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Vacaciones baratas y glamour marbellí

24 agosto, 2010

Si hay un momento inenarrable en mi vida de diputado es cuando me llama algún compañero del Congreso, por ejemplo un representante de cualquier provincia de nuestra árida meseta, y le digo que estoy en Torremolinos o Marbella, «recorriendo la circunscripción». Durante unos breves y gloriosos instantes uno nota al otro lado del teléfono esa lucha entre el envidioso desánimo y la lealtad de mi compañero a su provincia, que normalmente acaba en exabrupto divertido y carcajada compartida.

No es una sensación nueva. Llevo más de treinta años pasando buena parte de las vacaciones en Marbella, en casa de los padres de mi mujer. Nada más barato que las vacaciones en casa de los padres. Imagínense si, además, los padres viven en Marbella. Llegar el primer día a la cafetería de profesores de la Facultad de Sociología o ahora a la del Congreso y mencionar la Costa del Sol, es ver cómo vuela la imaginación de los amigos: fiestas nocturnas, yates, piscinas con césped, magníficas tumbonas en la playa, con bronceados camareros o camareras que traen bebidas heladas hasta la mismísima orilla del Mediterráneo.

Diré que esa Costa del Sol existe, diré que unas pocas veces me he asomado a ella en estos últimos años, invitado por algún amigo. Amigos que pueden pagar varios miles de euros por alquilar una casa quince días, o estar en uno de esos maravillosos hoteles que pueblan nuestra costa. Sin embargo, durante muchos años yo sostuve que todo eso no era verdad, que ese mundo no existía. Cuando uno dice Málaga, el que te escucha no puede saber que para ti Málaga es, sobre todo, la barriada de Los Planetas en la Cruz de Humilladero. Construida, como tantas otras en toda España, en el franquismo tardío, para dar alojo a los miles de emigrantes que llegaban de los pueblos a la capital buscando una oportunidad para ellos y para sus hijos. Un lugar en el que algunos bloques están tan cerca de otros que todo el día se está a oscuras, porque en la luminosa Málaga el sol no sale igual para todos. Para muchos el franquismo acabó el día que pudimos votar libremente, para otros hay partes del franquismo que permanecen en pie, quitándonos la luz.

Sin ser tan duro, tampoco el urbanismo de barrios como El Pilar o Miraflores de Marbella está a la altura del nombre de la ciudad. Aquí, como en otros muchos lugares, las vacaciones son «vacaciones sin»: sin piscina, sin césped y sin aire acondicionado. Desde donde escribo puedo contar noventa y seis viviendas, y sólo diez tienen aparato de aire acondicionado; ya ven, cosas de sociólogo. De este mundo no se habla en las crónicas veraniegas, pero también existe.

Sí hablamos sobre estos barrios, y en estos barrios, Pepe Bernal y yo. Pepe es el secretario general del PSOE de Marbella, un hombre de la cantera, al que todos saludan con afecto en la cafetería del barrio. Un profesor de historia que pronto escribirá el futuro de su ciudad, sin olvidar a nadie.

Publicando en La Opinión de Málaga el 24 de agosto de 2010

One Comment
  1. jose maria martinez-cava permalink
    24 agosto, 2010 10:35

    Me agrada saber que es realidad que el represante de los ciudadanos, se pone en contacto con ellos, se preocupa, se entera de la realidad, tengo envidia porque en mi territorio electoral, Madrid-Fuencarral-El Pardo esto no ocurre. Espero que cunda el ejemplo, y los representantes del pueblo sean conocidos por sus votantes. Gracias por el ejem plo. José María. Pero a pesar de esas deficiencias, siempre hay un grupo de “trabajadores” que no descansan ni en verano.

Los comentarios están cerrados.

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