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Psicoanálisis presupuestario

12 octubre, 2010

Esta semana pasada la actividad del Congreso ha girado en torno al examen en Comisión de los Presupuestos Generales del Estado para 2011. Es un trámite interesante, sobre todo porque no sabes de qué vas a terminar debatiendo. El debate presupuestario da lo mismo para una mesurada discusión sobre la política entera de un ministerio que para una apasionada diatriba sobre el excesivo gasto en fotocopias. Así que cuando ves a un colega de la oposición clamar al cielo por los trece mil euros de las fotocopias, en unos presupuestos de ciento cincuenta mil millones de euros, ni te inmutas, está en su derecho. En los presupuestos, un euro es un euro.

En mi caso, además de los presupuestos de Cultura me ha tocado el debate de los presupuestos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Cuando llegué al Congreso en 2004, me dijeron: «Tú que eres sociólogo, al CIS». Y ahí sigo. Viene a ser algo así como en la mili, hay oficios que te caían de manera natural; si eras médico, a la enfermería. En ambos casos, el Ministerio de Cultura y el CIS, los presupuestos para el 2011 han tenido un recorte importante, aunque menor que la media del resto de los ministerios. No se trata de recortes caprichosos, sino tan medidos como necesarios; sin embargo, en los dos casos he notado un cierto descontento en mis compañeros del principal partido de la oposición por el recorte presupuestario. Ellos, que son acérrimos partidarios de reducir el Estado en cualquier circunstancia, remolonean justo cuando no queda otra opción.

Lo más llamativo es que, en el caso de Cultura, por un lado se disgustan por un moderado recorte del presupuesto y por el otro piden la supresión del ministerio. Me recuerdan a aquél que se quitó la vida diciendo: «Para mala salud, ninguna». La derecha pide una cosa y la contraria, y de esa manera contentan a unos y otros; o más que contentar, los enfadan, porque la derecha no pretende contentar a nadie, sino enfadar a todos. Cabría esperar que poco a poco, por debajo del poderoso ruido mediático de los poderes de la derecha, las contradicciones de su discurso político terminaran aflorando, pero en un mundo que cada vez parece más esquizoide, la contradicción no se penaliza.

Sin embargo lo más doloroso no son las contradicciones en los discursos de la derecha, sino las contradicciones entre los discursos de alguna gente que se llama de izquierdas y la realidad. Ayer mismo en un periódico de Madrid un columnista habitual escribía que al presidente además del dinero también se le han agotado «los discursos a favor de los más débiles que los hechos han desmentido» Los hechos dicen que en los Presupuestos para 2011 se dedica
a políticas sociales el 58% del total. El porcentaje de gasto social más alto de nuestra historia. Uno se pregunta si no nos estaremos volviendo un poco locos o si es sólo cuestión de pudor.

Publicado en La Opinión de Málaga el 12 de octubre de 2010

2 comentarios
  1. jose maria martinez-cava permalink
    12 octubre, 2010 18:33

    Te estás superando, este artículo es magnífico y cala, cuanto m e alegro estar en sintonía.Hasta el 24 estaremos en Marbella y me gustaría comer un buen arroz, sé que tu sabes.si apareces por allí podrías llamar. Un abrazo José María

  2. 18 octubre, 2010 21:25

    Lo que resulta necesario es que esta derecha tan extrema, cabree a todos los de la izquierda para que pensemos mucho más lo que supone no ir a votar, pensando que todo da igual, o que todos son lo mismo 🙂

Los comentarios están cerrados.

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