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Esfuerzos y sacrificios

18 mayo, 2010

Se alegraba el pasado viernes el editorialista de un importante grupo mediático de que por fin el presidente Zapatero se hubiera atrevido a tomar “medidas abiertamente impopulares en aras del bien común”. No cabe duda de que quien escribía el editorial simpatizaba más con la teoría elitista de la democracia que con Zapatero. Uno se pregunta: si las medidas son en aras del bien común, ¿por qué habrían de resultar impopulares? Si, por lo que hemos leído y escuchado en los últimos meses, las políticas de ajuste duro son tan populares entre las élites políticas y mediáticas, por qué no habrían de serlo entre los ciudadanos del común. Es que acaso esas élites son más conscientes o están hechas de mejor pasta cívica que los demás.

A lo largo de los últimos diez años he escuchado a miembros de la élite madrileña reprochar a Zapatero su confianza ingenua en los ciudadanos. Precisamente porque tiene esa confianza nunca ha dejado de tomar una decisión conveniente para el país por temor a quienes lo han elegido. El pasado miércoles doce vi pesar en los ojos del presidente, pero no vi temor.

Ahora hay quienes dicen que las últimas decisiones tendrán severos costes electorales para Zapatero y los socialistas. Si fuera así, si de verdad creyeran que la decisión de no subir las pensiones contributivas el próximo año tendrá costes electorales, sus adversarios no se esforzarían en mentir a la gente diciendo que lo que va a hacer es bajarlas. La mejor prueba de que hasta los adversarios de Zapatero ven las medidas adecuadas para la coyuntura económica y aceptables por la ciudadanía es que, en lugar de contestarlas, las ocultan con sus mentiras.

Puestos a ahorrar, podríamos hacerlo en exageraciones. Desde el miércoles doce, los que hasta el martes once parecían fríos cirujanos de hierro no han parado de chillar histéricamente ante los sacrificios, dicen, que se nos piden. Viendo la insistencia con la que exigían el recorte del gasto social nunca hubiéramos imaginado que le tuvieran tanto apego. Pero no son sacrificios lo que se nos piden, sacrificio es el que hace una mujer latinoamericana que emigra a España, dejando a sus hijos pequeños en su país sin poder verlos durante años. Ese es el precio que pagan por la salud y la educación de sus hijos. Nosotros, que también conocimos esos sacrificios, sabemos que para alguien que gana 1.200 euros al mes dejar de ganar 35, o dejar de ganar 200 euros para quien gana 3.000, es sólo un esfuerzo. No es mucho pedir si con ello sostenemos un país en el que gracias al esfuerzo de todos nadie tenga que sacrificarse.

Publicado en La Opinión de Málaga el 18 de mayo de 2010

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