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Crisis y transformación

3 agosto, 2010

La semana pasada dirigí un curso de verano de la Universidad de Málaga (UMA) que se celebró en Vélez Málaga. La UMA cuenta con un magnífico equipo técnico para organizar sus cursos de verano, y yo tuve además la suerte de contar con la colaboración del profesor Francis Paniagua, que fue el secretario del curso, junto con la de un excelente ramillete de conferenciantes procedentes de la academia, del periodismo y de la política. Hoy todavía echo de menos el rito de salir cada mañana desde nuestro hospedaje en Torre del Mar para llegar al salón de plenos del ayuntamiento de Vélez y encontrarnos con los estudiantes, con Clara, la asistente del curso, con Carmen Torres, del gabinete de prensa y con los periodistas que acudían cada mañana a entrevistar a nuestros ponentes.

Le dimos una cuantas vueltas al nombre del seminario hasta que elegimos el mismo que da título a la columna de hoy. He de confesar que en parte nos gustó porque, en su sonido, recordaba al del poema sinfónico de Richard Strauss, «Muerte y transfiguración», pero sobre todo porque nuestra tesis de fondo sobre lo que sigue a la crisis venía a coincidir con la idea de Strauss sobre lo que sigue a la muerte.

Ciertamente nuestra visión es laica, pero también pensamos que la crisis no es el final, sino que la experiencia nos dice que las crisis se superan, y que durante su desarrollo generan cambios que dan lugar a nuevos equilibrios. Es verdad que, a diferencia de lo que ocurre con la obra de Strauss, esos nuevos equilibrios no son el paraíso y no duran la eternidad, pero nos hacen el avío por un tiempo. Muchas de las que fueron buenas soluciones en el pasado son problemas en el presente. Afrontar ese destino es el interminable quehacer de la política. Nada está ganado ni perdido eternamente; ahí están, siempre renovados, el miedo y la esperanza.

Hemos aprendido del pasado que aunque no es posible evitar las crisis de capitalismo sí se debe mitigar su coste en sufrimiento humano. Por eso mientras algunos agitan la decepción, otros cultivamos el ánimo: nunca como en la actual crisis el Estado ha sido capaz de proteger a una proporción tan alta de personas en paro y por tanto tiempo. Le oí decir al Presidente Zapatero que, durante un tiempo y por desgracia, la opción real no sería entre tener un subsidio de desempleo y tener un trabajo, sino entre tener un subsidio de desempleo y no tener nada. Pues, por rápidas que sean las transformaciones, durante un tiempo la solidaridad será la única solución. Quizá esta crisis nos deje la lección de que la solidaridad es una forma de justicia.

Al final de cada jornada volvíamos a Torre del Mar, y allí veíamos salir la luna mientras disfrutábamos de la amistad, las ideas y los espetos de sardinas, como si fuéramos griegos; sí, griegos, mal que les pese a los mercados.

Publicado en La Opinión de Málaga el 3 de agosto de 2010

One Comment
  1. ismael permalink
    7 agosto, 2010 14:26

    la verdad que este tema da para mucho ,y que zapatero hace lo que puede tambien y aun asi lo han “machacao” y aqui en valencia hasta la gente le hecha la culpa de la crisis a zapatero y pasa por alto el caso gurtel y todo el “mamoneo” que por aqui se mueve
    y aunque esta crisis no la ha provocado la gente si que ha habido una parte que han ido de nuevos ricos cuando sus posibilidades no eran reales
    quizas despues de esta crisis maduremos todos un poco mas ,aunque los bancos y las economias etc, etc ,esos van por otro lado

Los comentarios están cerrados.

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