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Ava Gardner y la Hiperronda

1 septiembre, 2010

La política propende a las pasiones intensas, y las pasiones intensas cansan. Suelen cansar antes a los espectadores que a quienes las protagonizan. Naturalmente no me refiero sólo a las pasiones políticas, no hay más que escuchar a algunos aficionados al fútbol, o a algún amigo enamorado para saber lo cansinas que llegan a ser las pasiones. Muchas veces el apasionado nos dice aquello de: «Me estoy poniendo pesado», a lo que uno contesta con la mejor educación del mundo «no, hombre, no». Luego tratas de decir algo para darle a entender que sí se está poniendo pesado, pero da igual, estás perdido, cualquier cosa que digas se volverá en tu contra y deberás seguir escuchando.

Es bueno enfriar las pasiones de vez en cuando. No ha estado mal, por tanto, este breve paréntesis veraniego en la vida parlamentaria; y no sólo para los representantes, sino para sus representados. Sin embargo cuando no sesionamos y paseo por los pasillos desiertos del Congreso de los Diputados o acompaño a algún visitante al Hemiciclo vacío, siento que la democracia es más débil. Quizá por eso, en cuanto empieza la actividad parlamentaria y el Congreso se llena de gente y actividad pienso que las libertades están más seguras, que todos estamos más protegidos de la arbitrariedad de cualquier poder.

Eso fue lo que sentí el lunes de la semana pasada en la reunión de la Diputación Permanente, que es como un pleno reducido formado por un pequeño grupo de diputados de guardia. De nuevo volvíamos a la eterna disputa, y esa disputa inacabable encendía el verbo de sus señorías a la par que las luces de la Sala Constitucional, disparaba tanto los flashes de los fotógrafos como los bolígrafos de los taquígrafos, en un impulso que durará hasta que después de aprobar los Presupuestos Generales nos volvamos a casa por Navidad.

La semana nos deparaba la alegría de la liberación de los dos cooperantes españoles después de su largo secuestro por unos terroristas en el Magreb, y la inmensa tristeza que nos produjo la noticia del asesinato de tres compatriotas por unos terroristas en Afganistán. Con un minuto de silencio en honor a su memoria empezamos la reunión de la Comisión de Fomento del jueves. Después se impuso mi alma de diputado de provincias y atendí expectante a las explicaciones del ministro de Fomento sobre dónde irían a parar los setecientos millones de euros en los que iba a disminuirse el recorte de las inversiones del Ministerio de Fomento. En mitad de su intervención nos repartieron un documento con las 49 obras en toda España que se verían beneficiadas por los setecientos millones, y allí estaban las cuatro de Málaga: el acceso sur al Aeropuerto, la segunda ronda, la ronda este y la travesía de San Pedro. Miguel Ángel Heredia, que estaba justamente feliz, me dijo: esto tenemos que contarlo ahora mismo. Fue entonces cuando me vino a la memoria Ava Gardner. Al fin y al cabo, la política es una pasión.

Publicado en La Opinión de Málaga el 31 de agosto de 2010

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