ambiciones son un lastre, no un motor, para un proyecto político democrático. La derecha tiene una visión cínica y descreída de la política, y es precisamente esa visión su principal obstáculo para llegar al poder.

Leyendo las declaraciones de Arenas me vinieron al pensamiento las verdaderas dificultades de dos mujeres socialistas en su lucha por alcanzar la alcaldía de Málaga. Sólo unas horas antes de que Arenas se quejara de las dificultades que tiene el PP para encontrar un número suficiente de oportunistas, alguien decidió impedir que se colgara en una valla publicitaria un cartel de María Gámez, nuestra candidata a la alcaldía de Málaga y próxima alcaldesa. Todavía hay poderes tan poco democráticos y tan determinantes en nuestra tierra como para impedir que se cuelgue la foto de una candidata.

Poderes como los que denunciaron y condenaron hace tres años a Marisa Bustinduy, nuestra anterior secretaria general y candidata a la alcaldía, por haber criticado políticamente al alcalde. La semana pasada los socialistas malagueños nos llevamos la inmensa alegría de que, fuera del aire políticamente enrarecido de nuestra capital, el Tribunal Supremo hiciera justicia al dictar sentencia favorable a la líder socialista y obligara a Francisco de la Torre a pagar las costas del juicio. En la capital de nuestra provincia la oposición no puede hacer una crítica política legítima sin arriesgarse a que la lleven a los tribunales o a que le impidan poner publicidad de su candidatura, eso sí es tenerlo difícil. Un amigo mío, que en su juventud fue maoísta, me dijo una vez: «menos mal que no lo conseguimos». Pues eso le diría a las élites de la derecha andaluza: menos mal que no lo han conseguido.

Publicado en La Opinión de Málaga el 30 de noviembre de 2010

One Comment
  1. Jose María Martínez-Cava permalink
    1 diciembre, 2010 0:13

    Si, si, pero están al acecho y empleando todas las artimañas posibles legales ó no, ya me gustaría como experto que eres nos explicaras que ciudadanos humildes y con pensiones que gracias a este Gobierno ahora son de 600 y antes en 2001 eran de 350 euros, voten a los ansiosos de poder para así tapar la corrupción que les corroe, supongo que será porque como la iglesia utilizan el miedo, pero habrá otras causas que no entiendo, visto lo que han dicho en Cataluña

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